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La Bienal Centroamericana estará abierta hasta el 30 de setiembre

Entre calor y cervezas, la Bienal Centroamericana abrió en Limón

Actualizado el 01 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Por primera vez el evento regional que reune arte de distintas fronteras dio inició en Limón, con el fin de descentralizar la cultura

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La X Bienal Centroamericana finalizó en Limón en la galería Paisaje Limón. Rafael Pacheco.

Limón suda con frecuencia; abre los poros y los brazos para recibir a quien quiera conocer más sobre su cultura, una que todavía es tan ajena para muchos costarricenses.

Durante la mañana del martes 30, se inauguró, en el antiguo edificio de la United Fruit Company, en Limón centro, la X Bienal Centroamericana , un evento que ofrece 77 proyectos entre performances , intervenciones en espacio público y exposiciones en San José y Limón.

El edificio que una vez fue un restaurante y ahora hospeda oficinas y a una española que imparte clases de yoga, se convirtió en el punto de reunión para los artistas y los limonenses.

Al entrar, lo primero que exigía la atención era el ruido de una aguja perforando piel.

El artista Javier Calvo (1981), sentado con el cuerpo inmóvil para favorecer la rigurosidad del trabajo del tatuador, llevaba a cabo su performance llamado Nuevo Mundo, en el cual se inscribe cuentas con tinta blanca en la cabeza.

“Hace alusión al descubrimiento de América, por eso la referencia de la cabeza con lo esférico. También soy de apellido Calvo entonces creé una relación con el apellido y la calvicie. Trabajé con el mito de que los españoles trajeron la calvicie a América. Me interesaba hacer un vínculo entre un relato histórico con la colonia con un relato individual –al menos con el mío–”, explicó Calvo.

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Para llevar a cabo Nuevo Mundo , Calvo encontró un tatuador alemán, cuyo padre era dueño de bananeras en Limón.

Javier Calvo durante su performance  Nuevo Mundo.   Rafael Pacheco.
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Javier Calvo durante su performance Nuevo Mundo. Rafael Pacheco.

En las paredes del antiguo edificio colgaban obras de Proyecto Monstruo (2016), compuesto por piezas de ilustradores y artistas de Panamá.

El concepto de Proyecto Monstruo es desarrollar a través del cómic críticas sobre algunos de los problemas sociales y culturales de El Salvador, como la pobreza extrema, la constante presencia de la muerte y la violencia, la falta de educación y tolerancia, entre otras.

“Lo que más me gusta es que todo esto que veo acá son problemáticas que también compartimos en Costa Rica. Puedo decir que me siento identificada”, explicó Susana Johnston, residente de Limón.

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Afuera y muy cerca del edificio se encuentra el Parque Vargas, el cual, con la luz adecuada, el malecón detrás y las graderías llenas de somnolientos, se convierte en un escenario mágico, el artista Federico Herrero aprovechó para intervenir.

El mural de Federico Herrero se encuentra en el Parque Vargas. Rafael Pacheco.
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El mural de Federico Herrero se encuentra en el Parque Vargas. Rafael Pacheco.

Con la ayuda de alumnos de la Universidad de Costa Rica de la sede del Caribe, Endel Maitland y Dinisha Wilson, creó un mural en un extremo del parque, que apenas se secó fue disfrutado por los niños. Los pequeños subieron con bicicletas y pies inquietos para dejar huellas.

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Dentro del edificio, las actividades continuaban con otro performance de Claudio Valverde (1963), que consistió en danzar y gatear alrededor de las piezas exhibidas y en medio del público. “Quisimos trabajar con una figura central (de la exposición), que es el banano”, explicó Valverde. Así, se desplazaron por el espacio con bananos inflables en los brazos.

“La bienal es una sorpresa porque es la primera vez que se hace en Limón. Uno teme que no vuelva a pasar porque estos son espacios abiertos donde se puede venir a desarrollar la creatividad”, añadió.

Pasito tun tun. Por mientras, la gente continuaba rotando entre el espacio, esperando que llegaran las 4 p. m.

A esa hora, en la galería Pasaje Cristal, cerca del edificio, continuarían las actividades con el proyecto Horizonte Rocola de Islas Resonantes.

La invitación prometía música, baile, hielo, birra y ganas de compartir.

Artistas y no artistas se unieron por el poder de “goma loca” del sudor, y el deseo de conversar sobre arte.

Dentro de la galería se encontraba el proyecto de la artista panameña Ela Spalding, Songs for Colón/Songs for Limón , una rocola con calipsos del ayer y de hoy.

La tarde oscureció al ritmo del pasito tun tun , el olor a sopa de marisco y a cerveza tibia, todos elementos vitales dentro de la Bienal, un evento que logró con éxito convocar a Centroamérica a Limón para apreciar de cerca el arte de la región.

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