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Magia entre viñedos

Actualizado el 24 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Magia entre viñedos

Mariana Calderón Jiménez mariana.calderoncr@gmail.com

Eran ya las 6 de la tarde. La luz dorada entraba por la ventana invitándome a salir de nuevo. Bajé a la sala, tomé mi cámara Canon EOS Rebel, un lente de 50 mm y otro angular de 10-20 mm, y salí de la casa. Tomé mi bicicleta y comencé a pedalear rápidamente por Silverado Trail hasta llegar a las colinas del viñedo William Hill, al sur del Valle de Napa, en California.

Los rayos ya casi horizontales del Sol proyectaban la sombra de los ejércitos de viñedos que descendían por los declives del terreno que recorría mi bicicleta: envueltos en una iluminación cálida, extendían su sedoso tapiz verde claro sobre una sucesión de largas hileras que la pureza del aire envolvía.

Todo era como viajar al mar y contemplar el horizonte. Los viñedos parecían una marea verde que ondeaba detenida en el tiempo; acariciada por el aire tranquilo y límpido, y una temperatura idónea para estas fechas, representaba una postal seductora y plástica.

Se diluía el tiempo, y, con él, las sencillas líneas se difuminaban despacio a la caída del Sol. El juego de luces y sombras realzaba las texturas mientras que el color cálido teñía todo el paisaje y vestía al cielo de azul naranja.

Lentamente, la sombra terminaba por cubrir el valle. La tierra se recogía en la magia de lo indescriptible. Todo descansaba en los viñedos, los que entonces susurraban historias a los racimos que hoy son vino en el silencio de las bodegas: vino que sin palabras cuenta una historia, la historia de un paisaje, de un territorio y su gente.

La fotografía de naturaleza es una de las disciplinas más gratificantes a las que un fotógrafo, aficionado o profesional puede dedicar su tiempo. Es adentrarse en un lugar, sentirlo, absorberlo y disfrutarlo, teniendo en cuenta lo inesperado de las situaciones, el reto técnico y, sobre todo, la paciencia para conseguir la toma.

Si hablamos de la luz en la fotografía de naturaleza y, sobre todo, en la de paisaje, hablamos de que la luz adecuada es la de las primeras horas del día, incluso antes de la salida del Sol, y la de las últimas horas del día, sobre todo después del ocaso.

A esas horas, los tonos son cálidos, y la suavidad de la luz hace que los objetos iluminados tengan un brillo atractivo, sean ricos en detalles y presenten una sombra suave.

Tomo fotografías porque la vida me inspira; porque siento que no solo lo que veo sino lo que observo tiene mucho que contar.

Mi inquietud es atrapar esos instantes y convertirlos en emociones con la cámara entre mis manos. Es admirar la pureza de lo sencillo y lo efímero de cada momento.

Consejo: si estamos ante un paisaje memorable con la brisa dándonos en la cara, entre foto y foto, dediquémonos también a mirar. Cuando la luz ya no sea la mejor para seguir haciendo fotos, no nos vayamos aún, quedémonos un rato más. Por encima de conseguir una gran foto, no nos olvidemos de disfrutar de la experiencia.

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