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Hernán Casciari, escritor-editor y niño sin final

Actualizado el 01 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Juegos de revista. El escritor argentino, fundador de Orsai, visitó el país con motivo de la Feria Internacional del Libro y habló sobre la revolución editorial que ha significado su revista

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Hernán Casciari, escritor-editor y niño sin final

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Hernán Casciari nació en Buenos Aires en 1971. Es autor de Más respeto que soy tu madre y El pibe que arruinaba las fotos, entre otros libros.

Un a revista sin ningún anuncio publicitario ni subvención privada o estatal, donde escriban e ilustren los mejores a cambio de buena paga, que carezca de toda cadena formal de distribución y que, además, ofrezca una copia gratuita en Internet.

“Suena muy raro, ¿no?”, reconoce Hernán Casciari (1971), gestor y editor de Orsai , una revista que es todo aquello y más.

Nacida en el 2010, tomó el nombre de un blog que Casciari, argentino, escribía en Cataluña, donde habita con su esposa. Cansado de la “crisis moral de la industria”, Casciari anunció en setiembre de ese año que renunciaba a los grandes periódicos y editoriales que publicaban sus textos. Desde el patio de su casa, junto a Chiri, su amigo de la infancia, ideó esa revista imposible, que gustó a lectores de todo el mundo y hoy es también una editorial, una universidad y un bar.

–Sí, suena utópico, pero la revista existe y es un éxito. ¿Cuál ha sido la fórmula?

–La fórmula, supongo, fue intentar divertirnos. Generalmente, cuando uno emprende un proyecto editorial, lo primero que surge es cómo hacerlo rentable, y nosotros lo primero que planteamos fue cómo hacerlo divertido, cómo hacer para que absolutamente nada nos cortara el camino de la diversión.

”Lo primero que surgió fue la presencia de la publicidad, por lo que todos sabemos: sin que nadie lo diga nunca en voz alta, las empresas patrocinantes son las que deciden que un proyecto cultural arranque y que un proyecto cultural deje de funcionar: así de simple. Nosotros nos dijimos: ‘¿Cómo hacer para que el día en que esto deje de funcionar sea por decisión nuestra o del lector?’. Bueno, decidimos no depender de nadie”.

–¿Se han divertido?

–Muchísimo, justamente por eso: divertirse es cambiar permanentemente; como los chicos, que juegan un rato con lo que más les gusta y luego a otra cosa. Nosotros estamos intentando conservar esos impulsos infantiles.

–Alguna vez dijo que cuando ‘Orsai’ comenzara a ser rentable, dejaría de ser divertido y, por ende, la abandonaría. ¿Aún lo sostiene?

–Sí, claro. Posiblemente dejemos de hacer la revista a fin de año, el año que viene... No es por un asunto de rentabilidad: nunca fuimos rentables: es porque queremos hacer otras cosas también. Otro aspecto que nunca me sonó de lo tradicional es el afán de perdurabilidad. ¿Por qué algo debe permanecer, en especial cuando los que lo hacen dejan de sentir pasión?

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”Nosotros este año ya estamos empezando a sentir ese desgaste. Si siguiéramos haciendo muchos números, Chiri y yo dejaríamos en algún momento de saber qué pasó en el número 17: confundiríamos el 14 con el 17, por ejemplo. Eso es horrible; es como confundir la cara de los hijos. Yo quiero saber exactamente qué magia pasó en cada número”.

–Entonces, ¿la diversión ha venida acompañada de desgaste?

–No es una labor desgastante. Yo lo hago con Chiri, mi mejor amigo desde los ocho años, con mi mujer y con la esposa de él. Las demás personas también son amigos. No es desgastante juntarte con tus amigos a inventar algo.

–¿Cuánto cree que ha ayudado toda esa “mitología familiar” que se formó en torno a la revista?

– Antes de la revista yo llevaba un blog donde contaba de forma literaria cosas ficticias y otras de mi vida privada. Cuando tocaban esos textos de mi vida privada, aparecían en primer plano Chiri, mis padres, mi hermana, mis amigos...

”La gente no tenía por qué saber qué cosas eran fantásticas y cuáles reales. En un momento, un grupo de personajes, que bien podían ser imaginarios, se corporizan porque realmente existen, y uno es jefe de redacción; otra, correctora, y otra, directora de arte, por ejemplo. Mi mamá es distribuidora de la revista en Buenos Aires... ¡Los lectores ven a mi vieja llevando revistas!

”Todo eso genera sorpresa, pero supongo que tiene que ver con las nuevas tecnologías. Eso había pasado siempre; lo que no había pasado es una repercusión internacional. Yo hice una revista en Mercedes, mi pueblo, a inicios de los años 90, con el mismo éxito. La diferencia es la velocidad de la comunicación, no otra cosa. No hay un mito Orsai porque Orsai es así: nació en un patio y la hacemos cuatro amigos en piyama”.

–‘Orsai’ ha pasado etapas, especialmente en su forma de distribución ¿Qué lecciones recogen?

–Hay una principalísima: los ministerios de Cultura de los países que hablamos en español no se ponen de acuerdo en ciertas cosas.

–¿Algún ejemplo?

–No se ponen de acuerdo en que la cultura pueda distribuirse libremente sin los mismos impedimentos que tiene, por ejemplo, la cocaína. La cocaína y las revistas literarias tienen casi los mismos proble-mas de distribución. Nos cuesta muchísimo entrar en Colombia, Venezuela, Uruguay...

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”Me parece que es así porque los ministros de Cultura de esos países no se juntan a decir que los libros hechos por nosotros deberían recorrer nuestros territorios libremente, e incluso con ayuda de los correos. ¡Que se pongan contentos de que haya gente independiente que esté haciendo esto en vez de ponerle palo a una rueda!

”Al principio del proyecto yo me preguntaba por qué las grandes editoriales que me publicaban –como Mondadori y Sudamericana– solo distribuyen en México, Argentina y España. Claro, porque ahí ganaban dinero.

”Es complicadísimo: entiendo por qué no lo hacen, pero hay un problema principal que no tiene que ver con las empresas que hacen cultura, sino con los gobiernos, que deberían ponerse de acuerdo. En Costa Rica nunca tuvimos problemas, y eso está muy bien. Por eso ya desde el primer número de la revista hablamos del país.

–Usted ha hablado de que la industria cultural vive una crisis moral más que financiera. ¿En qué consiste esa crisis?

–En un momento de tantas ventajas tecnológicas, cuando cualquier persona puede hacer cualquier cosa sin los impedimentos económicos del siglo XX en música, en cine, en editoriales..., ya las palabras industria cultural se convierte en un oxímoron.

”¿Qué necesidad tenemos de que lo cultural deba venir precedido de la palabra industria , que sabemos lo que significa: hacer dinero? Eso era muy necesario en los siglos XIX y XX. No podías distribuir un libro, un disco ni una película sin la necesidad de unos tipos con corbata que se llevaban unos beneficios por la distribución. Hoy, creo que lo único que hay que hacer es darnos cuenta de que no se necesita la industria para comunicarse.

”Hoy en día, la palabra industria se está agarrando con las uñas de algún lado porque quiere seguir ganando dinero, no que la cultura sea mejor. Entonces vemos a medios alternativos que se hacen desde el patio de una casa, donde lo que queremos es divertirnos y llegar a la mayor cantidad de personas posible, paguen o no”.

–¿Presagia el acabose, por ejemplo, de las grandes editoriales?

–No, en absoluto. Presagio que muy de a poco habrá muchísimos generadores de contenido que cada vez más van a darse cuenta de que, para hacer lo que les gusta, no necesitan golpear la puerta de un empresario al que no le interesa lo que esa persona hace.

”Hay un montón de contenido industrial que no desaparecerá. La gente que gusta de escuchar cosas como las de Luis Miguel, necesita que él sea un ídolo de masas. Si Luis Miguel aparece mañana en You Tube intentando seducir a alguien con la guitarra, no lo logrará porque es malo; pero la industria puede hacerlo bueno, y un montón de gente estará ahí, y ese montón va a seguir consumiendo eso.

”Por primera vez en la historia hay un camino alternativo. Antes no lo tenías: debías ser Luis Miguel o al menos intentarlo. Hoy no todo está amparado por la industria, pero sí muchísima gente seguirá yendo a ella porque no necesitan lo complejo, y con eso son felices. La industria seguirá para esa gente; por esto, a la industria no le importa demasiado lo que hacemos nosotros”.

–Porque ustedes llegan a un mercado muy pequeño...

–Muy, muy pequeño, ínfimo. Nosotros decimos a los gritos: ‘Si querés divertirte, hacé esto; si querés hacer dinero, seguí allá’. Los empresarios están contentísimos y nosotros no somos un peligro.

–¿Qué disfruta más: dirigir la orquesta o escribir sus textos?

–Cuando empezamos con todo esto estaba deseando dirigir la orquesta; hoy deseo volver a escribir. Imagino que, cuando vuelva a escribir, extrañaré dirigir la orquesta. La pereza tiende a hacernos creer que lo mejor está en otra parte..., y yo soy muy perezoso.

–¿Qué tipo de lector es usted?

–Yo fui un lector muy ávido en mi infancia y mi juventud; ahora no lo soy tanto. Desde hace siete años me interesan más las series de televisión que la literatura. Me parecen más interesantes como género narrativo. La gente que está rompiendo el recurso narrativo en este momento no lo hace con novelas, sino con series de televisión. El último capítulo de Breaking Bad me interesa más que cualquier cosa que pueda estar escribiendo un joven norteamericano.

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