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Crítica literaria

Novela de calibre mundial

Actualizado el 08 de julio de 2011 a las 12:00 am

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Novela de calibre mundial

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La ruta de su evasión, de Yolanda Oreamuno, es la piedra fundacional sobre la que se levanta el edificio de la novela moderna costarricense.

En el marco del 55.° aniversario de la muerte de su autora, la publicación de La fugitiva, la biografía novelada escrita por Sergio Ramírez, ha despertado la pasión del público por su leyenda personal. Buen momento, por lo tanto, para que podamos acercarnos y reconocer el insólito logro literario de Oreamuno: la primera novela de calibre mundial escrita por un autor nacido y educado en Costa Rica.

La ruta de su evasión sobrepasó completamente la temática realista y social que predominaba en Costa Rica hasta entonces, enfocándose por primera vez de lleno en el mundo interior de sus personajes, en sus emociones y sus pensamientos. Para esto hizo acopio de técnicas que Faulkner usó en Mientras agonizo y Las palmeras salvajes, y que este, a su vez, había aprendido de Joyce. Esas mismas técnicas de Faulkner (el monólogo interior, flujo de la conciencia, fragmentación del tiempo) influenciarían, 15 años después de la publicación de La ruta de su evasión, a Gabriel García Márquez, a Carlos Fuentes y a Mario Vargas Llosa, haciendo de Yolanda Oreamuno una precursora del boom y la nueva novela latinoamericana.

La ruta de su evasión es sorprendente además porque aborda precisamente los problemas que hicieron de la vida de Yolanda Oreamuno un calvario: es una exploración profunda de los roles tradicionales del hombre y la mujer, y de cómo estos pueden causar la degradación personal o de la familia.

La elocuencia emotiva de Oreamuno permite que la acción avance impulsada casi exclusivamente por la introspección de los personajes en sus monólogos interiores.

Los hombres de la familia Mendoza son todos, aunque de distintos modos, incapaces de comprender y expresar sus emociones, de brindar amor o mostrar solidaridad.

Las excepciones solo se dan cuando un hombre es o se muestra débil, entregándose generosamente a la mujer, acto que siempre termina implicando su autodestrucción. Las mujeres, por otra parte, o viven en lo que Oreamuno llama un “oscurantismo místico”, “un medioevo del amor”, sumisas y adorantes del hombre como un ser divino y todopoderoso, o procuran usurpar ese rol, renunciando a su sensibilidad y asumiendo el cinismo varonil de las “mujeres no-importa”. La novela tiene uno de los estilos más ingeniosos, frescos y alegres de su generación, a pesar de la trama y sus temas dolorosos. La escenificación es trepidante: pasamos de una capilla ardiente al voyerismo infantil, de una borrachera de prostíbulo a una disección de cadáver, de la masturbación descubierta al vandalismo colérico de los celos. Hay amortajamientos, temblores, partos, arrestos, suicidio asistido. Hay liberación.

En fin, si uno pudiera leer solo una novela escrita por un costarricense, la recomendación tendría que ser siempre La ruta de su evasión, una novela que, como su autora, merece toda nuestra admiración y respeto, y no la oscuridad relativa en la que ha pasado desde su publicación en 1949.

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