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El teatro del Japón mostrará sus sombras y luces ancestrales

Actualizado el 26 de julio de 2015 a las 12:00 am

El kage-e (teatro de sombras) japonés se presenta este martes, 28 de julio, en el Teatro Eugene O’Neill

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Ilustración de un barco pirata creada por el artista japonés Fujishiro Seiji para un libro infantil. Wikicommons.

Esteban Córdoba Arroyo esteban.cordoba83@gmail.com

El teatro japonés contiene géneros únicos en las artes escénicas. El kabuki, el teatro no y el bunraku, sus tres formas clásicas, han sido reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El kage-e (teatro de sombras) no es tan familiar en Occidente, pero no por ello es menos interesante. Esta última variedad podrá ser apreciada por los costarricenses gracias a las actividades que realiza la Embajada del Japón en recuerdo del 80.° aniversario de las relaciones diplomáticas con Costa Rica.

En el 2012, el teatro de marionetas móviles (kuruma ningyo) conquistó al público tico con un depurado estilo tradicional. En esta oportunidad, la compañía invitada Kageboushi promete un espectáculo que fusiona el estilo tradicional japonés del teatro de sombras con técnicas multimediales y alta tecnología.

Ancestral. Una nueva forma de arte comenzó en un instante inmemorial, cuando un ser humano de las cavernas cruzó sus manos frente a un fuego y miró que las sombras imitaban figuras de la naturaleza.

Muchos consideran que la versión propiamente teatral nació en la India (Freddy Artiles: Títeres: historia, teoría y tradición ) y que desde allí se desplegó hacia el sudeste asiático para derivar en las más antiguas artes de sombras con títeres confeccionados con varillas de bambú, como el wayang en Indonesia, Tailandia, Camboya y Malasia, y las “sombras chinescas”, documentadas ya en la dinastía Tang (618-907).

Durante siglos, las sombras de Bhima, Arjuna o Yudhishtira (personajes del Bhagavad Gita ) han luchado en los escenarios desde la India hasta Indonesia, pero el teatro de sombras adquirió una estética propia en China en épocas tan tempranas como la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.).

La primera obra de sombras chinas raya en la leyenda. En Crónicas de los emperadores chinos, de Ann Paludan, se menciona: “El emperador Wu [156-87 a. C.], llamado Liu Che, devastado por la muerte de su amada, ordenó a sus oficiales que la trajeran de vuelta a toda costa. Los artistas de la corte realizaron entonces una figurilla de cuero con la silueta de su concubina y la vistieron con sus ropajes; más tarde hicieron que su sombra bailase como cuando vivía con la luz de una lámpara de aceite”.

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Esa variedad teatral era tan notoria en la China del siglo XII que Marco Polo (1254-1324) llevó a Europa la noticia de un “arte exquisito”, pronto conocido como espectáculo de “sombras chinescas”. Su popularidad se extendió hasta Francia, donde el artista Dominique Séraphin (1747-1800) presentó sus versiones en la corte de Versalles.

En Turquía se formó independientemente un teatro de sombras denominado karagoz, con un “hermano” griego, el karaguiosis. Actualmente, el Teatro Negro de Praga es uno de los más conocidos ejemplos occidentales.

El kage-e. En el Japón, algunos académicos, como Toshio Kawatake –en su Historia del Bunraku –, consideran que el teatro japonés ya estaba desarrollado incluso antes de que se introdu-jeran las artes escénicas de la dinastía Tang, en el siglo VII.

Sin embargo, solamente en el periodo Edo (1603-1868), el teatro de sombras tomó su forma más conocida.

Entonces, Ikky Juppensha (1765-1831), escritor y artista de ukiyo-e, recopiló un “manual” sobre las posturas de manos adecuadas para el kage-e.

Hoy existen unos veinte grupos teatrales en el Japón que presentan aquel estilo, y se lo ha presentado en programas de televisión.

Sin embargo, para Mari Boyd, profesora de teatro de la Universidad Sofía (en Tokio), “el teatro de sombras no es un arte tan popular en el Japón como el de marionetas [bunraku]”.

“Su historia se remonta a los tiempos más antiguos, cuando los chamanes usaban las sombras para llamar a los espíritus. Afortunadamente, en Fukuoka (Kyushu), el artista Fujishiro Seiji (1924) ha traído de vuelta este arte a los ojos de gran público al combinarlo con técnicas contemporáneas. Sus obras nostálgicas y fantasmales son muy conocidas”, añadió Boyd a La Nación.

De la misma forma, la compañía que visitará Costa Rica fusiona lo tradicional con recursos multimediales y tecnología de punta en iluminación y sonido.

La presentación de Kageboushi versará sobre historias tradicionales y cuentos infantiles japoneses sobre la familia, la amistad y el amor a los animales. Fundado en 1978, el ensamble ha mostrado sus espectáculos en más de 20 países.

La presentación se realizará este martes 28 a las 7 p. m. en el Teatro Eugene O’Neill. La entrada es gratuita; el cupo, limitado. Teléfono 2207-7564.

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El autor es periodista costarricense. Ha trabajado como corresponsal de medios de prensa de China para Hispanoamérica, y cursa estudios de posgrado en la Universidad de Kyushu, Japón.

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