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Librero: La patada de Eddy Bellegueule

Actualizado el 07 de mayo de 2017 a las 12:14 am

Para acabar con Eddy Bellegueule es una obra de Édouard Louis

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Cuando alguien humillado sistemáticamente reclama al fin su derecho a protestar, mucha gente espera que sea discreto y educado, y se indigna si él expresa ira. Para acabar con Eddy Bellegueule (En finir avec Eddy Bellegueule), primera novela de quien ahora se llama Édouard Louis, no pide perdón por estar enojado porque es una novela sobre comer mierda. Cuántos preferirían que no lo escribiera de este modo, pero es así.

La novela autobiográfica, publicada en el 2014 en Francia, fue un éxito y un escándalo. Entre un padre alcohólico y desempleado, una ruda madre que a duras penas mantiene unida a la familia, y una aldea pequeña en población y empatía, el niño Eddy Bellegueule sufre el doble porque es el marica de su colegio, la “loca” blanco del bullying más atroz. Cuando le escupen la cara, deja rodar la saliva para que no lo golpeen más duro.

Édouard Louis se ha hecho famoso en Europa y Estados Unidos con su libro (Salamandra)

Toda primera novela es un asesinato. Édouard Louis, quien borró su viejo nombre en el 2013, dispara con rabiosa puntería hacia el machismo suicida que lleva los cuerpos de los hombres a quebrarse bajo la labor diaria, a las mujeres a limitarse a ser receptáculos de su violencia etílica, y a los niños a sacar las garras desde pequeñitos para sobrevivir como puedan.

En Eddy Bellegueule hay mucho intraducible, aunque María Teresa Gallego ha realizado una versión enérgica en español. Lo que puede provocar cierta distancia es que la novela, en francés, entreteje dos registros: el educado y pulido del narrador, el Eddy que escapa, y el francés rural del norte, en este caso salpicado de groserías. Es un lenguaje de la violencia, cuyas rugosidades se entienden al echar una mirada a su tierra.

Hay mucho del sociólogo Pierre Bourdieu en la visión de mundo de Édouard Louis, que intenta comprender sin perdonar, pero también mucho resentimiento acumulado. Eso está bien. A sus 22 años, cuando publicó el libro, apenas dejaba atrás el apartamento estrechísimo y decadente, las calles de barro y basura, los puñetazos en su frágil cuerpo de maricón. Sí ocurre que, en ciertos pasajes, el resentimiento deja un regusto a elitismo adquirido, al teñir de explicación “natural” ciertas violencias que el sistema económico produce.

En esa tensión, no obstante, ebulle la energía de la novela y despierta interés en el contexto de su creación. Abundantes discusiones culturales de nuestra época enfatizan el papel central de la diversidad en la producción artística. La era de los feminismos, con su potente desmantelamiento de la cultura, han traído a la luz lo que otros preferirían oculto: la experiencia de las mujeres, de la gente no blanca, lo queer , los migrantes. Como explica la escritora Arundhati Roy: no hay tal cosa como los “sin voz”, solo los deliberadamente silenciados o los preferiblemente no escuchados. Incluso dentro del panorama de la diversidad, se escucha poco de esa palabra convertida en grosería desde los 90: clase.

Para acabar con Eddy Bellegueule , por su parte, es una novela sobre la clase socioeconómica, sobre la pobreza perpetuada y petrificada por un rapaz sistema económico que expulsa y castiga a quienes no sabe, no quiere o no puede integrar en su frenética fábrica.

Es una novela, pues, sobre la Francia que vota por la ultraderechista Marine Le Pen, sin importar sus escandalosas posturas ni su xenofobia. Como tantos otros populistas, prefiere culpar a otros –siempre hay “otros”, da igual quiénes sean– que confesar que la pobreza no se irá a ninguna parte. En la brutalidad del entorno que describe, Louis sabe explicar que todos son víctimas y victimarios. Es canibalismo.

Édouard Louis triunfa en lo literario porque sabe escuchar. “De mi infancia no me queda ningún recuerdo feliz”, comienza el libro, y da poco espacio a cualquier luz que parezca prometerle algo mejor a Eddy. La empatía que sobrevive, aun así, suaviza algunos momentos, como cuando piensa en su padre enfermo y a la deriva, o en su madre atormentada porque su propia vida no le pertenece.

De forma fracturada y elíptica, Eddy va narrándose y editando su vida. No se preocupa por hacer calzar las piezas que no corresponden. Ni él mismo, que seguirá siendo tal como es. Humillado y arrinconado, tiene el coraje de decir, a pesar de todo, en medio de la mierda, este soy yo.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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