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‘El rey Lear’, un trágico canto del Cisne de Avon se escucha en el Teatro de la Aduana

Actualizado el 20 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Puesta en escena. La CNT ofrece una de las mayores tragedias de William Shakespeare

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‘El rey Lear’, un trágico canto del Cisne de Avon se escucha en el Teatro de la Aduana

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Los actores Óscar Castillo (Lear, izquierda), Álex Molina (bufón) y Andrés Montero (Edgar). Fotografía: Pablo Montiel.

El Cisne de Avon ha volado a Costa Rica invocado por la Compañía Nacional de Teatro y el director Fabián Sales. Una y otro ofrecen la tragedia El rey Lear, compuesta por el señor William Shakespeare, vecino de Stratford-upon-Avon y de la gloria.

El rey Lear es una de las “altas tragedias” de Shakespeare, y la más acabada, según muchos críticos. Se basa en una leyenda medieval: la del rey Leir, quien -se dice- vivió en el siglo VIII antes de Cristo en la Gran Bretaña.

Leir dividió su reino entre sus tres hijas, lo que ocasionó guerras civiles. Shakespeare siguió libérrimamente esta historia y creó personajes emblemáticos, como Lear –oscilante entre la ambulancia y la demencia–, sus dos hijas ingratas, su hija fiel, el desalmado Edmund, el buen Edgar y otros seres engendrados por la imaginación para que vivan su irrealidad en el infierno de la disensión y de la muerte.

El rey Lear se ofrece hoy a las 5 p. m. en el Teatro de la Aduana y continuará hasta el 1.° de diciembre de jueves a domingos.

Conversamos con el director de la puesta en escena, Fabián Sales.

–¿Por qué eligió esta obra de William Shakespeare de entre otras también notables?

–En el momento de seleccionarla tomé en cuenta varias razones motivantes: es la obra de Shakespeare que más me interesa en lo personal, la que considero que tiene más para reflexionar en este momento de Costa Rica y la más desafiante y compleja para solucionar escénicamente.

”Entre varias propuestas, la obra invita a reflexionar sobre nuestra responsabilidad ante la hipocresía, ante el engaño de las palabras. Nos lanza así un llamado de atención a nuestra propia honradez, sobre todo ahora, porque en próximas elecciones se definirá parte importante del futuro de nuestra familia, de nuestra sociedad”.

–¿Cuál traducción ha seguido?

–Después de analizar rigurosamente, durante años, más de una docena de diferentes traducciones, decidí proponer una traducción anónima de la Editorial Luarna, por parecerme la más ajustada a la propuesta original de Shakespeare y la que menos proponía “extras” en cuanto al uso del lenguaje y la interpretación.

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”Asimismo, al ser una traducción de dominio público, durante ensayos ajustamos algunas partes teniendo presente el original en inglés”.

–¿Cuál es el aporte original de su puesta en escena?

–No creo en la originalidad en el teatro. No creo en hacer teatro buscando la originalidad o “nuevos lenguajes expresivos”. Si hago eso cometo un error ético ya que trabajo para el público, no para mi ego –aunque siempre hay algo de esto también–.

”En nuestra investigación buscamos el lenguaje más franco de nuestro equipo para representar esta obra en los sentidos interpretativo, estético y semiológico”.

–Jorge Luis Borges afirmó que Shakespeare es el menos inglés de los escritores ingleses por su efusión de emociones y por su lenguaje hiperbólico. ¿Lo cree así?

–No comparto plenamente esa opinión . Gran parte de lo hiperbólico de Shakespeare –al menos en su teatro– se debe a las circunstancias de representación que él conocía muy bien. Sus obras se representaban en parte el aire libre, con mucha gente que hacía ruido, distraída a veces y hasta comiendo.

”Por ejemplo, hemos cortado varios textos de la obra que –consideramos– cumplían la función de “asegurar” la comprensión del público y que sobran en nuestras circunstancias de representación.

”La esencia poderosa de Shakespeare no está en su expresión hiperbólica, sino en la verdad de la historia que sostiene esos textos; o sea, en el accionar que propone el autor por medio de sus personajes y sus relaciones”.

–¿Cuál es el valor extraestético de esta obra?

–La obra propone cuestionamientos interesantes relacionados con el ser humano y sus relaciones. Es clásica porque hizo reflexionar antes, lo hace ahora y posiblemente lo haga en un futuro.

”¿Qué lugar tienen los ancianos en nuestra sociedad? ¿Cuánto hemos evolucionado en el sentido humano en códigos éticos familiares y sociales? ¿Qué significa “civilización” en una sociedad empujada desde hace siglos por códigos de enseñanza impuestos consciente e inconscientemente relacionados con el materialismo?”.

–En Shakespeare, la invención de lo humano, el crítico Harold Bloom sostiene que El rey Lear es “la más trágica de las tragedias”, y no solo de Shakespeare. ¿Le parece acertada esta idea?

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–No lo sé. Por lo menos a mí no me parece la más trágica de todas las tragedias de Shakespeare, pero sí una de las más interesantes. Depende del sentido de “tragedia” que se maneje. Incluso siendo una tragedia “romántica”, Berenice, de Racine, es más trágica que El rey Lear por todo lo que conlleva.

–A propósito de Harold Bloom, él subraya “el profundo nihilismo” de este drama; en cambio, en el prólogo de su traducción, Joaquín Gutiérrez afirma que El rey Lear no es pesimista. ¿Con cuál opinión se identifica usted?

–Con ninguna en particular. En esta obra, Shakespeare alcanza una madurez interesante como autor ya que deja hablar a la historia por sí misma, no impone su visión ni da sentido optimista o pesimista.

”Shakespeare propone una historia que se teje con varias historias; observa un comportamiento humano desde un ángulo y lo muestra también desde otro ángulo casi contrario; parece defender una causa por un lado y luego nos muestra su lado oscuro.

”En síntesis, creo que esta historia es multilineal; no da mensajes verticales y propone cuestionamientos interesantes en el sentido humano. Esto parecería ser lo que buscan el cine y el teatro de “vanguardia” de hoy, pero Shakespeare lo propuso unos cuantos siglos atrás. Por esto entre varias otras razones –insisto–, no creo en la 'originalidad'”.

–¿Cree que El rey Lear es una alusión a los peligros del poder político total: el reparto caprichoso del reino, la ambición de Edmund, la codicia de Goneril y Regan...?

–Sí. En parte, esa es una de las propuestas principales de la obra.

–¿Está realmente loco Lear?

–La locura es un tema complejo, relacionado entre otras cosas con el desequilibrio sicológico, emocional y físico. Sí, durante la obra, Lear atraviesa un proceso de desequilibrio en aquellos sentidos mencionados, y llega a picos altos. También es cierto que, por momentos, se “protege” en la “locura” para no afrontar su tormenta interior.

–¿Cómo resolvió la irrepresentable” escena de la tormenta?

–No sé si la resolví o si la resolvimos, pero sé que lo intentamos. El público podrá decir si les llega o no esa zona compleja de la obra. En mi mente probé varias opciones, y otras tantas en el escenario. Hasta llegué a pensar que Lear entrase en el escenario en una bañera móvil, bañándose con agua tibia en su realidad, mientras los demás afrontaban la tormenta: esto, como forma de dar realidad poética a que Lear siente la tormenta interna mucho más fuerte que la externa. Para él, esta última es una especie de bálsamo contra el dolor. No opté por esta idea y otras, por varias razones.

–¿Diría usted que esta tragedia incluye un cruel final feliz?

–Podría verse así por alguien del público. Nuestro final está abierto a múltiples interpretaciones.

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