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Tercera liberación mundial de libros

San José perdió libros, pero encontró lectores

Actualizado el 22 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Decenas de personas se unieron a campaña para incentivar la lectura

Parques josefinos y alrededores de la UCR fueron de los sitios preferidos

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A las 4:45 a. m., cuando iba camino al trabajo, el guarda de seguridad Henry Abaunza decidó “perder” Pantalones cortos de Lara Ríos en el parque Central.

¿Por qué decidió perder precisamente ese? “Di porque es un libro que deja una buena enseñanza y me gustó mucho”, dijo.

Muchos como él decidieron ayer compartir sus lecturas favoritas con extraños al colocar libros por sitios públicos de San José. La acción fue parte de la Tercera Liberación Mundial de Libros, convocada por el Club de los Libros Perdidos por medio de las redes sociales.

De hecho, Daniel Valverde se enteró por Facebook. Su sorpresa fue encontrarse uno en un cubículo de la biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica (UCR). “Era David Copperfield de Charles Dickens”, mencionó.

No se preocupe. Cada libro “liberado” llevaba en el interior de sus páginas una leyenda que lo identifica como parte del Club de los Libros Perdidos y donde pide volver a la calle una vez leído.

Así fue como Clarence Robles “perdió” la biografía de Charles Chaplin en la plaza de la Cultura. “Ya me lo había leído tres veces y creí que ya era tiempo de compartirlo”, dijo quien ayudaba al personal de revista Su Casa a “liberar” unos 70 libros y revistas.

Otros que se unieron a la iniciativa fueron el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, el Ministerio de Cultura y Juventud, la Embajada de Estados Unidos en Costa Rica, Grupo Nación, con su colección Leer para disfrutar, y Plaza Real Cariari, entre otros.

Cazadores de libros. La primera reacción de muchos fue tratar de devolver el libro a quien lo había dejado “olvidado”.

A unos se les dibujaba una sonrisa al leer la leyenda y otros simplemente los tomaban sin mirar quién estaba alrededor. Algunos se acercaron, miraron el título y decidieron dejarlo allí.

También se dio otro fenómeno: aparecieron los cazadores de libros. Enterados de la actividad, levantaron guardia en sitios públicos de alto tránsito, donde era muy probable que las personas “perdieran” libros. Así fue como se hicieron de un buen puñado de lecturas. Algunos de estos “cazadores” habían liberado libros, otros no.

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Mundial. Desde el 2000, en Estados Unidos existe un movimiento conocido como bookcrossing , cuya consigna es dejar libros en la vía pública para que alguien los halle.

Inspirados en ello, el Club de los Libros Perdidos –que posee socios en varios países como México y Argentina– decidió organizar jornadas para incentivar la lectura.

“Liberarlos una vez al año habría sido demasiado poco, y una vez al mes demasiado costoso para los que quisieran intentarlo; por eso surgió la idea de hacerlo en cada cambio de estación. Así se fijó el día 21 de los meses marzo, junio, setiembre y diciembre”, explicó Facundo Bonomi, del Club de Libros Perdidos de Argentina.

En esta tercera jornada, se recibió reportes de Chile, Perú, Italia, España, Uruguay, México, Canadá, Colombia, Guatemala, Venzuela, Estados Unidos, Argentina, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.

“El Club también funciona como una biblioteca libre que permite no solo que si la gente no va a los libros, los libros partan a buscar sus propios lectores, sino que agrega un tinte de magia en quien los encuentra. Y para mayor sorpresa, no solo en quienes los encuentran, sino que principalmente en quiénes los siembran, que pueden apenas imaginarse qué significarán para los que los hallen, y las maneras en que esos libros florecerán en sus vidas”, destacó Bonomi.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista de Ambiente

Redactora en la sección Aldea Global. Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales. Recibió los premios Innovación para el Desarrollo Sostenible (2011) y Periodismo Agrícola y Desarrollo Rural (2012).

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