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Poemas para un Ezra Pound delirante

Actualizado el 14 de junio de 2015 a las 12:00 am

Juan Carlos Olivas es el autor del poemario "El señor Pound".

El señor Pound

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Poemas para un Ezra Pound delirante

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Emilia Fallas fmconsultoressa@gmail.com

Felizmente, la Editorial de la UNED acaba de publicar el poemario El señor Pound, por el cual Juan Carlos Olivas recibió en Nicaragua el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío del año 2013. Este libro es un hermoso e intenso homenaje al poeta estadounidense Ezra Pound. Este tal vez haya sido el maestro de quien Olivas aprendió muy bien la palabra dicha con un mensaje directo, exacto, fuerte y conciso, pero sin perder el cuidado y la belleza de la construcción poética.

La poesía en Olivas es un acto de culto a la palabra. Está trabajada en forma fina y cuidada, sin caer en melodramas, sino que persevera en la esencia –incluso dura del discurso–, pero vestida con la belleza poética. ¿Qué mejor forma de ofrecer un homenaje a Pound que hacerlo mediante poesía hecha con esmero?

Sin embargo, este poemario es un homenaje muy particular al señor Pound: no se dirige al poeta (escritor), sino al poeta-hombre.

Son poemas sobre los estados de locura en los que vivió preso Pound para huir de la muerte. Esta es una poesía hecha sobre el desvarío desgarrado, pero a la vez bendito y maravilloso cuando va de la mano con el acto de creación literaria.

Con imágenes poéticas exquisitas por el trabajo que denota, Olivas nos lleva a adentrarnos en el Pound delirante, el hombre demente… El ser humano vulnerable y en su estado más sensible: cautivo no solo de un hospicio, que a la vez es su exilio, sino de su mente y las emociones humanas.

El libro presenta una voz que habla al poeta –a Pound– “de poeta a poeta” con textos llenos de sensibilidad por el ser humano consumido en su trastorno y en sus estados más intensos: al Pound con furia interna, que da ”bofetadas a la tierra” hasta “deshilachar el césped igual que lo haría un búfalo”; al Pound que “solloza algo intangible” que no dicta su razón sino su estado más primitivo, como es pensar y sentir desde el instinto y las profundidades humanas. Es también el Pound capaz de convertir la palabra más dura en el más bello poema que nos llega a todos: la “piedra” que se convierte en “colibrí” y desciende en los otros.

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Olivas muestra en su poemario al Pound-hombre que distrae su delirio y su vacío con la mirada perdida en el techo de un cuarto frío del hospicio, con sus manos amarradas; así igual como estaría amarrados su esencia y su ser: “Son veintitrés rayas paralelas / las que tiene el cielorraso de su cuarto / Cielo –piensa– es el cielo…”.

Vemos al otro Pound; ya no al poeta victorioso y aclamado, sino al ser hambriento y vacío, quien se asemeja a “los frescos de Miguel Ángel [que] cuentan otra historia / las fisuras cobran vida en los ojos de los locos / pues para ellos ha sido reservado el paraíso”.

Las palabras que un día fueron gloriosas y exquisitas, terminan despedazadas en el mundo alucinante del Pound caído y “se van por el drenaje como un caballo alado. / Las formas puras de las letras se difuminan / con el agua en círculos; / es un lúgubre ritual que ejecuta al menos cada mes / en un templo que mide dos por dos metros”.

Como ha sido característico en el estilo de escritura de Olivas, el poemario es un todo, un texto integral; de manera que es posible encontrar una unidad cohesionada por un hilo temático consistente e hilvanado siempre.

Es claro el objeto poético; es solo uno construido con diversidad de formas para comunicarlo: el delirio de Pound es el hilo presente en cada poema y se enlaza para lograr la totalidad unificada del poemario.

Ninguno de los poemas se sale de ese hilo conductor; por ello, el libro en sí revela estabilidad en su construcción clara y puntual.

La conformación de los capítulos del libro tiene también una cohesión intencional que da la firmeza a los contenidos del poemario. Cada capítulo está separado por una página escrita que resume aspectos relevantes de la vida de Pound: el exilio, Londres, París, el sanatorio St. Elizabeth, Venecia y su etapa final.

En esa primera página de cada capítulo, el autor cambia el estilo: lo inicia con una prosa que no se desprende de una tendencia poética. Así, el libro nunca pierde su línea homogénea ni su consistencia temática.

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Este libro es un acierto más del poeta que muchas satisfacciones nos ha dado a los amantes de la poesía; esta vez, con un galardón muy merecido, que pone en alto el quehacer literario costarricense.

La autora es lingüista y editora.

Pedidos del libro: teléfono 2527-2000.

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