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Robin Williams, genio de la risa y el llanto

Actualizado el 17 de agosto de 2014 a las 12:00 am

El actor, recordado por sus múltiples facetas histriónicas, falleció el lunes 9 de agosto

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Robin Williams, genio de la risa y el llanto

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Robin Williams y Christopher Reeves en una calle de Nueva York en 1981. Fueron compañeros en la escuela de arte Julliard de esa ciudad. AP.

El gran error fue pensar que el único talento de Robin Williams era hacer reír, pero sus mejores películas nunca fueron las comedias, llenas de gags (humor visual) o de chistes, sino las que lograban mezclar armoniosamente la risa y el llanto, el drama y el humor. Este olvido parece haber marcado el declive en la carrera del creativo comediante, que decidió quitarse la vida a sus 63 años.

Lámpara mágica. La carrera de Williams tomó vuelo en los años 70 con una generación de comediantes que parecían vivir en la cuerda floja, entre el éxito y la perdición; su única meta era encontrar nuevas y originales formas de hacer reír. La stand-up comedy , o comedia en vivo, fue la plataforma que llevó a Williams a desarrollar sus talentos como improvisador y actor. Cada presentación era una oportunidad para crear un personaje o una voz totalmente nueva.

Luego de obtener el papel del extraterrestre Mork en 1978, la carrera de Williams ascendió vertiginosamente hacia el Olimpo de la fama, y también por el camino las drogas. Esta etapa alcanzó su clímax el 4 de marzo de 1982, ante la muerte por sobredosis de John Belushi, otro de los grandes comediantes de su época. Williams y Belushi habían cenado y consumido drogas juntos la noche anterior.

La vida de Williams viró drásticamente entonces; se mantendría “limpio” y sobrio durante 20 años. Sus presentaciones de stand-up evolucionaron hacia una extravagancia aún mayor, y sus antiguas adicciones serían el motivo de sus bromas múltiples veces.

Poco después, su carrera profesional tomó un nuevo camino hacia la inmortalidad en la pantalla grande. Los nuevos personajes de Robin Williams fueron aclamados por su gran complejidad psicológica, con pasados oscuros y, en muchos casos, atormentados por la muerte.

Mil rostros. En Buenos días, Vietnam (1987) encarnó a Adrian Cronauer, un soldado irreverente que trabaja como Dj ( disc jockey ) en una base militar durante la guerra de Vietnam. Cronauer explotó la mejor cualidad de Williams, la improvisación y el humor ingenioso de la stand-up, pero también mostró facetas nuevas en el dolor y el enojo ante las atrocidades que vive Cronauer durante la guerra. Por este papel obtuvo su primera candidatura al Oscar, y muchos aún la consideran su mejor actuación.

La segunda postulación llegó con uno de sus roles más recordados: el profesor John Keating en La sociedad de los poetas muertos (1989). Con pasión, Keating motiva a sus estudiantes de la Academia Welton a experimentar nuevos sentimientos a través de la poesía, y a rebelarse contra las toneladas del realismo y la moral de su época. Este papel será un motivo recurrente en la carrera de Williams: el del tutor, maestro o padre.

Puede decirse que el personaje de Parry en El rey pescador (1991) es uno de los personajes más contradictorios de Robin Williams. El filme cuenta la historia de un locutor de radio (Jeff Bridges) que se pone al borde del suicidio, pero que es salvado por Parry, un indigente que cree ser un caballero templario en busca del Santo Grial.

Williams aparece en una escena de la cinta dramática   '¡Buenos días, Vietnam!', una de sus participaciónes mejor valoradas por la crítica.
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Williams aparece en una escena de la cinta dramática '¡Buenos días, Vietnam!', una de sus participaciónes mejor valoradas por la crítica.

Más allá de lo extraña que suena esta premisa, el personaje de Williams está cargado de secretos y de traumas que el actor expresa a través de un humor complejo, a veces más deprimente que gracioso.

La época dorada de Williams comenzó entonces. Se consolidó como un actor de meticuloso histrionismo, y también como una figura cercana a muchos públicos.

A los niños los cautivaron sus personajes de fantasía y ciencia ficción en Hook (1991), Toys (1992), Jumanji (1995), Flubber (1997) y El hombre bicentenario (1999). Además, Williams popularizó el doblaje de personajes animados con su excelente interpretación del Genio en Aladino (1992).

Pese todo, el actor siguió obteniendo mejores críticas por los personajes que aprovechaban la doble combinación de comedia y drama, como en Mrs. Doubtfire (1993) y en Patch Adams (1998); por ambas películas fue candidato al Globo de Oro al Mejor Actor.

Alcanzó un merecido Oscar en 1997 con la cinta El indomable Will Hunting . En ella, un psicólogo viudo enseña a un joven superdotado a preguntarse algo tan complejo como “¿Qué quiero?”. En este filme, Williams compone magistralmente las dos mejores etapas de su carrera, fusionando su presencia paternal con su capacidad de hacer reír en momentos inesperados.

El astronómico repertorio del actor se completó cuando se aventuró en roles más oscuros y perversos, como en los thrillers Insomnia (2002) y Retratos de una obsesión (2002). Esta multiplicidad de caras y voces convirtió a Williams en un icono de la década de los 90, y su reconocimiento nunca fue alcanzado por otros comediantes de su época, como Chevy Chase, Steve Martin y Dan Aykroyd.

El último verso. Varios eventos –como la muerte de su gran amigo Christopher Reeve y su recaída en el alcoholismo– acompañaron el ocaso de la carrera de Robin Williams. Sus últimos trabajos fueron personajes secundarios en diversas comedias de segunda, y el mismo actor confesó que aceptó estos papeles más por necesidad económica que por gusto.

Los nuevos directores olvidaron sus cualidades multifacéticas y lo delegaron a personajes cuadrados, de humor plano, donde la improvisación y magia del actor no tenían cabida.

Solo sus roles en Una noche en el museo (2006) y El mejor padre del mundo (2009) obtuvieron cierto reconocimiento y mantienen la esencia de su humor. Aun así, la vitalidad y la pasión de Williams por su trabajo se reflejaron en su amplia filmografía; todavía falta exhibirse cuatro películas con la aparición póstuma de Williams.

El actor incluso había vuelto a realizar shows de stand-up comed y e intentó regresar a la televisión, pero su serie más reciente, The Crazy Ones, fue cancelada luego de solo una temporada.

El humor de Williams se caracterizó por ser rebelde, más que escapista (como Pierrot el Payaso).

Sus personajes debieron lidiar con problemas tan complejos como la guerra, el suicidio, la tragedia familiar, la enfermedad y la inmortalidad, y hasta la trascendencia; así encontró la mejor manera de liberar sus propias angustias y voces internas.

En Williams se cumple la descripción que el filósofo Martin Heidegger hace de la existencia como un “ser para la muerte”; una vida que solo adquiere sentido cuando se enfrenta contra su propio final y mortalidad.

En sus últimas entrevistas, el comediante parecía verse perdido entre su polifonía de voces internas; algunas veces se transformaba repentinamente y estallaba en su inconfundible risa; otras veces regresaba a la realidad, angustiado por su rehabilitación y sus deudas.

Su trágica causa un sinsabor en todos, pero ya Robin Williams dejó su verso en la poesía de la vida. Solo queda hacerse la pregunta que John Keating formuló a sus estudiantes: “Y tu verso... ¿cuál será?”.

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