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XI Valoarte

Phillipp Anaskin pinta una sala de peregrinos

Actualizado el 28 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

El artista explica los propósitos de su obra ganadora de la XI edición de Valoarte.

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'Desplazamiento' se compone de tres pinturas de óleo sobre tela de 2 m x 4,5 m, hechas en el año 2014. Luis Navarro.

En San José luce un mural que el político Mijaíl Gorbachov propició de forma inesperada. A la antigua usanza cristiana, el gran tríptico se revela en tonalidades intensas de pincelazos fuertes y rápidos. La obra es larga e intensa como la historia de Rusia, país de aquel personaje.

El óleo se titula Desplazamiento y reproduce las vivas y rojizas paredes del hogar de Phillipp Anaskin, su joven creador. Las memorias flotan allí en el aire, en medio y a través de todos los personajes.

La undécima edición de Valoarte, que tiene lugar en el centro comercial Avenida Escazú, reconoció el trabajo de Anaskin en Desplazamiento al otorgarle el primer lugar del certamen, tras analizar las 260 obras de 130 artistas que forman parte de la exposición de este año.

Phillipp Anaskin tiene 25 años de edad. Una decena de ellos los ha vivido desde la pintura; la pasión se inició en la biblioteca de su padre cuando Phillipp leía libros de arte. Él cursa hoy su quinto año en la Escuela de Arte y Comunicación Visual de la Universidad Nacional (UNA).

Doble hogar En Desplazamiento , Anaskin retrata a su padre, Alex, sentado a la mesa. El padre no tiene atuendo de recibir visitas, y tampoco la casa: al fondo, un hombrecillo orina sobre el umbral de una puerta; en el otro extremo, una mujer toma una ducha con la sinceridad y la confianza que excusan la presencia de cualquier cortina.

'Noctámbula', óleo sobre tela, 140 cm x 160 cm.
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'Noctámbula', óleo sobre tela, 140 cm x 160 cm.

Mientras, la madre del artista, Luibov, intenta controlar, casi en vano, el ímpetu de un niño. Aquella es una mirada inusualmente hogareña, desde dentro y sin permiso, en un salón que casi es un poblado.

El artista no desea ofrecer muchas explicaciones sobre su pintura. Para él, resulta más importante que las personas encuentren una interpretación propia pues de eso trata el desplazamiento: el efecto del cambio no es igual para todos.

Aún así, hay referencias ineludibles, como las campesinas rusas y los trabajadores de los astilleros, todavía atados, a paso de muerte. Esas son las memorias de distintas etapas de Rusia y también los fantasmas que merodean ese hogar.

La familia Anaskin decidió irse de la Unión Soviética en 1987, cuando comenzó la Perestroika , periodo de reestructuración social que impulsó Mijaíl Gorbachov, presidente de esa nación. “Mis padres se autoexiliaron” explica el joven pintor.

Phillipp tenía dos años cuando su familia salió de la Unión Soviética. Él fue criado en Costa Rica con una cultura lejana que no podía sentir. Su patria fue construida por historias y recuerdos no vividos. “Esto crea un espacio donde es muy difícil desligarse: son tradiciones que se cargan; es como si hubiese una pérdida de identidad, pero a la vez una ganancia. El migrante tiene una identidad híbrida”, detalla el artista.

Anaskin explica que la adaptación de sus padres fue mucho más complicada que la suya. “Yo puedo decir que soy tico; sin embargo, ellos dejaron atrás las memorias de un país que dejó de existir. Ellos eran de la Unión Soviética; de Rusia, no”, agrega.

Revisión histórica El óleo se guía por trazos pictóricos de la era socialista de Rusia. “Me interesa la técnica que está detrás de ella. La pintura socialista era un medio de comunicación política muy intenso” dice su creador.

Phillipp Anaskin ganó el primer premio de la XI edición de Valoarte, al igual que el artista Rafael Pérez Valdés. Foto: Luis Navarro.
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Phillipp Anaskin ganó el primer premio de la XI edición de Valoarte, al igual que el artista Rafael Pérez Valdés. Foto: Luis Navarro.

La casa del artista era una burbuja de añoranzas: el ambiente estaba lleno de películas, música, libros y anécdotas soviéticas. La combinación de los elementos y las experiencias que habitaron su hogar hace que la familia y él mismo sean menciones recurrentes en el propósito de su obra.

Algunos personajes de Anaskin mueven el pincel del artista y se rehúsan a quedarse quietos. Tal y como en otras obras suyas los cuerpos aparecen distorsionados, desplazados en la pintura, como si las pinceladas hubieran tenido una velocidad de obturación lenta. Aquello es una inquietud insistente del autor: Phillipp quiere movimientos en sus pinturas, incluso donde son poco usuales, como en los cuadros de retrato.

Hay escenarios muy comunes en la pintura de Anaskin: personas acostadas en un sillón, o alguna señora de pie junto al fregadero. El artista hace descripciones de minucias cotidianas, pero que, para él, son preciados vistazos a la intimidad.

El pintor confiesa que evitó la emulación de los fines ideológicos del realismo socialista en la pintura. “Involucrarse en el realismo socialista era peligroso pues era una herramienta de propaganda que maquillaba lo que sucedía verdaderamente”. Aunque tales referencias son muy cercanas para Anaskin, él solo se considera un observador.

"Cuarto de pilas", óleo sobre tela, 93 cm x 106 cm
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"Cuarto de pilas", óleo sobre tela, 93 cm x 106 cm

“Creo que al realismo socialista se le dio un espacio muy limitado en la historia de las artes debido a su uso propagandístico”, considera. Por tanto, el pintor intenta reivindicar la el ambiente de las estepas y las ciudades rusas.

Autoevaluación Cuando uno se va, solo quedan objetos, rastros de la existencia. El pintor atesora las fotografías que su familia trajo consigo, por lo que son referencia directa para su trabajo.

Phillipp Anaskin visitó a Rusia a principios del año 2013 para investigar la pintura mural de esa nación. Allí, entre las calles y los salones de Moscú, el pintor capturó detalles para luego liberarlos en lienzo propio.

Para él hubo un gran choque entre la Rusia relatada por sus padres y el país tal cual, de carne y hueso. Sin embargo, esto le permitió hacer un examen de sus motivaciones. El artista comenta que encontrarse con la realidad de sus orígenes dio confianza a sus pinceladas.

Desde la pintura, Anaskin esculcará su vida de peregrino, hijo de migrantes. “Cada artista necesita encontrar un propósito personal”, dice. Desplazamiento es una parte de él, como un brazo, explica. La pintura está en su vida y en la de sus personajes: por esto, algunos voltean hacia los cuadros que cuelgan en la pared.

Phillipp Anaskin partió de las estepas rusas en brazos de sus padres. Hoy, él regresa con pinceles en sus manos, caminando sobre óleo y tela.

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