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El poeta Rafael Pombo le cantó al heroísmo costarricense

Actualizado el 23 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Poesía e historia. El poeta colombiano residió en Costa Rica durante la guerra de 1856 y dedicó versos al heroísmo tico

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El poeta Rafael Pombo le cantó al heroísmo costarricense

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Hispanoamérica continental alcanza su independencia de España con las batallas de Junín y Ayacucho, en el Perú en 1824; pero, desde una década antes, los poetas ya pulían sus plumas para cantar esas luchas de emancipación: sus versos cumplirían el antiguo mandato de recordar los nombres de aquellos cuya sangre no debía correr en vano y que por lo mismo no deberían olvidarse: era preciso que la poesía retomase su vieja causa de auxiliar de la memoria y sirviera a la historia fijando hechos y nombres.

Desde Homero, el poema ha cumplido la misión de cantar a los héroes. Para atesorar las guerras de Troya nacen la Ilíada y la Odisea . De Grecia, el ejemplo pasó a Roma, y, después de Virgilio y su Eneida , a la Edad Media europea, cuando la función de oponerse al olvido destructor reaparece en los largos poemas de gesta. En la lengua española se inaugura con los versos del Mío Cid Campeador , escritos hacia el año 1000.

Logotipo  oficial del Bicentenario del Libertador Juan Rafael Mora. Rubén Darío Arena elaboró el diseño. Fotografía: Armando Vargas Araya para LN.
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Logotipo oficial del Bicentenario del Libertador Juan Rafael Mora. Rubén Darío Arena elaboró el diseño. Fotografía: Armando Vargas Araya para LN.

Resultó inevitable que, a principios del siglo XIX, las justas guerras por dar fin al dominio colonial no incitaran a los poetas criollos. Tal fue el motivo de las odas libertarias del peruano Mariano Melgar, del canto a Bolívar escrito por el ecuatoriano José J. Olmedo, de las estrofas a las victorias de José de San Martín –del argentino Juan Cruz Varela– y del llamado de Andrés Bello para que las musas dejasen “la fatigada Europa” y cumplieran en América esa antigua misión de asistentes de la memoria que habían inaugurado los poemas homéricos.

En Costa Rica, el proceso se iba a vivir de modo similar, aunque algunos años después, cuando se luchó por una auténtica independencia del dominio extranjero.

En 1857, el guatemalteco Tadeo N. Gómez, avecindado en el país, compila el poemario El clarín patriótico : apareció en San José en ese año y sus versos cantan los hechos heroicos de los costarricenses que enfrentaban a las tropas de William Walker.

En los versos de El clarín patriótico se exaltan las figuras de Juan Rafael Mora y su hermano José Joaquín, del general José María Cañas, las victorias de Santa Rosa y Rivas, y los soldados costarricenses que habían dejado sus vidas en los campos de batalla.

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También por entonces, el joven poeta neogranadino Rafael Pombo vino por razones diplomáticas y vivió en San José durante la segunda presidencia de Juan Rafael Mora.

Armando Vargas Araya informa de que Pombo “arribó a nuestro país como secretario de la misión diplomática del general Pedro A. Herrán, cuando se iniciaba la lucha armada contra el filibusterismo […]. En San José, entre marzo y julio de 1856, Pombo escribió al menos 16 poemas”.

Algunos de esos poemas son olvidables, pero otros elaboran situaciones relativas a la grave amenaza de la guerra invasora. El bogotano Pombo es hoy recordado por sus composiciones para niños y por algunas canciones festivas para el baile o el escenario; de esa factura fechó en San José “Torbellino a misa” y otra de corte sarcástico, “El cólera y yo”, además de letrillas humorísticas como “La casa del cura”.

Más numerosas son sus composiciones de tema romántico: se dedican a la amada indiferente, a la despedida desgarrada por el desprecio o por la lejanía, como “Éxtasis”, “Separación”, “El adiós eterno” e “Imposible pero cierto”, penúltimo de sus poemas fechados en San José (el 6 de julio de 1856).

También hay en Rafael Pombo versos al modo de Gustavo Adolfo Bécquer, como “Vals”, “Fragmento”, “El primer abrazo” y “Son dos cielos tus dos ojos”; y el acertado “Su retrato. (Acabándolo de dibujar)”, poesía de añoranza, deseo y rechazo.

También hay composiciones más sensuales, al modo que enseñaba Théophile Gautier, como “Paula” (“hija del sol de la inflamada zona”) y “Agonías”, obra de tema onírico como algunas de Edgar Allan Poe: tales los sonetos “Pesadilla” y “La boca de la eternidad”.

Fechados en San José en junio de 1856 hay sonetos de corte reflexivo, al modo del clásico Francisco de Quevedo, como “Vida y muerte” y “Dulce muerte”. Así pues, Rafael Pombo conocía y practicaba varias formas, como unas acertadas composiciones breves escritas en pentasílabos: “Aire”, y el epigrama “Desde Adán hasta la fecha” .

Un poeta con la cultura literaria y las preocupaciones políticas del joven diplomático no podía estar lejano de los temas históricos. Así, los días 3 y 4 de junio de 1856, motivado tal vez por los hechos de Santa Rosa y Rivas, fecha en San José dos sonetos donde rememora acciones heroicas de las luchas de los neogranadinos por su independencia.

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El primer soneto se titula “Bolívar y Ricaurte”. En este, simulando un diálogo entre Simón Bolívar y su fiel capitán Antonio Ricaurte, Pombo refiere la heroica muerte de Ricaurte al ofrecer su vida incendiando el polvorín de los patriotas antes de que cayera en poder de las tropas españolas. Este hecho ocurrió el 25 de marzo de 1814 en la Hacienda San Mateo, en Aragua (Venezuela), y lo cantó también Andrés Bello en su “Alocución a la Poesía”. Es probable que Pombo recuerde ese heroísmo gracias a la acción de Juan Santamaría en Rivas.

En el otro soneto, “La batalla de Cuchilla del Tambo: junio 29 de 1816”, Pombo va contra el tristemente célebre general español Juan Pablo Morillo, enviado a América con un gigantesco ejército por el recién restituido rey Fernando VII.

Morillo trae órdenes de acabar con los insurrectos independentistas de las colonias a cualquier costo. Capitulado el ejército colombiano, Morillo ofrece un indulto que no cumple, y los restos del ejército patriota terminan de enfrentar heroica pero inútilmente a los españoles en Cuchilla del Tambo.

Pombo compara esa acción con la defensa que los griegos intentaron en las Termópilas ante la gran armada invasora de los persas, quienes aniquilaron a los valientes griegos.

Sin embargo, hay tres poemas de los escritos por el bogotano en San José que merecen atención más detallada: el primero, de ochenta versos, se titula “Los filibusteros”, datado en “Costa Rica, mayo: 1856”. Aquí, el poeta, estimulado por la victoria de Rivas, se dirige con desprecio contra las hordas invasoras: “Venid, venid, apóstoles de la sin par República / con el hachón del bárbaro y el rifle del ladrón”.

La contradicción que representaban esas legiones procedentes de la tierra de Washington y Franklin causó estupor y dudas por todo el continente. Enfadado por ese atropello, el poeta sube el tono de su denuncia ante el gesto hipócrita del invasor: “Venid infecto vómito de la extranjera crápula / con la misión beatífica de americanizar”.

Un mes después, Pombo escribe un soneto titulado burlescamente en inglés: “The Manifest Destiny”. Aquí toma partido contra los intrusos sajones y al lado de los de su raza: qué duda cabe de que el enfrentamiento fue sentido entonces como un conflicto de religiones, culturas y razas; y así, en los versos de Pombo, los anglosajones altaneros que venían de triturar a México, a Costa Rica no pueden “Llegar, ver y vencer, como el romano”, sino que deben salir huyendo.

Pombo descalifica a los soldados de Walker: “¡Fuera perros cobardes”: en su avance hacia el sur, hasta Santa Rosa alcanzó a llegar el aliento del “Destino manifiesto”. El poema concluye con una burla a tal prepotencia: “Y allí de Costa Rica al campesino / con escopeta de cazar toparon. / ¡Y fue tan manifiesto su destino / que en la carrera que ágiles pegaron / el botín olvidaron… y el camino!”.

La tercera de estas composiciones se titula “Costa Rica, adiós”, soneto por medio del cual el vate agradecido se despide del país: “Adiós, modesta, hospitalaria cuna / de honrados y valientes”, y luego de la victoria costarricense: “Tú, pobre en todo, rica cual ninguna / en dignidad, has estrellado el vuelo / del buitre; y aclamándote modelo / hoy todo hidalgo corazón se aduna”.

El país ha inspirado un sentimiento de orgullo y solidaridad en los pueblos hermanos. El conflicto dejaba de ser solo un asunto centroamericano: el sentimiento de fraternidad hispanoamericana aumenta en estos años por razón del rechazo a Walker y a la amenaza que sus acciones representan.

Al dejar Costa Rica, en junio de 1856, Rafael Pombo intuye bien que la lucha contra los filibusteros no ha terminado y lamenta que, al combatir “el turbión que aún te amenaza, / Yo con tu sangre no uniré la mía”.

Aunque breves, estos poemas, mantienen vivo el antiguo papel que a la poesía le cupo en tiempos de guerra y de acciones dignas de la memoria de los pueblos.

El autor es catedrático de Literatura en la Universidad Nacional.

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