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Trazos maestros: las monotipias de Alberto Murillo Herrera

Actualizado el 15 de mayo de 2016 a las 12:00 am

Una muestra exhalta una década de sensibilidad del artista costarricense

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Un autorretrato de 1997. Alberto Murillo para LN.

Yula J. Cambronero-Bonilla / ciriloperkins@gmail.com

Durante el mes de abril, en la galería Francisco Amighetti de la Escuela de Artes Plásticas, se exhibió Retratos en monotipia: una revisión (1995-2015) , del artista Alberto Murillo. A partir del lunes 9 de mayo y hasta finales del mes, se podrá visitar, en la Rectoría de la Universidad de Costa Rica, una selección de esta muestra.

Esta propuesta artística no solo acoge el elemento representativo a la hora de realizar un retrato, sino que deja ver la sensibilidad de Murillo como dibujante, grabador con dominio magistral de la impresión, colorista debido al manejo del color, y buen observador, ya que se concentra en un factor más real que el mero parecido. Con su afinado ojo, capta la esencia del modelo, entabla una relación amena, conversa, bromea inclusive, para romper cualquier tensión, explica su procedimiento técnico paso a paso y en este intercambio su ojo captura con precisión el estado de ánimo del que posa y se convierte de observador incisivo en busca de rasgos faciales, a artista que traduce en trazos gráficos y pictóricos un doble espiritual y anímico del retratado.

Trazos maestros: las monotipias de Alberto Murillo Herrera
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Trazos maestros: las monotipias de Alberto Murillo Herrera

Esta exhibición permite adentrarse en una de las facetas que el artista ha desarrollado en su carrera personal y en su ejercicio docente, ya que su legado se extiende a la xilografía y cromoxilografía (en color), siguiendo tanto el estilo occidental con tintas a base de aceite, como el estilo japonés mediante tintas a base de agua (acuarela), el grabado al taco, el grabado en metal mediante tallas directas, litografía, serigrafía, estampa digital, libro arte, encuadernación artística, papel hecho a mano. En su contexto como docente en la Universidad de Costa Rica, contabiliza un número generoso de discípulos, quienes han aprendido a cultivar la pasión por el ejercicio técnico en la estampa, gracias al contacto con Murillo.

La obra 'Cabeza de mujer', de 1999. Alberto Murillo para LN.
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La obra 'Cabeza de mujer', de 1999. Alberto Murillo para LN.

Asimismo, como investigador tiene el mérito de haber dado inicio a las investigaciones en torno al grabado no tóxico, revolucionando el taller de grabado hace alrededor de ocho años; desde entonces ya cuenta con varias publicaciones y el compromiso de llevar la teoría a la práctica. De esa forma, se fueron sustituyendo una importante cantidad de materiales que eran nocivos, como el ácido nítrico, la resina de colofonia, los solventes de hidrocarburos, entre otros, con riesgos para la salud como daños en la piel, alergias, problemas en el sistema respiratorio, hasta el desarrollo de cáncer. Hoy, gracias a esa iniciativa el Taller de grabado y diseño de la estampa de la UCR es un espacio de trabajo artístico libre de los contaminantes más perjudiciales relacionados con esta labor. Tal es un aporte que no se reduce al grupo estudiantil o docente que se desempeña en este taller, sino que tiene impacto institucional, social y ambiental ya que los desechos son menos drásticos con el medio ambiente, y en cada nueva generación se ha ido creando una disciplina de trabajo al recurrir a nuevos productos y materiales en una constante actualización.

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Monotipias a la Murillo: metodología y percepción

Esta serie de estampas únicas responde al proceso que Murillo ha cultivado desde sus inicios como estudiante, en la década de los ochenta. Cuando participó en los talleres del CREAGRAF se encontró con el entusiasmo de las monotipias de trazo sobre vidrio realizadas por Sor María de la Salette. Una experiencia similar le ocurrió mediados de los noventa, cuando realizó algunas experiencias con este procedimiento de impresión de estampa única, durante su especialización en maestría en la Universidad de Iowa, EEUU. Ya en su figura como docente en la Universidad de Costa Rica, y como artista con una trayectoria reconocida, la monotipia, le ha sido útil como medio didáctico, el cual ha dirigido especialmente a sus estudiantes en el área, quienes suelen ser los sujetos retratados.

Para Murillo, esta técnica es una aliada para realizar obras únicas, y como recurso para bocetar ideas para otros trabajos en grabado. También para participar en varios eventos, como el realizado por el Museo de Arte Costarricense por invitación directa, y en honor a Max Jiménez en 1999. En esa oportunidad, realizó una obra impresa sobre papel y adherida a una canva que la organización le facilitaba a los artistas participantes, una acción en defensa de su identidad como grabador, quien en lugar de pintar se comprometió con la estampa única titulada Max Jiménez y su musa .

En la monotipia que ha desarrollado el maestro, predomina el retrato. Su mayor logro es la captura de un estado de ánimo real. En algún momento le sugirieron que hacía retratos sin sonrisa, pero no significó negatividad. Al contrario, Murillo reflexiona y considera que cuando el modelo sonríe de alguna manera está forzando su ánimo en busca de una imagen ideal. Él prefiere capturar algo más que el físico; quizá una fuerza, paz o violencia interior, lo que llamaríamos el carácter psicológico del retratado que supera el mero parecido y profundiza en el estado de ánimo.

En estas estampas únicas, se puede apreciar la buena relación entre el retrato y el dibujo, el cual es el medio para generar la representación mediante rodillos de distintos grosores y pinceles, lo que hace difícil producir un trazo espontáneo, suelto o muy refinado. El retrato en lila, por ejemplo, le resultó difícil de realizar e imprimir por lo que consideró necesario retocar con dibujo mediante rodillo en algunas áreas complicadas.

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La pericia de Murillo no es accidental, ha requerido de constancia y disciplina. Para cada trazo debe valorar antes el grosor de rodillos y pinceles, la viscosidad de la tinta o bien algunos trucos como el dripping con solventes para crear variados efectos y texturas; por tanto, la técnica instrumentalizada en la experiencia es la clave para desarrollar su metodología. En la monotipia de trazo, el maestro ve la posibilidad de un cierto control por la presencia protagonista del dibujo, la presión que se ejerce al trazar, así como el grosor de líneas, sombras, escalas tonales y huellas, algunos efectos planeados, otros accidentales.

Un autorretrato de 1997. Alberto Murillo para LN.
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Un autorretrato de 1997. Alberto Murillo para LN.

Este procedimiento de impresión tiene para el maestro un factor único. Por un lado, no requiere de la parafernalia, en relación a herramientas, soportes y procesos de impresión, como las otras técnicas del grabado; tampoco la disciplina de la pintura que obliga por días, semanas o meses a una faena de trabajo para acabar un cuadro. Asimismo, según explica, le permite sostener fresco el ímpetu inicial, ya que se realiza en un plazo perentorio, a veces en menos de una hora. La monotipia puede generar tanto una obra definitiva o bien un boceto para idear la paleta o carácter de otra estampa realizada con alguna técnica del grabado tradicional, pero el principal atractivo, según Murillo, es ser única, ya que la misma imagen no se imprime de nuevo.

En esta exposición, convergen estas reflexiones de Murillo, las cuales son el acumulado de años de experimentación y disciplina en una técnica que ha sido poco explorada en nuestro contexto artístico. Su trabajo se fundamenta en la metodología en la cual conjuga el conocimiento sistemático de la técnica y la espontaneidad.

Le damos al maestro el reconocimiento y las gracias, por llevar hasta las aulas ese conocimiento, sin secretismos, por mostrar a través del espacio expositivo el resultado de la constancia en la investigación artística, proceso construido pacientemente a lo largo de varias décadas.

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