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Juan Rafael Mora Porras, un personaje recurrente en la literatura

Actualizado el 16 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Destino variable. Mora apareció y reapareció en la literatura costarricense según los cambios políticos que hubo entre 1856 y 1949

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Hace algunos meses, un profesor extranjero me preguntó por el archivo de Juan Rafael Mora Porras. Se refería al conjunto de textos escritos por el presidente, a la bibliografía crítica escrita sobre ellos, y a los textos de ficción que presentan a Mora. La curiosidad venía al caso pues charlábamos sobre novelas latinoamericanas inspiradas en figuras ilustres y líderes independentistas en Latinoamérica cuyos escritos han cobrado carácter literario.

'Escritos selectos' de Mora publicados por Juan Durán Luzio, profesor de literatura de la UNA. Imagen: Verónica Ríos para Ln.
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'Escritos selectos' de Mora publicados por Juan Durán Luzio, profesor de literatura de la UNA. Imagen: Verónica Ríos para Ln.

A continuación, doy una respuesta parcial a este estimado profesor. Es parcial pues en esta exploración me refiero únicamente al período comprendido entre 1856 y 1949: desde la Campaña Nacional (en la que Mora se destacó) hasta la abolición del ejército costarricense.

Nuestro primer ensayista. Un libro del 2011, preparado por el crítico Juan Durán Luzio, otorga calidad literaria a los escritos de Mora. Al respecto de estos últimos, las investigadoras Flora Ovares y Margarita Rojas destacaron su carácter familiar, antiimperialista y unionista.

En su selección de textos de Mora, Durán va más lejos: sostiene que, con las cartas, las proclamas, los mensajes y los discursos se inaugura la ensayística costarricense, entre otras razones, por la belleza de la escritura.

Algún lector seguramente se preguntará por qué endilgar hoy carácter literario a textos escritos hace siglo y medio. Como respuesta se podría adelantar que la reescritura de las historias literarias nunca termina. El fijar como punto de partida los textos de estadistas, jefes de Estado y líderes revolucionarios del siglo XIX también se hizo de manera retrospectiva.

La pregunta a la inversa resulta más interesante: por qué no se habían considerado literarios los escritos de Mora en el pasado. Para empezar, luego de su fusilamiento, los gobiernos subsecuentes intentaron borrar su memoria y no retomaron el esfuerzo del expresidente por situarse a sí mismo y a la Campaña Nacional de 1856 como hitos costarricense.

A pesar de la invisibilización sistemática, los escritos –en particular, las proclamas– hicieron mella en la memoria colectiva de la época. No es el caso de textos contemporáneos de Mora que ensalzan al gobernante. Un ejemplo es el folleto Clarín patriótico ó Colección de canciones y otras poesías compuestas en Costa Rica en la guerra contra los filibusteros invasores de Centro-América (de 1857), del guatemalteco Tadeo N. Gómez, fue reeditado por el historiador Juan Rafael Quesada Camacho en el 2006, un siglo y medio después de haber sido escrito.

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Debido a su vigencia, los textos de Mora son de un alto valor historiográfico. Sin embargo, son más que documentos históricos.

Un ejemplo claro de su influencia literaria durante el periodo 1856-1949 es la letra del Himno nacional . En 1903 se organizó un concurso con el propósito de actualizarla, y resultó ganador el poeta anarquista José María Zeledón.

En su estudio filológico sobre el himno, la crítica María Amoretti demuestra que los versos de Zeledón reelaboran elementos presentes en la primera proclama de Mora, publicada en el Boletín Oficial del 21 de noviembre de 1855. En ella, el presidente exhorta a la sociedad costarricense a unirse a la lucha contra William Walker. En particular, se retoma la manera de construir núcleos de sentido, como la paz y el trabajo.

Shirley Brito observa libros y documentos referidos a Mora que se exhiben en la Biblioteca García Monge de la Universidad Nacional. Fotografía: Mariandrea García.
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Shirley Brito observa libros y documentos referidos a Mora que se exhiben en la Biblioteca García Monge de la Universidad Nacional. Fotografía: Mariandrea García.

En la ficción. Mora aparece por primera vez como personaje en una obra dramática. Se trata de un pequeño rol en la zarzuela La guarda del campamento , escrita por el colombiano José Lleras, quien gozaba de la protección del dictador Tomás Guardia. La zarzuela se escribió con el propósito de enaltecer a Guardia en el contexto de las tensiones de 1873 entre este y el guatemalteco Justino Barrios.

Para infortunio del escritor, la animosidad entre los dictadores se disipó justo cuando estaba a punto de estrenarse la obra. La zarzuela, tan oportuna inicialmente, no resultó bien recibida en 1873, y solamente en el año 2001 se publicó por primera vez en Costa Rica gracias al Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

Una década más adelante, la administración del presidente Bernardo Soto impulsó el rescate de la Campaña Nacional. Fue una estrategia para reforzar, en el interior y en el exterior del país, la idea de ser una nación debidamente constituida. Se prefirió erigir entonces como héroe a Juan Santamaría, figura casi desconocida, y no a Mora, por la polémica que este todavía despertaba.

Esa renuencia repercutió en la incipiente literatura “nacional”. A fines del siglo XIX se debatió la posibilidad de una literatura propia, y ni siquiera el llamado bando “nacionalista” –liderado por Carlos Gagini– reivindicó a Mora o, en su defecto, a Santamaría.

Las escasas representaciones de ambas figuras no gozaron del aplauso del público. Fue el caso de las obras escritas por Manuel Argüello Mora, sobrino del presidente fusilado y partícipe en los acontecimientos de 1860 que culminaron en la muerte de Mora.

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Argüello publicó sus novelas La trinchera y Margarita , así como el cuento Los cuatro hijos de Ambrosio en un compendio en 1899. En ambas novelas, el personaje Mora decide sacrificarse en aras de detener el derramamiento de sangre que significó su intento por recuperar el poder.

En el cuento, Mora aparece más bien santificado a través de los ojos de Ambrosio. Este representa una figura heroica popular, devota en cuerpo y alma del presidente: Ambrosio lo apoya firmemente en la campaña de 1856-1857, y también en su expedición con el fin de recuperar el poder en 1860.

El campesino Ambrosio entrega sucesivamentesus hijos a Mora, y finalmente se sacrifica él cuando ya no tiene más vidas que ofrecer. Cabe destacar que el interés de la historiografía literaria por las obras de Argüello surge en las últimas décadas del siglo XX.

Escasa presencia. En el período estudiado, mientras más anónima resultaba la figura popular que simboliza la campaña militar, mejor le iba al escritor. Esto explica una ficcionalización mayor de veteranos de bajo rango que de figuras del 56 en la literatura anterior a la abolición del ejército.

Además, había una condición adicional: la figura popular debía someterse a la autoridad de la élite. Nuevamente, el caso del Himno nacional ilustra muy bien este fenómeno.

Aunque ganó la propuesta de Zeledón, la idea de un campesino dispuesto a tomar las armas, tal y como se indica en la letra, no fue bien recibida por el presidente Ascensión Esquivel ni por el ministro Manuel de Jesús Jiménez.

Se comunicó la nueva letra del himno a las escuelas, pero el trámite de oficialización no se cumplió. La profesora Vínyela Devandas resalta que la letra del himno alcanzó status oficial por decreto solamente en junio de 1949, en el marco de la Junta Fundadora de la Segunda República, cuando el propio Zeledón era miembro de la Asamblea Constituyente.

En suma, la exclusión de textos combativos a finales del siglo XIX funcionó para resaltar nuestro supuesto pacifismo. Por esto, la ficcionalización de Mora no fue exitosa y sus textos no ocuparon un lugar importante en la historia literaria.

El archivo de Mora no se había constituido en el período 1856-1949, pero la situación es otra desde finales del siglo XX –sobre todo, desde inicios del siglo XXI–. Se ha revisitado la historiografía literaria y, además, se ha potenciado el número de obras que hacen a Mora un personaje de ficciones.

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