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El artista chino Ai Weiwei recrea sus días en prisión

Actualizado el 07 de julio de 2013 a las 12:00 am

En Venecia. El artista denuncia su detención mediante el so de maquetas.

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Edward Wong

El artista  se negó a explicar a los medios el método de transporte utilizado para llevar los seis dioramas de la China a Venecia.
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El artista se negó a explicar a los medios el método de transporte utilizado para llevar los seis dioramas de la China a Venecia.

P ekín . Durante año y medio, el artista Ai Weiwei y un amigo escultor supervisaron a un equipo de 20 a 30 personas que, en secreto, trabajaban en la capital china en uno de sus proyectos más políticos y personales. Su tarea era reconstruir escenas de la detención ilegal que Ai sufrió en el 2011. Entonces lo retuvieron durante 81 días en una prisión secreta, vigilada por una unidad paramilitar.

  A pesar  de que los dioramas se exhiben en una iglesia del distrito Castello en Venecia, la exposición no es oficialmente parte de la Bienal de Venecia.
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A pesar de que los dioramas se exhiben en una iglesia del distrito Castello en Venecia, la exposición no es oficialmente parte de la Bienal de Venecia.

Los dioramas se llevaron discretamente de China a Venecia –Ai declinó decir exactamente cómo–, donde se exhiben al público en una iglesia en el distrito Castello. La iglesia se utiliza como galería de arte en paralelo con la Bienal de Venecia, aunque oficialmente no es parte de ella.

Cada diorama está encerrado en una caja de hierro de dos toneladas y media. Hay esculturas de Ai durmiendo, comiendo, bañándose, bajo interrogatorio y sentado en el retrete, todo bajo la vigilancia de dos jóvenes guardias en uniformes verdes.

Ai, de 56 años, dijo que los detalles se recrearon meticulosamente de memoria, hasta las chanclas azules y el material acolchado blanco, pegado a la pared del cuarto.

Junto con un video musical lleno de obscenidades, publicado en la red a finales de mayo, los dioramas son las primeras piezas de Ai que abordan la detención, el periodo más difícil de su vida, según contó.

Durante una entrevista, en una mañana reciente en su estudio y casa en el norte de Pekín, Ai explicó en que su objetivo es simple: “Darle a la gente una comprensión clara de las condiciones”. Un asistente utilizó una iPad para mostrar, a los visitantes, fotografías de los dioramas, mientras un gato rasurado, de aspecto desolado, andaba silenciosamente.

Figura polarizante. En Venecia, otro espacio, llamado Zuecca, exhibe una obra de Ai, alusiva al terremoto en Sichuan de 2008. También ofrece una pieza más conceptual en Venecia, en la que hay 800 banquitos de madera: es un intento, dijo Ai, por construir una “estructura vívida que parece monstruo”, que es “totalmente disfuncional”. Esta obra es parte de una exposición grupal que reunió el curador del Pabellón Alemán en la Bienal, pero se montó en el Pabellón Francés como un gesto que simboliza los vínculos entre Alemania y Francia.

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Las obras de arte de Ai se presentan por primera vez en la Bienal desde su primera aparición allí en 1999.

“China sigue en guerra constante, destruyendo la naturaleza del individuo, incluidos imaginación, curiosidad, motivaciones y sueños de las personas”, expresó Ai. “Las mejores mentes de este Estado se han desperdiciado por el elevado control ideológico, el cual es falso. Hasta las personas que tratan de usarlo como herramienta para conservar el poder o la estabilidad saben que se trata de una situación totalmente falsa”, añadió.

Las fuertes críticas de Ai contra el Partido Comunista lo han hecho una figura polarizante en el mundo del arte chino. Muchos artistas se oponen discretamente la atención que ha recibido Ai de Occidente, así como sus denuncias ocasionales de otros chinos, incluidos quienes fueron sus amigos, pero que no están dispuestos a tomar la misma posición intransigente contra el Partido Comunista.

La recepción crítica de su arte reciente varía en Occidente: se elogió mucho una exposición del 2010 de semillas de girasol en el Tate Modern de Londres, mientras que las reseñas sobre una retrospectiva en el Museo Hirshhorn en Washington fueron mixtas.

“¿Puede el arte político seguir siendo buen arte?”, expresó Ai. “Preguntas como esta han rondado por demasiado tiempo. La gente no está acostumbrada a relacionar el arte con la lucha cotidiana, sino más bien con el uso de una estética elevada, o la llamada ‘estética elevada’, para tratar de separar o purificar las emociones humanas en el mundo real”, añadió.

  Ai Weiwei  fuedetenido por sus fuertes críticas al Partido Comunista de la China. Otros artistas de su país cuestionan la atención que ha recibido en occidente.
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Ai Weiwei fuedetenido por sus fuertes críticas al Partido Comunista de la China. Otros artistas de su país cuestionan la atención que ha recibido en occidente.

Expediente personal. Los seis dioramas de la prisión, titulados S.A.C.R.E.D ., son más personales. Desde su liberación hace dos años, Ai se ha obsesionado por los detalles de su detención y por las experiencias terribles de varios amigos suyos procesados al mismo tiempo.

A finales de 2011, Ai Weiwei concedió varias entrevistas largas a The New York Times en las que describió las condiciones de su detención y sus actividades cotidianas. Los detalles de los dioramas concuerdan con sus relatos anteriores, hasta el color del papel tapiz.

“Estoy seguro de que será una pieza poderosa”, dijo Karen Smith, una historiadora del arte y curadora independiente, quien ha visto fotografías del proyecto.

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“A pesar del hecho de que todas las apariencias externas de Weiwei parecen sostenerse bien y de que él sigue enfocado en el periodo desde que lo detuvieron, esta obra sugiere la necesidad de confrontar los ‘demonios’ que, de seguro, semejante experiencia representa para él”, manifestó Smith.

Agregó: “Aunque esta obra parecerá una acusación muy pública contra el sistema, sin duda que el aspecto personal de la pieza será el elemento que le dé peso”.

Funcionarios chinos todavía tienen el pasaporte de Ai, y la policía lo sigue en ocasiones hasta lugares insólitos (un centro vacacional para esquiar, por ejemplo), pero Ai goza de más libertad que la que tuvo en el primer año de su liberación.

La reducción en la vigilancia se demuestra con el hecho de que pudo trabajar en secreto en los dioramas y el video musical, el cual filmó el renombrado cineasta Christopher Doyle en un modelo de tamaño natural de la celda de Ai.

Ai dijo que ya casi termina de explotar su detención para su arte, pero está por venir otro proyecto más:

“Escribo un libro. Ya tengo terminado ochenta por ciento. Tengo esta responsabilidad terrible: debo registrar cada estúpido detalle, y es tan árido y tan aburrido, y para mí es terrible. Por esto, tratar de terminarlo me ha llevado dos años. Cada vez que me sentaba era una lucha: ‘¿Por qué debo escribir esto?’; pero debo hacerlo. Es sólo una obligación”, concluye el artista.

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