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La Gran Guerra y la prensa tica

Actualizado el 03 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Costa Rica, 1914-1918. El conflicto suscitó un gran interés en el público, lo que estimuló el desarrollo de la industria periodística

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La imprenta de 'El Imparcial' fue decomisada durante la dictadura tinoquista, permaneció varios años en las bodegas de la Imprenta Nacional y fue rematada en 1923. Eugenio Quesada para LN.

El 28 de julio de 1914 se inició formalmente la Gran Guerra. Al día siguiente, el diario católico La Época presagiaba en su portada que el conflicto involucraría a toda Europa y no solo a Austria y a Serbia; sin embargo, nadie fue capaz de pronosticar la duración de la guerra. Los países beligerantes pensaban que se resolvería en cuatro meses, pero en realidad se extendió durante cuatro años.

La Gran Guerra fue novedosa: por primera vez se aplicaron medios avanzados de destrucción; por primera vez, un conflicto involucraba al mundo entero, y, por primera vez, los lectores costarricenses mostraron un marcado interés por un suceso que ocurría fuera de sus fronteras.

Ese interés condujo a un furor por leer noticias que relatasen lo que pasaba en los escenarios de la guerra, aunque muchos no pudieran ubicarlos en un mapa. Esta sed informativa fue posible gracias a los altos niveles de alfabetización que había alcanzado Costa Rica (94,4 % de la población urbana), lo que garantizaba un número estable de lectores a los más de seis diarios que salían de distintas prensas josefinas.

El enorme interés por conocer lo que sucedía en Europa creó un ambiente favorable para la incipiente industria periodística costarricense, que se mantuvo, al menos, durante el primer año de la conflagración.

Aumentan las tiradas. El incremento en la cantidad de ejemplares fue un efecto visible de la bonanza que experimentó la prensa costarricense durante los primeros meses de guerra. La Información logró colocar en las calles un máximo de 15.000 ejemplares, de modo que fue el diario de mayor venta.

Otros periódicos menos exitosos también pudieron aumentar el tiraje en medio de la guerra. El Correo del Atlántico vio la luz pública a fines de noviembre de 1914 y durante sus primeros cuatros meses se vio obligado en dos ocasiones a incrementar el número de ejemplares que distribuía.

Poco más de un año después del estallido del conflicto apareció el diario El Imparcial . Comenzó imprimiendo 7.500 ejemplares, pocos días después subió a 12.000, para luego estabilizarse en 9.500 periódicos diarios; es decir, un ejemplar para casi 45 costarricenses.

Ese incremento fue posible gracias a los avances en las tecnologías de impresión, introducidas tardíamente en Costa Rica. En 1908, la tipografía Moderna –donde se imprimían La Información , La PrensaLibre y La República – importó la primera rotativa, que le permitió alcanzar tirajes nunca antes vistos por los lectores ticos.

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En 1915, en plena Gran Guerra, la empresa de El Imparcial introdujo “una prensa rotativa Duplex, dos máquinas de linotipo (modelos 8 y K) provistas de todos sus accesorios, un taller de estereotipia, el primero y único del país, y otras pequeñas máquinas correspondientes a la sección de cajas” ( El Imparcial , 1°-09-1915).

La imprenta adquirida por ese diario “imprimía, pegaba y doblaba periódicos de 4, 6 y 8 páginas a una velocidad de 5.000 a 6.000 ejemplares por hora” ( El Imparcial , 1°-09-1915). Además, la empresa presumía de tener en bodega rollos de papel suficientes para imprimir ejemplares de entre 4 y 8 páginas.

Reservas de papel en las bodegas de 'El Imparcial' . Eugenio Quesada para LN.
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Reservas de papel en las bodegas de 'El Imparcial' . Eugenio Quesada para LN.

Hubo también impresos que no aumentaron su número de ejemplares, pero sí el de páginas. El 2 de octubre de 1914, El Noticiero comunicó a sus lectores que pasaría de 4 a 8 páginas, al tiempo que prometía una edición dominical de lujo.

Nuevas experiencias. La coyuntura de la guerra obligó a los propietarios de los periódicos a buscar nuevas oportunidades para impulsar su negocio. De esta manera, los impresos se innovaron con el afán de diferenciarse de su competencia y de atraer más público.

Los periódicos contrataron servicios cablegráficos que les suministraron notas exclusivas sobre las batallas europeas. Al inicio de la sección de noticias internacionales, cada uno hacía alarde de sus fuentes informativas. Era frecuente encontrar el encabezado “Especial para…” seguido del nombre del impreso.

Los enlaces con distintas agencias de noticias acabaron con la homogeneidad informativa impuesta por la Convención Telegráfica celebrada entre Costa Rica, Nicaragua y la Compañía del Cable en la década de 1880. Este convenio permitía que los impresos nacionales obtuvieran 2.000 palabras diarias de información internacional.

La introducción de varias agencias de noticias causó una oferta informativa que superaba los espacios disponibles en los periódicos, por lo que estas empresas debieron ensayar nuevas estrategias para aprovechar hasta el último cable.

El 4 de agosto de 1914, La Información comunicó: “[Pondremos] pizarras colocadas en los balcones de nuestro edificio que enunciarán al público los hechos salientes de las noticias que nos lleguen”. Además, ese mismo día publicó una edición extraordinaria dedicada casi enteramente a la guerra europea.

Ese mismo año, El Correo de la Costa replicó esa táctica en Puntarenas. En sus pequeñas oficinas instalaron pizarras donde colocaban extractos de noticias, que luego publicaban en avances y vendían a cinco céntimos (la mitad del valor del periódico).

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En 1915, El Correo del Atlántico creó una sala de lectura donde los cartagineses podían leer los cables que a diario llegaban, y también consultar mapas y periódicos extranjeros.

Las empresas tipográficas costarricenses diversificaron su oferta durante la guerra. De sus prensas salieron diarios, pero también folletos y mapas. Así, en agosto de 1914, la Imprenta del Comercio ofrecía “grandes mapas del teatro de la guerra europea litografiados y en colores”.

Apoyo extranjero. Durante los primeros meses de la guerra, los periódicos se beneficiaron de la ayuda de las colonias extranjeras residentes en Costa Rica, la cual condicionó su independencia llevándolos a apoyar a uno u otro de los bandos involucrados.

Los consulados y embajadas de las naciones beligerantes proporcionaron información a los periódicos. Por ejemplo, el diario católico La Época fue el primero en anunciar la muerte del archiduque Francisco Fernando pues el cónsul de Austria entregó un cable que había recibido en la mañana del 30 de junio. Los ingleses suministraban boletines oficiales al diario La Información , que publicó 58 entre junio y diciembre de 1914, según lo confirma la historiadora Patricia Vega.

Los extranjeros también brindaron su apoyo dando, a los impresos, su publicidad o inyectándoles capital. Durante el primer semestre de conflicto, La Época y El Correo del Atlántico (dos periódicos germanófilos) publicaron constantemente avisos de negocios alemanes. El segundo recibía ¢ 2.500 cada mes de parte de los teutones.

La Gran Guerra representó una oportunidad para que el periodismo de empresa se impusiera sobre el tradicional periodismo político. Conforme pasaron los meses, la información del conflicto inundó las planas de los diarios y los semanarios costarricenses instaurando definitivamente la inmediatez y la modernidad informativa.

El autores docente de Estudios Sociales y estudiante de la licenciatura en Periodismo de la Universidad de Costa Rica.

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