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Crítica literaria

Vidas cortas y malévolas

Actualizado el 01 de junio de 2012 a las 12:00 am

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Crítico literario“El poder reside donde los hombres creen que reside”, le dice Varys, el eunuco y consejero del trono, a Tyrion Lannister, el enano que detenta los poderes ejecutivos de la corona y es el personaje clave de esta novela. Esa maquiavélica visión de mundo, que entiende la política como una pugna por el poder para dominar a otros, es lo que diferencia a Choque de reyes, el segundo tomo de la saga Canción de hielo y fuego, del estadounidense George R. R. Martin, de muchas otras épicas de fantasía y sus típicas luchas maniqueas entre el bien y el mal.

Misticismo. Ese enfoque original le facilita a Martin el desarrollo de diálogos en tono heroico que permiten una profusión de sentencias como la citada arriba y que generan intrigas constantes y giros sorprendentes de la trama que hacen de esta obra una lectura hipnotizante. La tensión central entre las casas de Stark y Lannister está inspirada en la guerra de las Rosas, en la que las casas inglesas de York y Lancaster se disputaban la sucesión de la corona, y que fue narrada extensamente por Shakespeare en uno de los ciclos de su obra.

En este libro en particular la magia es apenas una excusa para hacer avanzar la trama.

Lo extraordinario, a excepción de los dragones, casi siempre se mantiene en el reino de lo inexplicable, místico o simbólico, más que de lo fantástico.

Por otra parte, Martin incurre en varios de los hábitos más conocidos de la fantasía épica, uno de los cuales es un frenesí genealógico que lo lleva a darles nombre a cientos de personajes, explorar sus linajes, nombrar sus casas, describir sus estandartes y blasones, bautizar sus armaduras, espadas, barcos, castillos, etc.

También se entretiene en el embellecimiento de las descripciones de eventos marciales, una fascinación que va de la mano con el tono viril que permea toda la obra.

En Choque de reyes las relaciones entre hombres y mujeres giran alrededor del sexo o el poder, y recuerdan el aforismo cínico de Wilde: “Todo en el mundo es sobre sexo excepto el sexo. El sexo es sobre el poder.”

Choque de reyes se parece más a las novelas históricas sobre la Edad Media que a la típica novela de fantasía. En vez del tipo de amor romántico que se podría esperar de una novela caballeresca, hay incesto y prostitución.

El honor cede ante el pragmatismo. Abundan los envenenamientos, los asesinatos políticos, los matrimonios o adulterios estratégicamente planeados, la traición, el oportunismo. Estos elementos han demostrado ser indispensables para historias que han logrado gran éxito en la televisión, como sucedió, por ejemplo, con los Tudor o los Borgia.

La adaptación que se hizo de Choque de reyes para la televisión es extremadamente fiel al libro. Ambos utilizan la misma técnica narrativa, alternando los puntos de vista de varios personajes principales, produciendo una inmediata y total inmersión en la historia. Muchos de los diálogos se reproducen con exactitud.

En la novela, sin embargo, el autor Martin tiene espacio para penetrar, a pesar de su énfasis en lo dramático, en los procesos mentales de sus personajes, un lujo que la adaptación televisiva debe necesariamente pasar por alto y que se echa de menos.

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