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Una foto-arte de meteoros

Actualizado el 09 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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Una foto-arte de meteoros

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'Lluvia de meteoros', de Eduardo López.

Esta fotografía se llama Lluvia de meteoros ; fue portada de La Nación el 18 de noviembre de 1998 y es parte de un reportaje sobre una “lluvia de las Leónidas”, de las mayores lluvias de meteoros, de poco más de una hora. Tomé la foto a eso de las 4 horas en las faldas del volcán Irazú. Usé una película negativa a color Fuji ISO 400, pero decidiendo que sería revelada como ISO 1600. El ISO es el grado de sensibilidad a la luz.

Empleé una cámara análoga Nikon F5, de 35 mm con un lente Nikon 24 mm con su abertura al máximo de luminosidad (f/2.8) y una exposición sobre trípode de un minuto y 15 segundos. Usé un disparador por cable para evitar cualquier movimiento.

Se observan el trazo de las luces del carro de un agricultor que pasó al lado de la calle empedrada. Decidí iniciar la exposición de más de un minuto incluyendo las luces que dejaría el paso del vehículo. Lo hice bajo el riesgo de que las luces podrían quedar en exceso expuestas o iluminadas en relación al cielo, pero formaron una sensación dramática de explosión fulgurante. La composición coincidió con la línea de paso del meteoro del mayor tamaño visto en esa madrugada.

No fue fácil el revelado. Al “forzar” la sensibilidad de una película a otra que no es la propia, la técnica requiere procesar químicamente la película más tiempo que el establecido. Es muy crítico ese tiempo de más cuando se usa el primer químico: “revelador de color”. Unos segundos de más en este químico, y las tomas resultan sobreexpuestas; emplear poco tiempo deja las tomas en penumbras.

“Forzar la exposición” de un rollo de película es una técnica riesgosa y quizás propia del fotoperiodismo pues la noticia no puede esperar a que se ponga una película de mayor sensibilidad en la cámara. Sin embargo, en este caso, decidí no usar rollos de mayor sensibilidad (como ISO 1600). Empleé uno de ISO 400 para evitar que se apreciara el mayor grano de la película más sensible, aunque esto haría que la exposición fuese más incierta.

Al usarse cámara analógica, no hay forma de ver si las fotografías se exponen correctamente. El tiempo de exposición y el medidor de luz son referencias pobres en situaciones como esta.

Hoy, con las cámaras y programas digitales que utilizo, sigo creyendo que construyo y termino la imagen en el visor de la cámara, no en el monitor de la computadora. Pertenezco a esa generación de cambio de la fotografía analógica a la digital. El computador es sólo un papel más donde vemos la fotografía que nació en la cámara.

Encuentro una fuerte emoción en el retrato, un género que se olvida un poco en el periodismo de actualidad.

Desde mis primeras pruebas con una Pentax K-1000 y traveseando con una Rolleiflex de medio formato, quise hacer intensamente mis fotos. Siempre he gustado de que la vista pase sin exabruptos al leer las fotografías, pero esa lectura quiero que refleje la misma intensidad vivida al tomar la imagen. Soy un fotógrafo que gusta de ir de un extremo a otro, de la mirada triste a punto de la lágrima a la complicidad de dejar ir más allá de lo establecido.

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