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Inés Trejos recuerda a Alberto Cañas, amante de las artes

Actualizado el 22 de junio de 2014 a las 12:00 am

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“Nos vemos el próximo lunes”…Así nos despidió don Alberto Cañas el 16 de junio en la noche, después de terminar nuestra sesión semanal de cine. Acabábamos de ver El año pasado en Marienbad , esa extraordinaria película francesa de 1961, ganadora del Premio del Festival de Cannes.

Al finalizar la proyección venían siempre los comentarios y las exclamaciones, positivas o negativas. En este caso, fueron admirativas hacia una obra cinematográfica en la cual el Art Noveau de sus ámbitos, la música y el misterio evocador se habían conjugado para crear un filme excepcional.

El pequeño grupo de interesados en el cine formado por María Cristina Gutiérrez de Urbina, José Joaquín Ulloa , Eladio Prado y yo, disfrutábamos así, cada semana, de la hospitalidad de don Alberto en su casa en el Barrio La Granja.

Es cierto que el grupo original se había reducido: algunos habían fallecido, y otros temían salir de noche o dejar el carro afuera de los muros de la casa.

Después del cine, seguían los comentarios y la escogencia del siguiente filme, de los muchos que don Alberto había ido atesorando al paso de los años con la complicidad generosa de sus hijos y nietos.

Para el lunes 23 de junio, dos días después de su deceso, habíamos escogido Show Boat … pero ya no veríamos la película, ni oiríamos la sonora voz de don Alberto, con sus comentarios acertadísimos ni sus risas después de encender la luz de su sala –era como una galería de arte con sus muchas pinturas, dibujos y esculturas de arte costarricense, al cual ayudó tanto –.

El Don Alberto político, periodista, dramaturgo, asiduo asistente a los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, a la que dedicó muchos esfuerzos, como primer Ministro de Cultura, fundador y actual Presidente del Consejo de la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia y de la Revista Nacional de Cultura de la misma universidad fue, verdaderamente, un Mecenas.

Para los que tuvimos la suerte de formar parte de esas agrupaciones culturales y cívicas, era un deleite, y a veces, una inquietud el tener a don Alberto como su integrante.

Además de los asuntos propios de la agrupación, no faltaba ocasión para que él, con su gran acervo histórico y cultural y su memoria prodigiosa, nos enmendara la plana en cuanto a la historia nacional e internacional, así como en literatura y edición de libros.

De niño, debe de haber sido muy inquieto, lector a partir de los tres años, pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor. Mucho de ello lo encontramos en su novela Ni mi casa es ya mi casa , nostálgico relato del barrio donde creció en el San José de hace 90 años.

De joven, fue miembro del Centro de Estudio de los Problemas Nacionales y del incipiente Partido Liberación Nacional, así como del Centro de Estudios Democráticos de América Latina (CEDAL).

Llegó a ser diputado dos veces, diplomático, primer Ministro de Cultura, periodista y fundador del periódico Excelsior (donde me hizo el honor de invitarme a formar parte del elenco de periodistas), miembro y Presidente de la Academia Costarricense de la Lengua y creador de un programa de radio...

Me pregunto: ¿qué no hizo don Alberto Cañas? Y además: ¿qué no hizo bien? Pero llegó el momento de volver la página y esperar a que sea la historia escrita la que nos lo devuelva en su verdadera dimensión.

Hasta luego, don Alberto...

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