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Plazas de Costa Rica ofrecen fuentes de arte y hierro

Actualizado el 26 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Fuentes históricas Nuestros parques y plazas guardaban y guardan bellas muestras de esculturas de hierro

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Plazas de Costa Rica ofrecen fuentes de arte y hierro

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Coalbrookdale, en el condado de Shropshire (Inglaterra), es un sitio emblemático en el surgimiento de la revolución industrial. Allí, a inicios del siglo XVIII, Abraham Darby realizó un experimento notable al sustituir el carbón vegetal por carbón mineral (coque) como combustible de los altos hornos para producir el hierro.

Gracias a ese invento fue posible la producción masiva de hierro a bajo costo y sin devastar los bosques de Europa. Resuelto este problema, fue cuestión de tiempo para que la industria tomase cuerpo, y, al cabo de una generación, el mundo ya disfrutaba de magnas obras de hierro en serie, como ferrocarriles, puentes y puertos, y objetos suntuarios y decorativos, como jarrones y fuentes ornamentales.

Con la producción del hierro y la mecanización de la industria textil, Inglaterra se convirtió en un imperio que comerciaba con muchos países, incluida Costa Rica.

Aunque no disponíamos de grandes cantidades de efectivo para comprar bienes a Inglaterra, teníamos el “grano de oro”, y gracias a él se facilitó el intercambio comercial con Inglaterra.

Las primeras cañerías. Cuando se construyeron las primeras cañerías en las provincias centrales de nuestro país, las municipalidades las inauguraron colocando fuentes en las plazas principales, como símbolo de modernidad y progreso. San José fue la primera en inaugurar su cañería, en 1868.

Para conmemorar la obra, se encomendó al ingeniero Ángel Miguel Velázquez, contratista de la cañería, la compra de una fuente de hierro. El propio Velázquez viajó a Inglaterra y trajo la fuente, que se instaló en el centro de la plaza (actual parque Central).

La fuente era un conjunto de hierro de tonos bronceados, de dos metros de ancho por dos y medio de alto, cuyo elemento central representaba a Cupido y el cisne . Este grupo se asentaba sobre un gran plato decorado con hojas metálicas en forma de nenúfares.

La compañía Coalbrookdale fundió la obra, creación del escultor John Bell. La pieza original se exhibe en el patio del Ironbridge Gorge Museum (Shropshire); se mostró en la Gran Exhibición de los Trabajos de la Industria de Todas las Naciones (Londres, 1851). Esta exposición resumió el esplendor de la burguesía industrial.

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La copia que adquirió Velázquez permaneció en el centro de la plaza josefina por casi ochenta años, hasta que pasó a la Universidad de Costa Rica, en el barrio González Lahmann. En estado apenas aceptable se conserva frente a la Bibliote-ca de la UCR. Durante años, las autoridades del Ironbridge Gorge Museum pensaron que solamente existían cinco copias de ella en el mundo. Hoy ya han incluido nuestra fuente en sus registros gracias a las gestiones que el autor de este artículo ha realizado .

Se colocó otra fuente en la pared externa de los tanques que surtirían de agua a la nueva cañería, ubicados en el barrio Aranjuez. Esta fuente era un pequeño pero exquisito ornamento que narra el milagro del profeta Moisés cuando hace brotar agua de una roca. La pieza también salió de los hornos Coalbrookdale y ha permanecido inalterada en su sitio por casi 150 años.

Otras fuentes. Alajuela adquirió sus tres bellas fuentes en Escocia a la firma Robert Laidlaw & Son. Cartago y Heredia compraron las suyas en Derby, Inglaterra, a la fundidora Brittania Iron Works, de la firma Andrew Handyside & Co.

Junto con Coalbrookdale, fue esa una de las compañías más importantes de la era victoriana en la fabricación de ornamentos y estructuras de hierro. (En Costa Rica contamos con otras obras monumentales en hierro de Handyside: los puentes sobre los ríos Matina y Pacuare.)

Para la plaza principal, Cartago adquirió una pieza modelo n.° 19 del catálogo de fuentes Handyside, por un costo de 72 libras esterlinas. Esta contenía un plato grande decorado con hojas de acanto sobre un bello pedestal hexagonal.

Arriba del plato había tres delfines cuyas colas soportaban un plato menor, coronado por dos alegres niños sujetos a un mástil, del que brotaba el chorro de agua. En el sofisticado pedestal de la fuente sobresalían seis cabezas de leones, de cuyas fauces manaban chorros de agua hacia la magnífica pila de piedra y calicanto.

Esta fuente adornó la plaza principal de Cartago desde octubre de 1873 hasta 1892. Lamentablemente fue destruida cuando la plaza cayó en desuso, al construirse el nuevo mercado. Por fortuna, se conservan copias en perfecto estado en Inglaterra, Noruega y Argentina.

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La pieza central de Heredia, conocida como la Fuente del Centenario (Handyside, modelo n°. 38), costó 140 libras esterlinas. Es un diseño más complejo y de mayor volumen que el de Cartago, cuyo elemento central son figuras de niños tritones. Esta colosal obra ha permanecido casi inalterada en su sitio original desde su instalación, en 1879. Sin embargo, debido a la falta de mantenimiento, sufrió daños por décadas.

Felizmente, en el 2012, la Municipalidad de Heredia destinó fondos para restaurar la fuente, labor que acaba de finalizar con gran éxito la experta española Ana Moraleda. Existen al menos tres fuentes idénticas en otros países (Australia, Filipinas, Chile).

Fuentes de Delfines. Cartago y Heredia adquirieron otras fuentes, más pequeñas, para sus plazas menores. Estas fuentes (Handyside, modelo n°. 12) contienen un trío de delfines entrelazados en medio de platos decorados con hojas de acanto, y con remate idéntico a la desaparecida fuente de Leones, de la plaza principal de Cartago.

En Cartago se instaló una fuente de Delfines en la plazoleta de la iglesia de San Nicolás Tolentino (hoy se ubica allí la Catedral); la otra fuente, en la plazoleta de la iglesia de la Soledad (actual edificio del Tribunales de Justicia). Esta corrió la misma suerte que la fuente de la plaza principal: se ignora su paradero desde la década de 1960.

La fuente de Delfines de la iglesia de San Nicolás es la única que se conserva, aunque padeció numerosas vejaciones seculares. Hoy se exhibe en la plaza de la basílica de los Ángeles a la espera de ser restaurada y elevada al sitial que merece, como la obra de arte público más antigua de la Vieja Metrópoli.

La fuente de Delfines de la ciudad de Heredia se instaló en la plazoleta de la iglesia del Carmen (actual parque Manuel María Gutiérrez). Al igual que la de Cartago, la fuente de Delfines padeció maltrato y displicencia, incluida la pérdida de algunas de sus piezas; pero está a punto de ser rescatada también, por iniciativa de la municipa-lidad herediana.

Estas magníficas obras de arte no solo constituyen un símbolo del progreso en el siglo XIX, sino del esmero de nuestros antepasados por dotar a las provincias centrales con obras de arte público de primer nivel en el mundo, en una Costa Rica pobre y con escasísima población.

Lo mínimo que podemos hacer es corresponder a ese espíritu de nuestros antepasados protegiendo estas obras que ellos nos legaron, y por las cuales debemos sentirnos orgullosos.

El autor es filólogo e investigador de temas históricos. La investigación sobre las fuentes victorianas en Costa Rica aparece en www.fuentedelosdelfines.blogspot.com

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