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La polémica por la ortografía en Costa Rica

Actualizado el 23 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Problema escrito. Un fuerte debate sobre la reforma educativa de 1973 se libró en la prensa

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La polémica por la ortografía en Costa Rica

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El 23 de noviembre de 1979, en la Página Quince del periódico La Nación, el reconocido politólogo Samuel Stone publicó un artículo llamado “Las reformas educativas”, en el que indicaba: “En los últimos años me ha tocado corregir exámenes universitarios manuscritos de muy distintos orígenes, con errores de ortografía como los siguientes, repetidos hasta nueve veces cada uno en algunos casos”.

De seguido, Stone anotó casi un centenar de palabras mal escritas (“concidera”, “fizcal”, “hubican”, entre otras), y se preguntó: “¿Cómo pasaron estos alumnos la primaria? ¿Cómo pasaron la secundaria? ¿Cómo ingresaron a la Universidad? ¿Dónde empieza esto y dónde termina? Implica consecuencias muy costosas para nuestro país. Si hacemos las reformas, no olvidemos la importancia de las bases, ni tampoco perdamos de vista que el plato no siempre refleja fielmente el menú”.

Inteligencia. Las inquietudes de Stone fueron respondidas el 12 de diciembre por Óscar Chavarría Aguilar, un lingüista costarricense graduado de la Universidad de Pensilvania en 1952, quien hizo una brillante carrera académica en Estados Unidos antes de regresar a Costa Rica en 1977 e incorporarse como profesor en la Universidad Nacional (los datos proceden del obituario publicado en septiembre del año 2005 por Jack O’Brien en The Tico Times ).

En un artículo titulado “En defensa del ortógrafo confuso” que circuló en el diario La República, Chavarría señaló que la mayoría de los errores ortográficos reportados por Stone “representan los antiguos problemas de siempre: s o c o z, y o ll, v o b, h o nada, problemas que nacen de la ambigüedad del sistema ortográfico y no de un afán por la mala ortografía”.

Por tanto, “la conclusión ineludible es entonces que existe una relación directa y estrecha entre la buena ortografía y el hábito de la lectura: el que mucho lee bien escribe, como quien dice a manera de refrán”.

Relación de errores que Samuel Stone halló en exámenes universitarios. Archivo de La Nación.
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Relación de errores que Samuel Stone halló en exámenes universitarios. Archivo de La Nación.

Expuesto lo anterior, Chavarría afirmó categóricamente que la ortografía, buena o mala, tenía muy poco –o nada que ver– con la inteligencia. Además, en respuesta a las preguntas formuladas por Stone, indicó que las evaluaciones para pasar de un nivel educativo a otro, se centraban en los contenidos medulares y no en los aspectos superficiales de lo aprendido, como la ortografía. Desafiantemente, Chavarría concluyó: “Seré perverso, más prefiero mil veces a quien me escriba ‘doz y doz son cuatro’ a quien me escriba ‘dos y dos son cinco’”.

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Contraataque. Casi en el umbral del día de Navidad de 1979, Stone replicó a los cuestionamientos precedentes con dos argumentos básicos. El primero consistió en sugerir que Chavarría estaba identificado con la “educación progresista”, entendida como un “laissez-faire académico” que, con tal de fomentar la creatividad de la juventud, prescindía de los exámenes y permitía que el estudiante “hiciera lo que le viniera en gana”.

El segundo razonamiento de Stone se centró en destacar que la buena ortografía era imprescindible tanto para apropiarse debidamente de los conocimientos fundamentales de las distintas ciencias como para lograr un nivel de inteligibilidad básica en la comunicación escrita.

Stone añadió con ironía: “Por eso me es difícil creer que los criterios de aprovechamiento del picadiyo vayan a los contenidos medulares del challote”.

En un artículo publicado también en la Página Quince de La Nación el 17 de enero de 1980, otro politólogo, Rodolfo Cerdas Cruz, amplió y reforzó los puntos de vista de Stone:

“Nuestro país sufre de una crisis educacional de proporciones no determinadas aún, por lo gigantescas. Toda la estructura educacional, de la preprimaria hasta la superior universitaria, ha ido permitiendo una mediocrización brutal de nuestra enseñanza y cultura”.

Para Cerdas, “la respuesta a la pregunta del Dr. Stone de cómo fue posible que jóvenes inteligentes lleguen [a la universidad] en un estado de indigencia intelectual semejante, sólo es posible hallarla en el sistema educacional nuestro: muelle, facilón, superficial e irresponsable, sin exigencia de ninguna especie y preocupado últimamente, cuando más, por una verbosidad pseudoprogresista y definitivamente demagógica de una falsa democratización de la enseñanza. En una palabra, es la ‘teoría del pobrecito’”.

Trasfondo. Cabe aclarar que, al escribir sus artículos, Stone y Cerdas siempre tuvieron como marco de referencia la reforma educativa de 1973.

Tal reforma fue impulsada por el ministro Uladislao Gámez Solano y conocida como Plan Nacional de Desarrollo Educativo (PNDE). En 1970, cuando Gámez asumió el Ministerio de Educación Pública (MEP), Costa Rica no había logrado universalizar la primaria de seis grados, y la cobertura en la enseñanza secundaria, calculada con base en la población de 13 a 17 años, era de apenas un 36 %.

Esa proporción era casi similar a la de las personas que terminaban el sexto grado a inicios de la década de 1960 (un rezago de diez años).

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Con la puesta en práctica del PNDE, la cobertura en la segunda enseñanza ascendió a 62 % en 1979, un aumento que se basó en la incorporación sostenida de estudiantes procedentes de los sectores populares urbanos y de familias asentadas en áreas rurales distantes.

En esa etapa inicial resultó evidente la profunda contradicción que había entre los crecientes recursos financieros que el Estado dedicaba a la educación y los limitados resultados conseguidos por el conjunto de los estudiantes (una parte considerable de los jóvenes eran los primeros miembros de sus familias que asistían al colegio).

Pedagogismo. Desde la década de 1950, en lo que ahora es la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica (UCR), empezó el desarrollo de un pedagogismo que privilegiaba la forma de la enseñanza más que sus contenidos, indicó el ministro Guillermo Malavassi Vargas en enero de 1968.

Reforzados por la Ley de Carrera Docente de 1970, los pedagogistas ya ocupaban posiciones estratégicas en la UCR y en el MEP. Así influyeron decisivamente en la reforma de 1973, al lograr que se eliminara el examen de bachillerato, que se practicasen las promociones automáticas, que se permitiera a los estudiantes arrastrar materias y que, en general, se flexibilizara todo el sistema de evaluación. Por esta vía, la contradicción entre los costos crecientes y el bajo desempeño de los estudiantes fue superada de manera parcial.

Stone y Cerdas escribieron sus artículos contra esos cambios. Por efecto de la polémica, ellos dejaron la impresión de que Chavarría –quien no vivió en Costa Rica mientras se puso en práctica el PNDE– estaba identificado con ese proceso, algo que no parece haber sido cierto.

Es incorrecta la afirmación de Cerdas de que la democratización de la enseñanza fue falsa: el acceso a la secundaria casi se duplicó en menos de diez años, pero con un elevadísimo costo en la calidad.

En efecto, varias investigaciones realizadas entre finales de la década de 1970 e inicios de la de 1980 mostraron que los estudiantes de colegios públicos y privados tendían a estancarse o a retroceder, en lugar de avanzar en el desarrollo del pensamiento abstracto y de la capacidad de expresión escrita.

En el año 2010, la lingüista Laura Casasa Núñez señalaba que, un cuarto de siglo después, el panorama casi no había variado, tras recordar los resultados de un estudio dado a conocer en 1985 que mostraba los problemas de expresión escrita de los estudiantes universitarios costarricenses.

Casasa vaticinó que la situación sería igual en el año 2035 de no realizarse cambios profundos en los programas de primaria y secundaria.

Kada bes maz serkano, hese porbenir lla caci noz halcansa.

El autor es historiador y miembro del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericana de la UCR. Este artículo sintetiza algunos aspectos de su próximo libro: ‘La educación en Costa Rica de la época colonial al presente’.

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