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Elsa Bornemann y las voces de la niñez

Actualizado el 22 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Escritora esencial. Ha muerto una de las principales autoras de la literatura infantil de América Latina

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Elsa Bornemann y las voces de la niñez

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Una mujer rubia y delgada ascendió por la escalinata de la Biblioteca Nacional de Costa Rica. Fue en mayo de 1987, y era una de las figuras centrales de un congreso dedicado a la creación literaria dirigida a la niñez. Con mirada juguetona y sin soltar un cigarrillo, mostraba cierta timidez y una sonrisa cómplice. De ella se decía que era una de las autoras centrales de la industria editorial latinoamericana; de ella también se mencionaba que sus libros habían sido censurados por una dictadura militar. Era Elsa Bornemann (Buenos Aires, 1952-2013).

Se había dicho que era maestra de educación preescolar –o “maestra jardinera”, como se decía en su país en aquel entonces–. Había obtenido su licenciatura en letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Años después, se convertiría en una doctora en literatura que haría estudios de medicina.

 Elsa Bornemann publicó más de 70 libros infantiles entre 1970 y el 2011. Falleció el 24 de mayo del 2013, tenía 61 años  .
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Elsa Bornemann publicó más de 70 libros infantiles entre 1970 y el 2011. Falleció el 24 de mayo del 2013, tenía 61 años .

Bornemann se comunicaba con fluidez en inglés, alemán, italiano, latín, griego clásico y hebreo; pero, más allá de ser poseedora de un curriculum vitae deslumbrante, era creadora de una amplia lista de libros que ya reconocían niñas y niños de América Latina y Europa.

Circo al revés. La autora apenas sobrepasaba los 23 años cuando publicó uno de sus libros más conocidos, Un elefante ocupa mucho espacio . Era una colección de 15 cuentos que presentaban un lenguaje poético y una ostensible capacidad imaginativa.

En ellos se hablaba de la libertad de la palabra y se tomaba como personaje a Pablo Neruda . En los cuentos se criticaba la incapacidad de autorrealización a causa de las ataduras familiares y se reafirmaba la posibilidad de que la niñez se enamorase.

El más polémico era el cuento que daba nombre a la colección. Trataba acerca de un elefante llamado Víctor que proponía iniciar una huelga en el circo. Los animales obligaron a los empleados y al director del circo a realizar maromas. Con ellos se organizó el primer espectáculo de hombres dirigido a los perros y los gatos del vecindario.

El empresario circense se vio obligado a contratar dos aviones para reenviar a los animales a su natal África. En uno de ellos viajaban las jirafas, los monos, el león y el loro. El otro avión solo era ocupado por Víctor “porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio”.

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Un elefante censurado. La obra suscitó prontos reconocimientos. En 1976, la organización International Board on Books for Young People (IBBY) la incluyó en el Cuadro de Honor del Premio Hans Christian Andersen por considerarla “un ejemplo sobresaliente de literatura con importancia internacional”.

Eran los tiempos de una dictadura militar en la Argentina. En octubre de 1977, Un elefante ocupa mucho espacio fue prohibido por el decreto 3.155, firmado por la Junta Militar. Esta sostuvo que los de Bornemann eran “cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo” y “que de su análisis surge una posición que agravia la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”.

De la obra circularon ejemplares y ediciones clandestinas. En 1984, el nuevo orden constitucional en la Argentina facilitó que el libro se publicara nuevamente dentro y fuera del país.

La historia del decreto se ha convertido en una referencia obligatoria en las historias de la literatura infantil de Latinoamérica. Este hecho evidencia cuán frágil es la producción artística destinada a la niñez, y cuán fuertes son las censuras a las que se puede exponer pues se rubrican bajo la suposición de que los pequeños lectores se encuentran en un proceso de formación.

Voces negadas. Así como Víctor –un elefante preso en un circo– asumió la capacidad de expresarse, también lo hacen otros personajes en la literatura de Elsa Bornemann. Ejemplo de ello es “El niño envuelto”.

Andrés, un pequeño de una inteligencia extraordinaria, habla en primera persona y se opone a la idea de que los bebés son traídos por una cigüeña, y más aún al mito de que aparecen envueltos dentro de un repollo.

En el cuento “Cuadernos de un delfín” se describe la historia de Simo, un cetáceo adolescente apresado para que forme parte de un espectáculo. Con precisión, la palabra poética se impone para proponer una reflexión sobre la libertad, la decisión de llevar una vida propia y el terror del cautiverio. Por esto se sienten tan identificados los niños y los jóvenes, al igual que el protagonista marítimo del libro.

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“Mil grullas” es uno de los cuentos más recordados del libro No somos irrompibles . Narra la historia de amor de Naomi Watanabe y Tashiro Ueda, quienes se enamoran a pesar de que acaban de abandonar la niñez. Les corresponde vivir momentos difíciles pues son protagonistas del Japón de 1945. La bomba atómica se hace sentir y tan solo queda una tradición que los vincula de por vida: la de hacer mil grullas de origami como si fuesen un discurso compartido, una forma de reivindicar el amor y de lograr la supervivencia.

Frankenstein toma la palabra en el libro ¡Socorro! Doce cuentos para caerse de miedo. Los monstruos no solo asustan ni provocan lástima; tienen razón de ser y hacen hablar a la niñez y a la juventud que la sociedad ha tipificado, de manera superficial, como ominosa y desconcertante.

Cartas y secretos. Sería conveniente recordarla como la vimos mientras subía las escalinatas de nuestra Biblioteca Nacional: una mujer rubia, con un humeante cigarrillo en sus manos. Era la que escribía, en el prólogo de su obra El libro de los chicos enamorados , su dirección postal y que pedía a las niñas y los niños que le enviasen cartas y le contaran de sus amores; les decía: “Prometo guardarles el secreto”.

De manera inesperada se anunció su muerte, en Buenos Aires. Ocurrió el 24 de mayo del 2013; la autora contaba con 61 años. Curiosamente, mucho tiempo antes, ella había escrito en un poema: “No me visites en mayo / pues te quedarás de pie. / ¡Qué cosa extraña sucede! / No puedo saber por qué. // Mis sillas quedan dormidas, / sueñan que son caballos. / Galopan enloquecidas… / No me visites en mayo. // No encuentro dónde sentarme / si quiero tomar el té. / No vengas a visitarme / pues te quedarás de pie. // Trotan al sol desbocadas / o se empapan cuando llueve… / ¡Ay, mis sillas encantadas! / ¡Qué cosa extraña sucede! // Sueño de sillas; caballos / sin crines que nadie ve… / No me visites en mayo… / No puedo saber por qué”.

El autor es escritor e investigador de literatura infantil, docente en la UCR y de la UNA.

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