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Mozart Guerra, desde Brasil

Escultor Mozart Guerra hipnotiza con fantasías de cuerda y color

Actualizado el 30 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Vitalidad e ironía 12 animales y geishas formados con delirantes patrones policromáticos seducen en la Galería Klaus Steinmetz

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Escultor Mozart Guerra hipnotiza con fantasías de cuerda y color

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Mozart Guerra trabaja en trance inducido por el delirante camino que dibujan sus cuerdas. Los estambres multicolor rodean esculturas detalladas que no podemos ver; lo que tenemos a la vista es una piel hipnótica e imponente.

“Hacerlas es casi hipnótico, algo parecido al yoga. Uno empieza a trabajar y no puede parar; sigue y sigue rodeando las piezas con cuerda”, describe, alegre, el artista.

El creador brasileño nació en Recife, pero reside en París desde 1992. Allí ha elaborado una obra caracterizada por sus figuras de poliestileno y estambre que critican, con humor, la relación entre humanos y animales, así como al hombre mismo en la sociedad actual.

12 de estas esculturas se exhibirán desde hoy y hasta enero. Se incluyen en la exposición múltiples figuras animales, pero también dos muestras de su serie más reciente, inspirada en las geishas de Kioto.

Detalle.  El trabajo de Mozart Guerra exige rigurosa labor manual. Pablo Montiel.
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Detalle. El trabajo de Mozart Guerra exige rigurosa labor manual. Pablo Montiel.

Con ironía. La obra de Guerra exige una ardua labor para alcanzar esa apariencia envolvente de la cuerda sobre la espuma. Algunas se esculpen directamente sobre el material, y otras se elaboran con molde; posteriormente, se rodean con ajustada cuerda.

“Es una escultura reesculpida con la cuerda. Hay muchos detalles que están escondidos. Es una construcción y una destrucción al mismo tiempo. La cuerda calza muy bien, pero esconde mucho”, explica Guerra. Para él, permite una “lectura topográfica” de la pieza, un refuerzo de su tridimensionalidad.

Para el artista, el cambio a la técnica de la cuerda le permitió descubrir las infinitas combinaciones posibles con el estambre. ‘Comencé con colores limitados porque en el mercado tenía un límite en la gama a escoger. Después encontré a unos fabricantes japoneses con una gama de colores que me interesa; como el pintor, quería el máximo de colores para mezclar’, recuerda.

Las figuras de animales se realizan en sus proporciones naturales, lo que exige al artista un estudio concienzudo de su anatomía. Cada escultura requiere de hasta tres semanas de trabajo.

“Me interesa la unión entre dos cosas: un realismo y fantasía”, declara Guerra, quien se formó como arquitecto y escenógrafo. Sus colores brotan de su historia : “Vengo de Brasil, una cultura de carnaval, de colores, de formas exuberantes. Eso está dentro de mi trabajo”.

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Estas piezas emulan trofeos de caza, que aparentan más vida que si fueran animales disecados: sus colores y detalles recuerdan que no hace falta matar a los animales para disfrutar de su estética.

Irónicas y poderosas, estas bestias capturan los dardos que arrojan los humanos contra sus dianas pintadas con cuerda. Se defienden con su belleza.

Su primera serie fue sobre los indígenas brasileños y criticó la situación de los pueblos oprimidos. “(Subraya) la ironía entre sociedad que teóricamente aprecia y defiende a los indios y, al mismo tiempo, los destruye y los ignora”, considera.

Del mismo modo hablan sus japonesas. “Las geishas son exuberantes con sus colores y formas, y tienen elegancia. En Brasil, esa sensación de exuberancia está asociada con gritos y barullo; las geishas no: son silenciosas”, describe.

Mozart Guerra se ha destacado por sus esculturas policromáticas y de compleja elaboración.
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Mozart Guerra se ha destacado por sus esculturas policromáticas y de compleja elaboración.

Guerra trabajó en Japón durante un tiempo, con un diseñador local. Allí tuvo oportunidad de conocer a las clásicas cortesanas en Kioto. ‘Kioto, que es la ciudad de las escuelas de las geishas. No fue destruida por los bombardeadas durante la Segunda Guerra Mundial. Encontramos los bares, casas y la materia tradicional’, cuenta Guerra.

Le fascinaron por el contraste entre lo callado y lo vibrante de sus personajes: ‘Son encantadoras, porque visualmente son muy fuertes, pero no hablan. No hacen sonido. Es muy extraño, porque estaba totalmente atraído por mujeres que no hacían sonidos. Cuando ríen, lo hacen sonido’.

La inauguración se celebrará desde la 1 p. m. en la Galería Klaus Steinmetz, contiguo a Plaza Rolex (San Rafael de Escazú). Al mismo tiempo, se estrenará el Espacio KSCA, de diseño costarricense.

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Fernando Chaves Espinach

fernando.chaves@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Coeditor del suplemento Viva de La Nación. Productor audiovisual y periodista graduado por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre literatura, artes visuales, cine y música.

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