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‘Viaje’, una cinta hermosa y delicada

Actualizado el 29 de marzo de 2015 a las 12:00 am

La directora costarricense Paz Fábrega logra una gran creación.

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‘Viaje’, una cinta hermosa y delicada

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María Lourdes Cortés  direccion@cinergia.org

Chica conoce chico, se besan, viajan un fin de semana a la naturaleza, él se queda y ella se marcha. Fin de la función. El viaje ha sido un tema recurrente en el cine nacional desde nuestro primer largometraje, El retorno (A. F. Bertoni, 1930) hasta Maikol Yordan de viaje perdido (Miguel Gómez, 2014).

Los viajes han estado presentes en múltiples filmes, sobre todo el viaje del campo a la ciudad, motivo constante no solo en el cine, sino también en buena parte de nuestra literatura de la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, en cincuenta largometrajes realizados en el país, desde 1930 hasta hoy, Viaje es la primera historia de amor: sencillamente eso, una historia de “chica conoce chico”, del azaroso encuentro entre Luciana y Pedro.

La cinta  se exhibe en cines de  Plaza Lincoln y Mall San Pedro, en San José. La programación se lee en la página "Viaje la película" en Facebook.
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La cinta se exhibe en cines de Plaza Lincoln y Mall San Pedro, en San José. La programación se lee en la página "Viaje la película" en Facebook.

El viaje que nos presenta Paz Fábrega no es el trayecto de un espacio a otro. Si bien los protagonistas van al Rincón de la Vieja, y –más importante aún– Luciana tiene pendiente un viaje que es el punto de giro en la estructura de la historia, lo significativo en el filme es la exploración íntima y la transformación que vive cada uno de los personajes. Fábrega nos lo relata de manera fresca, sencilla y poética.

“¿Cómo era que te llamabas?”. Las primeras imágenes son las de un grupo de jóvenes que bailan. La mayoría se oculta bajo máscaras. El baile es ligereza, y los disfraces nos ofrecen la visión de una comunidad anónima, compartiendo un espacio/tiempo.

Kattia González  y Fernando Bolaños encarnan a Luciana y a Pedro, dos jóvenes que se encuentran sin pensar en el mañana.
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Kattia González y Fernando Bolaños encarnan a Luciana y a Pedro, dos jóvenes que se encuentran sin pensar en el mañana.

En otros momentos, el baile es una de las formas privilegiadas de la seducción amorosa, pero en este caso no hay interacción entre los personajes. En el mundo de hoy, la seducción tiene otros códigos.

El cortejo se produce en forma de juego, y el filme de Fábrega lo pone en escena.

Pedro besa a una chica linda que baja una escalera, ella se resiste, pero luego lo busca y lo seduce. Hoy es ella quien toma la iniciativa, y no como exige el concepto de amor tradicional, en el que la mujer debe mantenerse pasiva a la espera de su príncipe azul, amarlo hasta que la muerte los separe y, mientras tanto, lavar, planchar, cocinar y dedicarse a los güilas.

El príncipe de los cuentos también aparece en el filme en forma de taxista y llamando a la cordura; pero, en ese momento, Luciana solo puede vomitar a ese futuro de amor eterno.

“¿Cómo era que te llamabas?”, repite Luciana a Pedro a la vez que le dice “Vamos”, y este “vamos” es claro para el espectador...: a hacer el amor, a tener sexo, a seguir la fiesta.

En palabras del filósofo polaco Zygmunt Bauman , Pedro y Luciana, jóvenes libres y modernos, viven un “amor líquido” ya que “desconfían todo el tiempo de ‘estar relacionados’, y particularmente de estar relacionados ‘para siempre’ –por no hablar de ‘eternamente’–, porque temen que ese estado pueda convertirse en una carga y ocasionar tensiones que no se sienten capaces ni deseos de soportar, y que pueden limitar severamente la libertad que necesitan”.

Al salir del anonimato, empieza su juego personal y su declaración de principios. Bailan y ríen mientras esperan un taxi, y posteriormente definen las relaciones comprometidas como de miedo a la domesticidad, a priorizar hijos y pañales, a convertirse en adultos. Ellos son la libertad misma.

Juegan porque justamente el juego se plantea como una elipsis del espacio/tiempo de lo cotidiano; es una actividad libre, voluntaria, un universo cerrado y protegido. Se juega por el placer del juego, y es que conocemos a Luciana y a Pedro disfrazados en código infantil: la niña del kinder y su osito de peluche.

Ambos juegan en la calle, en la cama, haciendo voces, riendo todo el tiempo. La vida es el eterno presente del placer y la alegría, pero hay un viaje pendiente.

Un pedacito del Edén. En una entrevista, Paz Fábrega declaró que realizó su filme en blanco y negro para que la naturaleza, apabullante por su belleza, no le robara protagonismo a la pareja. No lo hace, pero se transforma en un personaje más, y no entenderíamos el erotismo que presenta el filme si los personajes no se hubiesen fundido con esa naturaleza en blanco y negro.

Eros es una divinidad que comunica la oscuridad con la luz, la materia con el espíritu, el sexo con la idea, el aquí con el allá; y esto sucede en ese pedazo de paraíso en el que se introducen Pedro y Luciana.

El filme es un placer para los sentidos y las sensaciones. El erotismo mediante la mirada, los sonidos, el tacto..., y lo primero es la lluvia. En el cine, la lluvia nos remite a una experiencia visual, táctil y sonora.

También estar “bajo la lluvia” es una forma de silencio. Nos transmite un estado de ánimo y un diálogo con la naturaleza; es también afrodisiaca porque urge la búsqueda del cobijo, y esto es lo que necesitan Luciana y Pedro.

Luego, la luz, y la enormidad de los árboles y la pequeñez de los hongos creciendo en la corteza. El sonido de los pájaros, del agua que corre y dos manos que se unen para acariciar las dormilonas, esas plantitas pequeñas que se cierran al tocarlas. Sin duda, es una de las imágenes más sensuales del filme.

Luego, el agua, sumergirse en las pozas, desnudos, y un dedo de Pedro que acaricia la espalda de Luciana, su cabello. Imágenes de hoy que nos pueden remitir a los orígenes de nuestros mitos del amor, al Edén mismo.

Esa línea que va del deseo al amor. La noche lo cubre todo y el juego se acaba. El viaje pendiente de Luciana irrumpe en el espacio lúdico y se apagan las risas. Se instala una especie de dolor, que solo existe cuando se forman los vínculos.

¿Pasamos del erotismo al amor? En palabras de Octavio Paz , “el amor es una atracción hacia una persona única: a un cuerpo y a un alma. El amor es elección; el erotismo, aceptación. Sin erotismo –sin forma visible que entra por los sentidos– no hay amor, pero el amor traspasa el cuerpo deseado y busca al alma en el cuerpo, y, en el alma, al cuerpo, a la persona entera”.

El miedo a lo cotidiano de Luciana se transforma en un beso mientras se lava los dientes, quizá uno de los actos más rutinarios y una de las imágenes donde la ternura se instala de manera más evidente.

Paz Fábrega inicia su filme con un par de versos del poeta Octavio Paz: “Todo es del viento / y el viento es aire siempre / de viaje”.

Viaje y viento aluden a movimiento, fuga, inestabilidad. Esto parecía el viaje de Luciana y Pedro; sin embargo, algo falló, y este desplazamiento que compartieron podría anclarse en eso tan trivial llamado amor.

La autora es historiadora del cine centroamericano.

Las exhibiciones de la cinta aparecen en su Facebook.

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