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Gabriel Silva viaja por geografías de ensueño en su reciente exhibición

Actualizado el 27 de abril de 2014 a las 12:00 am

El artista colombiano ofrece paisajes imposibles en la Galería de Klaus Steinmetz

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Gabriel Silva viaja por geografías de ensueño en su reciente exhibición

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'Fondo'.Óleo en tela. Fotografía: Gabriel Silva para LN.

“Ser pintor es absurdo”, dice con melodía colombiana un hombre de un metro setenta, ropa negra, tez de cal y ojos de miel. Él es Gabriel Silva. Él es pintor. Él ama su trabajo y piensa que existe una belleza absurda en recorrer los quebradizos terrenos de la imaginación y la memoria para luego transformarlos en colores que yacen sobre lienzos blancos.

Detrás de Gabriel se observa una boscosa cordillera policromática e irreal. Es un paisaje onírico y también uno de los notables cuadros que Silva ofrece en la galería Klaus Steinmetz Contemporary Art. La muestra se titula Obra reciente y reúne piezas que el pintor ha elaborado en los últimos diez años de su carrera, la cual remonta a la década de los 80.

Esta es la primera exposición que el artista bogotano realiza en nuestro país. “Conozco a Klaus Steinmetz desde hace varios años. Él ha traído pinturas mías a Costa Rica, pero no había existido la posibilidad de hacer una exhibición formal hasta hoy”, explica Gabriel, quien agrega que estaba deseoso de conocer nuestras tierras:

'Heno'. Óleo en tela. Fotografía: Gabriel Silva para LN.
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'Heno'. Óleo en tela. Fotografía: Gabriel Silva para LN.

–En Costa Rica hay un gran compromiso con la naturaleza, el cual no se percibe en otras naciones latinoamericanas porque los gobiernos de estas suelen atender los intereses de entes privados y no los de la ciudadanía. Esto me interesa mucho ya que la relación del humano con la naturaleza es lo que motiva mis obras.

Así, en cada trazo de color y belleza de Gabriel Silva se dibuja la preocupación por un planeta que está siendo abatido por la codicia humana. “Actualmente hay una explotación sin límites de la naturaleza. Las cosas no volverán a ser lo que eran antes. Esto me provoca un sentimiento de pérdida, como si nos hubieran expulsado del paraíso terrenal. En mis cuadros hay un mensaje que no es muy optimista: si el ser humano no cambia sus hábitos y la manera en que produce los bienes, a todos nos va a ir mal”, declara el artista.

Si bien un tema sombrío se pasea por estas tierras imaginadas, Gabriel Silva resalta el cambio estético que vivieron sus obras en los últimos seis años: pasaron de vivir en la nocturnidad del negro y la escala de grises a habitar un mundo de luz y de celebración cromática. “Pasé de un Apocalipsis a un Génesis”, dice el pintor.

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¿Cuál fue la causa de tal viraje? Su necesidad imperiosa de nunca sentirse cómodo como artista, de siempre explorar nuevos terrenos. “Sentí que podía realizar las pinturas negras de manera automática: me estaba repitiendo como artista. Empecé a pintar imágenes con colores vivos, iridiscentes. Debido a esto tuve que transformar completamente mi vida en el taller y atender nuevos problemas”, afirma Gabriel.

Para Silva, la iridiscencia de sus pinturas brilla tanto que se convierte en radiactiva. “Son paisajes plácidos, pero cromáticamente reflejan mutaciones y la polución. El tema de la explotación de los recursos naturales siempre está ahí”, explica.

El motivo de las obras recientes de Gabriel Silva es la relación entre el ser humano y la naturaleza. Fotografía: Marcela Bertozzi.
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El motivo de las obras recientes de Gabriel Silva es la relación entre el ser humano y la naturaleza. Fotografía: Marcela Bertozzi.

Pintor-explorador. Gabriel Silva es un explorador de paisajes imposibles, un pintor del terreno de los sueños. “Siempre me ha gustado el paisajismo; empero, cuando joven no sentí que ese tipo de arte fuese contemporáneo, y yo quería ser un pintor contemporáneo. Hace unos años pintaba de forma constante la figura humana en fondos abstractos, pero decidí retarme y tratar de reconfigurar el paisaje”, dice el artista y añade:

–Mi lucha como artista fue deshacerme de la figura humana como pretexto central de mis obras, y centrarme en lo que pasaba detrás.

En el taller de Gabriel no hay fotografías de paisajes; por lo tanto, las geografías de ensueño de este artista surgen de la imaginación y la memoria. “Hay algo de la pintura que me atrapó desde el inicio: la certeza de que lo que yo me imagine es posible”, externa Silva.

Para elaborar sus parajes, Gabriel mezcla diversos tipo de pintura, como el óleo, el acrílico y –aunque a él todavía le cuesta creerlo– la pintura fluorescente. “Trabajo de forma instintiva: coloco un lienzo en el piso y pinto sin recapacitar acerca de qué colores usaré. La reflexión empieza cuando termino la obra”, afirma.

‘Homo faber’. “Me gusta trabajar todo el tiempo. Pinto seis u ocho cuadros a la vez; no tengo la disciplina para concentrarme en solo uno”, dice Gabriel Silva, un pintor inquieto e imparable. Sus días transcurren en el taller ya que estar ahí es estar en dentro de su cabeza.

Obra sin título. Óleo en tela. Fotografía: Gabriel Silva para LN.
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Obra sin título. Óleo en tela. Fotografía: Gabriel Silva para LN.

“El arte genera conocimiento acerca del mundo, pero también acerca de nosotros mismos. Aguantarse a uno mismo en un taller durante ocho horas al día revela muchas cosas sobre la personalidad”, bromea el pintor.

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Cuando era niño, Gabriel Silva amaba dibujar y pintar de igual manera en que lo hace ahora; sin embargo, decidió estudiar publicidad al ingresar en la universidad. Terminó la carrera, pero nunca la ejerció.

Al salir de la universidad viajó a Europa. “Salí de Colombia sin saber qué hacer, aunque tenía una vaga intención de estudiar cine. En el viaje conocí a varios pintores y decidí que iba a hacer aquello que disfrutaba más: pintar. Me eduqué junto con ellos”, rememora Silva.

En 1979, Gabriel estudió dibujo y pintura en el Camden Arts Centre en Londres. Luego, en 1981, participó en unos talleres de grabado en París.

Silva residió durante 15 años en Francia. “Allá aprendí que el pintor se forma con el tiempo: hay que ser paciente. La pintura tiene sus leyes, es una entidad incontrolable. Hay que amansarla, no se le deben imponer cosas. Es un proceso lento. No es pintor el que quiere, sino el que puede”, explica Gabriel.

Las primeras imágenes que moldearon el paisaje pictórico de Gabriel Silva fueron las de la enciclopediaEl tesoro de la juventud . “Eran libros de mi hermano. Siempre me han gustado las historias”, confiesa el artista.

El pintor también menciona como influencias los libros de ciencia ficción –señala Crónicas marcianas , de Ray Bradbury– y el cine –destaca los filmes de Lars von Trier–. Hoy, Gabriel admira al pintor alemán Neo Rauch. “Se formó en la República Democrática de Alemania. Sus obras parten de los sueños. Siento que sus paisajes y personajes son afines a los míos. Me da un poco de miedo”, dice Silva.

Gabriel mira a su alrededor y piensa que el mundo se mueve demasiado rápido. Por esto aprecia cada día más el acto de pintar: es atemporal. “Tomo una brocha y hago los mismos gestos y movimientos que han hecho infinidad personas siglos atrás. A veces me pregunto: ¿qué estoy haciendo?”, expresa Silva casi incrédulo. Para él, pintar es absurdo; para él, pintar es algo bello.

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