Entretenimiento

El buen futbol nos enseña emergencia

Actualizado el 15 de junio de 2014 a las 12:00 am

Entretenimiento

El buen futbol nos enseña emergencia

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El peor negocio del mundo es alimentar preguntas ociosas, y lo padecen –obviamente– quienes hacen las preguntas ociosas. Pasa el tiempo; pasa otra vez; las preguntas ociosas crecen, se alargan, se tornan arduos tochos de filosofía popmoderna y siguen viviendo en la casa de sus padres pasados los 60 años (ellas, no los padres).

Por supuesto, a las preguntas ociosas no les faltan alegatos de defensa pues, como son ociosas, se pasan todo el día ideando qué no hacer más tarde; y así piensan en por qué las acusan si no son las únicas ya que también hay gente que alimenta dudas. “No alimentes más dudas”, nos dice un buen amigo; pero nosotros nunca seguimos los buenos consejos: claro, son buenos, pero también son impuntuales porque llegan tarde. Para llegar a tiempo, los buenos consejos deberían venir por el buen camino pues en el buen camino no hay nadie.

Los viveros más asfixiantes de las preguntas ociosas son las siete horas posconferencia; es decir, las horas de dimensiones bíblicas que suceden a una charla. Tras esta, el inexperto conferencista comete el error histórico de preguntar si hay preguntas, y las hay hasta para regalar ante el horror de los ingenuos que vamos a las conferencias para aprender. Así pues, en el superlapso posconferencia, el tiempo no pasa: se queda a vivir; id est, las horas se cuentan con calendarios.

Empero, también hay compensaciones pues, cuando retornamos a casa después de una conferencia, tenemos la satisfacción de comprobar que nuestro hijo, el niño de dos años al que dejamos acostado, se ha convertido en un hombre de bien.

Las preguntas ociosas empezaron hace 4.000 años, más o menos, cuando los sacerdotes babilonios inventaron el zodiaco, condominio celestial de doce casas.

Así, los sacerdotes se volvieron astrólogos considerando el firmamento (‘considerar’ significa “ver los sidera, las estrellas”) e inventaron la adivinación por los astros.

Alguna gente de poca fe desprestigia a la astrología solo porque es falsa, pero esta nunca falla cuando el horóscopo nos confirma: “Usted es una persona muy crédula”.

Si uno habla mucho del horóscopo, termina un poco asirio; empero, anotemos que uno de los signos del zodiaco es Géminis (los gemelos). Los gemelos-dioses son frecuentes en las viejas culturas, como la india y la azteca (Jean-Charles Pichon: El hombre y los dioses, III, 2). Suelen ser diferentes y hasta enemigos.

En Los once de la tribu (p. 135), el mexicano Juan Villoro cita dúos de futbolistas que se entienden temiblemente: Géminis sobre el bajo firmamento de una gramilla, “individualistas que, lejos de neutralizarse, se fortalecen”. Esta suma de 1 + 1 = 3 es la emergencia, propiedad que surge de un sistema, no de sus partes (Mario Bunge le ha dedicado todo un libro: Emergencia y convergencia). Dos, tres, once futbolistas que se entienden, son una alegre lección de filosofía de la ciencia.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

El buen futbol nos enseña emergencia

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota