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Esculturas ejemplares

Maestros de la escultura

Actualizado el 12 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Esculturas ejemplares El Museo de Arte Costarricense alberga décadas de sabiduría en las tres dimensiones

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Cuatro caminos nos llevan al centro del arte, y por ahora reside en La Sabana (San José). Allí, las piedras hablan como cantos rodados y las maderas bailan sus quietas danzas de estatuas pues el Museo de Arte Costarricense ( MAC ) ofrece la exposición 4 escultores, 1 legado , con obras de los maestros Aquiles, Crisanto Badilla, Esteban Coto y Manuel Vargas. Se exponen 28 piezas de distintas técnicas, presentadas por las curadoras Flora Marín Guzmán y Andrea Gätjens Soto. La exhibición fue idea de los propios artistas, quienes trabajaron durante dos años en obras nuevas.

Mediante sus creaciones, los cuatro artistas desean expresar qué y quiénes somos como nación: cómo la naturaleza se ilumina de azul y verde, cómo las mujeres se visten de metal y madera.

Según Andrea Gätjens, los motivos de la mujer, el Caribe, la montaña, la flora y la fauna se transforman y dan paso a figuras humanas, objetos y visiones panorámicas. Así, las obras viajan –y nos llevan– de la pequeña intimidad a la abrumación del gran espacio.

Aquiles, Crisanto. Aquiles ( Aquiles Jiménez, 1954) es licenciado en escultura por la Academia de Bellas Artes de Carrara, en Italia. También es buen amigo de la piedra: entre sus manos, el duro material renace en seda, con insinuación ovoide, como en Montaña vientre (piedra de andesita) y en Montaña del último árbol (andesita y basalto). Por su forma, su Terraplén podría elevarse como un cóndor de metal y piedra con envergadura de 5 metros.

A las puertas del MAD nos recibe Peñasco 2 , escultura de Aquiles, en metal de gran tamaño (4,5 x 4,5 x 1 m), cual una bandera inmóvil.

“Mi tema recurrente es la montaña, pero también formulo críticas a la depredación. Me atrae el reto de incorporar, en las dimensiones de una escultura, la mirada que posamos desde lejos sobre las montañas”, expresa Aquiles. “Ofrezco también una escultura para no videntes, de una montaña, para brindarles una idea en pequeño de lo que ella es”, agrega.

Crisanto Badilla (1941) se ha especializado en fundición artística y grabado en madera. Para él, el ser humano es parte de los elementos de la naturaleza: aire, fuego, agua y tierra. Crisanto es señor en los dominios del bronce, el mármol y la madera, y su Mujer caribeña es una escultura broncínea, alta, curva, pensativa.

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El bronce también posa en Mujer del tercer milenio (2 x 1 x 1 m), una cabeza con sombrero coronada por un torso femenino. Badilla recuerda que la cabeza es única o domina al cuerpo en muchas esculturas precolombinas. “El trabajo con el bronce es largo y difícil, de retoques constantes”, añade.

En cambio, de carne de mármol de Carrara son Rostro con florero (cabeza con sugerencias mayas) y La isla, cabeza que parece flotar en ondas de agua blanca. “Es una forma de ensueño”, anota el artista.

“Me interesan la gente de las costas y de los islotes, y también los rostros que tengan un ‘sabor’ prehispánico”, indica el escultor.

Entre los proyectos de Cristanto está el ejecutar cabezas planas que mirarán al cielo. “Hay que trabajar siempre, pensando que lo que haremos debe ser mejor que lo ya hecho”, sentencia el artista.

Esteban, Manuel. Esteban Coto egresó de la Escuela de Artes Plásticas de la UCR y luego del Instituto del Estado para el Mármol Pietro Tacca, de Italia. Coto trabaja con el hierro, como en Cantos terrenos, un calabazo: suerte de enorme semilla que emerge de un suelo de madera. Hilo de huesos parece una sucesión de piezas que no se deciden a ser secciones de troncos huecos o vértebras de un animal de prehistoria y fábula.

Esteban juega también a la profusión de objetos, como en sus cajas de Esencias (que incluyen cocos), sus amplios pebeteros de Esencia cartaginesa y su Raza de escarabajos , que tal vez camine por el museo en las noches.

“Me atrae la naturaleza exuberante, tropical, pero más recientemente he trabajado con los conceptos de las esencias y los signos del dolor. Vislumbro las esencias como contenedores, como los cocos, que nos sugieren el calor, el rumor del mar y la alegría”, dice Esteban.

“Los signos del dolor, como Hilos de huesos , se relacionan con las angustias que nos producen las personas a las que les faltan brazos, dientes... y esperanzas”, añade Esteban Coto.

A su vez, Manuel Vargas (1952) se inspira en mujeres de Guanacaste: mujeres amplias, y jóvenes plenas. Algunas obras son monumentales, como A nadie se lo diré (2,1 m de alto) y La pregonera (2 m). Chola al viento se levanta cual una Victoria de Samotracia mestiza, con brazos y peso universal.

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El artista domina la madera; le conserva la rugosidad de las vetas o la pule hasta revelarle su vocación de espejo. Se percibe la maestría de Manuel Vargas, depurada en el Instituto Técnico Profesional Pietro Tacca, de Carrara.

“Mis temas preferentes son la chola y la matrona de Guanacaste, jefas de familia y trabajadoras. Me gusta evocar su naturalidad, como en La pregonera , que vende periódicos. La escultura es un acto de magia en el que lo cotidiano se vuelve extraordinario”, asevera Manuel, y con justicia.

Por aquí viven materia y forma, estilización y símbolo, y absoluta maestría en el acabado. “Una vez más, en Costa Rica, la obra tridimensional se impone con fortaleza y dinamismo”, ha afirmado Ricardo Alfieri, director del MAC, con respecto a esta exposición admirable. Esto es arte sin palabras, pero habla todos los idiomas.

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