Entretenimiento

Cine

Islandia una cinematografía emergente

Actualizado el 14 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Intros- pectivo. El reciente cine islandés explora aspectos humanos a través del estudio de las emociones.

Entretenimiento

Islandia una cinematografía emergente

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

This picture loads on non-supporting browsers.
En cartelera. La distribuidora independiente Pacífica Grey estrenó esta semana en Costa Rica el filme Carneros , ganadora en Cannes.

Yoshua Oviedo

D esde hace unos tres años, Islandia emergió en el panorama cinematográfico internacional. Este pequeño país, de poco más de 300.000 habitantes, consiste en una isla y unos islotes en el océano Atlántico, en el noroeste europeo, entre Groenlandia y Europa.

Según la ONU, para el 2009, Islandia era el tercer país más desarrollado del mundo; sin embargo, las propuestas fílmicas de un grupo ascendiente de directores no evidencian ese desarrollo, sino que exploran las relaciones humanas y los vicios que aquejan la sociedad, tanto en los espacios rurales como urbanos.

Estos realizadores, que oscilan entre los 39 y 47 años, se caracterizan por hacer un cine de espectaculares paisajes, minimalismo narrativo y un profundo sentido de introspección, en el que comunican más por medio de los silencios y el humor sobrio.

De animales y hombres

La importancia de los animales para el estilo de vida y la economía rural se puede apreciar en dos dramas que muestran varias relaciones: De caballos y hombres (Benedikt Erlingsson, 2013) y Carneros (Grímur Hákonarson, 2015).

CRÍTICA DE CINE: El valle de los carneros

En ambos filmes, la acción sucede en espacios rurales, donde los planos generales establecen una relación entre los seres humanos y el entorno natural que los engulle, y la interacción está condicionada por el vasto espacio que separa viviendas y personas.

Segmentada en seis capítulos cuyas tramas se entrecruzan, cada historia está marcada por situaciones absurdas y pintorescas. Se inicia con un plano detalle del ojo de un equino, en el que se observa un objeto reflejado.

La película de Erlingsson gira en torno a los caballos como eje de la actividad social. Las grandes distancias son acortadas mediante binoculares y los corceles sirven para trasladarse. En ese contexto, seres salvajes y domesticados se mezclan y la muerte es signo de tragedia: sea por sexo, celos, confrontaciones por el territorio, adicciones o supervivencia.

En el caso de Carneros , los bovinos son el eje económico del pueblo y la devoción que tienen para estos animales es cuasirreligiosa: “la oveja se entrelaza con el trabajo y ser del granjero”, dice un personaje en una escena que asemeja una liturgia, con rostros atentos y movimientos de afirmación ante el discurso ceremonioso.

PUBLICIDAD

Este drama de giros cómicos imprevistos narra la historia de Gummi y Kiddi, dos hermanos enemistados que, al inicio, compiten por tener al mejor carnero del lugar, para luego plantear una reflexión sobre la hermandad y la amistad, ante la posible extinción de dos razas: la de las ovejas a causa de una enfermedad incurable y la de los hermanos, quienes no tienen descendencia.

El crítico español Álvaro Martín detalla que “cuánto más frío es el clima más calurosa es la relación entre los hermanos protagonistas”. Este uso del clima se magnifica con la fotografía en scope de Sturla Brandth Grøvlen, también artífice de ese gran plano secuencia que es el filme alemán Victoria (Sebastian Schipper, 2015).

En Carneros se presentan aspectos nacionales: una población de ovejas que triplica a la humana, paisajes únicos, ropa de lana, la densa nieve y la comunicación esquiva; pero el director logra universalizar la historia gracias al tratamiento de las emociones y la evolución en la relación fraterna.

LEA: En 'Carneros', dos hermanos pelean entre nieve y ovejas

En medio de las inclemencias del tiempo y las amenazas de acabar con su forma tradicional de vida, los personajes van tomando medidas drásticas: unos deciden mudarse a la ciudad, otros se aferran a sus granjas, mientras los hermanos dejan atrás sus diferencias para unirse por una causa común.

Conforme la tensión aumenta, los hermanos van cambiando de roles, el calmo Gummi se desespera cuando su secreto es descubierto, mientras Kiddi idea el plan que llevará a ovejas y hermanos a un obstinado e incierto camino.

El sofocante final enmudece al espectador, trasladando la aparentemente simple historia de ficción a la mente y realidades de quienes han visto el filme, característica que solo alcanzan las grandes películas.

Aislamiento y soledad

El cine islandés retoma asiduamente el tema de la soledad, tanto en locaciones rurales como urbanas. El cortometraje The Last Farm (2004), de Rúnar Rúnarsson, es un nostálgico retrato de la soledad, en el que su sobrio estilo recuerda al cine del danés Carl Theodor Dreyer.

En una remota cabaña, un anciano se apresura a enterrar a su esposa antes de que su hija y yerno lleguen, estos quieren llevárselos a la ciudad. La estoica prestancia del protagonista y los rigurosos planos que enfatizan el aislamiento exponen la diferencia generacional.

PUBLICIDAD

Por su parte, en Corazón gigante (Dagur Kári, 2015), la acción sucede en Reikiavik, capital de Islandia. Narra la historia de Fúsi, un hombre tan corpulento como inocente, quien, al igual que el protagonista de The Last Farm o los hermanos de Carneros , vive con cierto retraimiento.

Fúsi es un niño en el cuerpo de un grandote, que va venciendo su timidez para acercarse a los demás y permitirse experimentar la vida lejos de su casa y su madre. La película guarda semejanza con la notable Gigante (Adrián Biniez, 2009), en la que otro bonachón de grandes proporciones se enamora de una mujer y gusta de escuchar música rock .

La película de Kári, como la de sus compatriotas, conserva la mirada melancólica del espacio. Planos generales en picada que sitúan al personaje en una ciudad alienante, se acompañan de encuadres en el que el físico del protagonista acapara la pantalla; en ambos casos, se le sitúa aislado. A pesar de ello, el filme mantiene un humor ligero y un final más optimista.

Juventud enjaulada

Otros filmes han volcado su atención hacia la juventud, con títulos que comparan a los jóvenes con aves: Two Birds (2008) y Sparrows (2015), de Rúnar Rúnarsson, y Pájaro falso (2013), de Thoromar Jonsson.

Las obras de Rúnarsson son tanto hermosas como dolorosas, con niños ( Two Birds ) y adolescentes ( Sparrows ) atrapados en una sociedad liberal de escasas reglas, en la que los padres están ausentes o alcoholizados.

La adicción al alcohol es una constante en el cine islandés: en De caballos y hombres un personaje muere por ello; en Carneros , Kiddi cae inconsciente constantemente tras beber, mientras que en las obras de Rúnarsson las fiestas son frecuentes y trágicas, dos jóvenes son abusadas sexualmente al estar desmayadas después de drogarse, ante la mirada impotente de sus acompañantes.

En la película de Jonsson, la violencia es más reiterativa: tras el suicidio de su hermano, Arnaldur vaga sin rumbo fijo, sus padres son incapaces de prestarle la atención suficiente y su duelo les hace inoperantes. Ante ello, el joven de 16 años decide ajustar cuentas contra el hombre que abusó de su hermano.

El cine islandés goza de un buen momento y con sus devoradores paisajes, su indómita naturaleza y sus personajes que se debaten en problemas cotidianos, constituye una propuesta humanista de profundos significados. Actualmente, se puede disfrutar en cartelera del filme Carneros .

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Islandia una cinematografía emergente

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota