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La ciencia respira al aire libre

Actualizado el 13 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Algunas personas no son vacías solo porque están llenas de defectos. Donde estén, su presencia deja un gran vacío y son un cero a la izquierda de un cero a la izquierda. Ahora bien, el dominio de los números no está al alcance de cualquiera.

En su libro Historia y filosofía de la ciencia (cap. II), Lewis Hull afirma que Aristóteles fue un incompetente en matemáticas, y que por esto fue anticientífico en astronomía y en física. Así, el Estagirita nunca nos inventó el cero y pensaba que el Sol giraba alrededor de la Tierra, aunque hace tanto tiempo que pasaron los antiguos griegos, que puede haber ocurrido cualquier cosa allá, en los altos del Cosmos.

Sofía Kovalévsky en 1880.
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Sofía Kovalévsky en 1880. (Wikicommons.)
Un caso parecido es el del químico y escritor Isaac Asímov (1920-1992). Él fue vicepresidente de Mensa International, la asociación que reúne a personas de un altísimo “coeficiente de inteligencia” (concepto que hacía reír al propio Asímov). En su libro El secreto del universo (cap. XVII), Isaac Asímov reveló su ineptitud para la informática, de modo que hoy se habría caído por la brecha digital. “No tengo intuición para las matemáticas”, confesó.

Se cree que la aptitud matemática revela una buena facultad para el pensamiento abstracto, aunque habría que preguntarse cuál actividad mental no es abstracta.

Componer un reloj exige un pensamiento abstracto que vincule las partes de un todo de la manera A (acertada) cuando la realidad le presenta la manera B (errónea).

Claro está, para extraer una raíz cuadrada debe aplicarse tanta abstracción mental como para meditar sobre “la razón suficiente” y “el-ser-para-el-mundo”, aunque siempre con resultados más útiles.

La “falta de pensamiento abstracto” ha sido un pretexto ideal para descalificar a pueblos y “razas” y al sexo femenino. Cuando un tonto acusa a un pueblo o a un sexo de no ser inteligente, es obvio que la falta de inteligencia está del otro lado.

Habría sido curiosa una conversación entre el antiguo maya (o la maya) y el antiguo indio (o la india) que inventaron el cero:

–Oiga: ¿qué les pasa a los futuros europeos, que ignoran las matemáticas?

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–No sé, oiga; habría que preguntarles a Euler, Poincaré y Russell.

La ineptitud no está en la gente, sino en la adversidad de las circunstancias materiales y políticas.

Los indígenas americanos sí conocieron la rueda ( vide los tornos de alfarería), pero no la usaron para viajar ni arar pues carecieron de caballos y de animales de tiro. Así lo explica el antropólogo Marvin Harris en su libro Nuestra especie.

En su cuento Demasiada felicidad, Alice Munro –Nobel de Literatura– narra la historia de Sofía Kovalévsky, genial matemática asfixiada por los rechazos sexistas del siglo XIX; y no es la única que desmiente la inabstracción femenina.

La rosa de la ciencia solamente florece al aire libre. La falta de caballos asfixia la creatividad tanto como la presencia de tiranos.

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