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Más allá de Lincoln

Memorias distintas El mítico presidente aún es objeto de controversias entre historiadores

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En 1971, el historiador Robert M. Spector publicó un ensayo en la American Journal of Legal History en el que encontró una oposición de nombres que enfrentaban a presidentes contra jueces de la Suprema Corte cada vez que la Constitución se había interpretado en momentos difíciles para los Estados Unidos. La lista opone a Hamilton contra Jefferson, a Jackson contra Biddle, a Wilson contra Lodge, a Nixon contra Fulbright, y a Lincoln contra Taney.

El juez Roger B. Taney había atraído la atención en 1857 cuando leyó su decisión sobre el caso Scott contra Sandford . Taney negó la libertad que Dred Scott, un esclavo sureño, alegaba haber ganado mientras estuvo en territorios del norte de los Estados Unidos, donde la esclavitud había sido abolida (véase mi artículo en Áncora del 20 de julio del 2008).wvw.nacion.com/ancora/2008/julio/20/ancora1621803.html

Las bases de la oposición entre Abraham Lincoln y Taney fueron de tres tipos: la esclavitud, la secesión y la autoridad del presidente Lincoln durante la Guerra de Secesión (1861-1865).

Durante los debates librados entre Lincoln y Douglas por la Presidencia, Lincoln denunció la decisión de Taney sobre el caso Dred Scott, mientras que, en su discurso inaugural de 1861, insistió en que el sur no tenía derecho legal para separarse de los Estados Unidos.

Cuando algunos estados del sur optaron por la secesión, Lincoln interpretó que sus poderes constitucionales como comandante en jefe le permitían hacer la guerra a los separatistas.

Taney contrarió a Lincoln en ambas decisiones alegando que “la Constitución no le confería poder al gobierno federal de ejercer coerción sobre los estados para obligarlos a permanecer adheridos a la Unión”. También acusó a Lincoln de asumir poderes dictatoriales, que violaban la Constitución.

Rehabilitación. La oposición entre Lincoln y Taney, y el derrotero de la Historia, han marcado sus memorias. Como apuntó Spector, Lincoln es una leyenda que se sienta en mármol en Washington, “mientras que su casa en Springfield (Illinois) es un santuario nacional”.

En cambio, para cuando Spector escribió esas líneas, la casa de Roger B. Taney en Frederick (Maryland), donde el juez había practicado leyes antes de ir a Baltimore, se había cerrado por falta de fondos para su mantenimiento.

Sin embargo, la mala fama de Taney experimentó cambios importantes durante el siglo XX entre los especialistas de la historia legal. En un ensayo publicado en 1899 en The American Law Register , Walter George Smith recordó a Taney como un “hombre venerable” cuyo error de 1857 no reflejaba sus verdaderas actitudes personales.

Según Smith, Taney, “aunque nació en una familia de esclavistas ['], fue tan hostil al sistema que manumitió a todos sus esclavos y se preocupó por su bienestar. Sus habilidades profesionales fueron gratuitamente utilizadas para la defensa de la causa de sus esclavos”.

Don Fehrenbacher encontró un incremento en la rehabilitación de la imagen de Taney entre los juristas de las primeras décadas del siglo XX. Esto coincidió con la aparición de una nueva generación de historiadores de la Guerra de Secesión, entrenados profesionalmente y más distantes de ese conflicto, cuyo análisis balanceó la discusión histórica que anteriormente había sido dominada por escritores que favorecían al norte.

Durante la década de 1930, en un momento de crisis constitucional producido por la repetida invalidación judicial de las leyes del New Deal del presidente Franklin Roosevelt, la imagen del juez Taney fue atractiva para quienes apoyaban la posición de la Suprema Corte.

En unas conferencias dadas en 1936, un profesor de leyes de Harvard, Felix Frankfurter, recuperó la figura de Taney diciendo que, en la historia constitucional de los Estados Unidos, el juez había sido solo superado por John Marshall (1755-1835), quien presidió la Corte Suprema desde 1801 hasta su muerte y es recordado como un pilar del derecho constitucional de su país.

El nombre de Taney apareció en el puesto número 12 en los resultados de una encuesta hecha por el American Bar Association Journal (revista del colegio de abogados) y aplicada a 65 profesores de leyes, ciencias políticas e historia que evaluaron a todos los miembros de la Suprema Corte desde 1789.

Lincoln reevaluado. La memoria de Taney pudo crecer, pero siguió ligada a su decisión sobre el caso Dred Scott. Spector lo apuntó bien:

“A pesar de los intentos de biógrafos e historiadores de presentar las ideas de Taney, para la memoria popular él seguirá siendo juzgado por su decisión sobre el caso Dred Scott, mientras que Lincoln será recordado como el Gran Emancipador”. Son así dos figuras atadas por el asunto legal sobre la emancipación de los esclavos.

A su vez, en su libro Lincoln and Chief Justice Taney (2006), James F. Simon apunta la oposición: “Si Lincoln hubiera muerto antes de que Taney escribiera su decisión sobre Dred Scott, su lugar en la historia estadounidense ['] sería radicalmente diferente. Sin Dred Scott, Lincoln podría haber sido recordado después de su muerte como un buen hombre, un fino abogado y un político ilustrado”.

Simon quizás exagere. Lincoln es uno de los pilares de la historia estadounidense. Además, la impresionante biografía de Doris Kearns Goodwin, Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln , ganadora del Pulitzer, muestra con detalle que Lincoln tiene bien ganada su fama.

Sin embargo, también hay evaluaciones críticas de Lincoln, y una de las más duras es la que escribió Mark A. Graber en su libro Dred Scott and the Problem of Constitutional Evil. Aparecido en el 2006, el libro de Graber advierte:

“Antes de comenzar las celebraciones rituales de Lincoln ['], los estadounidenses deberían recordar que el compromiso republicano con el republicanismo se evaporó casi inmediatamente después del primer discurso inaugural. Los principios mayoritarios en los que Lincoln insistió, fueron apropiados para resolver las controversias constitucionales sobre la esclavitud, pero no fueron considerados apropiadamente para resolver las controversias constitucionales sobre la secesión y la guerra civil [']. El único cambio que la guerra civil garantizó fue que murieran muchos jóvenes que apenas tenían una responsabilidad periférica sobre la esclavitud”.

Graber añadió: “Lincoln constantemente malinterpretó las dinámicas de las políticas constitucionales de la época anterior a la guerra civil. Incorrectamente, sostuvo que los territorios donde la esclavitud era permitida serían inevitablemente habitados por ciudadanos de estados esclavistas.

”Incorrectamente insistió en que los estados esclavistas no se separarían si un republicano era electo presidente. Habiendo asegurado a los norteños que los votos por candidatos antiesclavistas no quebrantarían la unidad nacional, Lincoln incorrectamente reclamó un mandato electoral para revertir el resultado sobre Dred Scott sin importar las consecuencias políticas”.

Graber finalizó: “Más significativamente, Lincoln malinterpretó los principios fundamentales del orden constitucional en el periodo anterior a la guerra. Incorrectamente aseguró que los responsables de la Constitución de 1787 habían puesto la esclavitud en ‘el curso de la extinción definitiva’ [...]. Incorrectamente aseguró que una victoria republicana en 1860 restauraría el statu quo constitucional. Al tomar el poder, Lincoln erróneamente insistió en que el mantenimiento de la unión nacional justificaba la guerra civil”.

¿Qué impacto han tenido esas ideas sobre la memoria popular de Lincoln? Quizás ninguno. Independientemente de las discusiones académicas, parece que la infame decisión de Taney, su conexión con la explosión de la guerra civil y el culto a Lincoln son imágenes muy poderosas como para ser levemente alteradas.

El autor es el director del Posgrado en Historia de la UCR

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