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Documentos y manuscritos retratan a Carlos Luis Fallas y Clodomiro Picado

Actualizado el 31 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Las versiones de ‘Mamita Yunai’ están disponibles en diversos idiomas

También hay cartas que Clodomiro Picado intercambió con Instituto Pasteur

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Documentos y manuscritos retratan a Carlos Luis Fallas y Clodomiro Picado

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Imaginar a Carlos Luis Fallas (Calufa) frente a su máquina de escribir, dándole forma a Mamita Yunai, o al destacado científico Clodomiro Picado Twight (Clorito) escribiendo las cartas que intercambiaba con el Instituto Pasteur, será fácil para quienes se acercan al Archivo Nacional, ubicado en Zapote.

En ese lugar, el Archivo Histórico resguarda y tiene a disposición del público fondos documentales de estos personajes.

Entre la colección de Calufa destacan cartas, manuscritos, un dibujo y varios libros. “Me llamaron la atención los manuscritos, borradores que él tenía. También los libros en cualquier cantidad de idiomas. Sus obras se tradujeron mucho”, recordó la archivista Gabriela Moya, quien hizo el inventario de los documentos donados por la hija política de Fallas, Rosibel Morera.

Morera, quien también es escritora, heredó estos materiales tras la muerte de su madre, Zahyra Agüero, quien estuvo casada con Carlos Luis Fallas.

Las cartas y documentos, reconocidos por el mismo Archivo como de importancia histórica y científica, acercan a la cotidianidad de Calufa. Así, quienes se atrevan a explorarlos conocerán las anotaciones de su puño y letra, e incluso la respuesta del autor a la carta de un joven de 15 años, quien decía sentirse “apaleado por la vida”.

“No es usted el primer muchacho que a los quince años de edad se siente así; ni será el último tampoco, lamentablemente”, contestó el autor de Mi Madrina.

O bien, correspondencia que data del 23 de marzo de 1962, en la que José Luis Coto Conde, de la Fundación William Faulkner, le informaba a Calufa que tenían interés de seleccionar la mejor obra escrita en cada país latinoamericano, “a partir de la Segunda Guerra Mundial” y, por ello, le pedía entre tres y cuatro ejemplares de su novela Marcos Ramírez .

Sobre la misma carta y con tinta azul, Calufa consignó haberle cedido dos ejemplares de la publicación a Coto Conde.

La riqueza de este material es reconocida por la archivista Gabriela Moya. “Desde el punto de vista literario, Calufa era un genio; la forma en que él escribía, como se dice popularmente ‘en arroz y frijoles’, hacía que se comprendieran sus textos. Por otro lado, desde el punto de vista político, él era de izquierda, un espíritu rebelde, también fue importante para nuestro país en ese campo”.

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Investigador. Otro destacado costarricense al que también se le puede conocer a través de sus cartas y recortes de periódico es el padre de la microbiología en el país, Clodomiro Picado.

El Archivo Nacional rescató sus documentos del Laboratorio Clínico del Hospital San Juan de Dios , donde él ejerció como director. El proceso fue largo pues, según Luis Carlos Rojas, profesional del Departamento de Servicios Archivísticos Externos, se inició en el 2009.

Ahora, el material está disponible para consulta del público y en él se aprecian fotografías de serpientes, recortes de periódicos en que se habla del laboratorio clínico del hospital y algunas de las anotaciones de Clorito.

Pero, para Rojas, lo más interesante es “la correspondencia que se puede encontrar porque sus cartas (con personas del Instituto Pasteur) eran claves en la elaboración de sueros antiofídicos”. El espíritu inquieto y creador de Picado lo llevó a investigar en otros campos; de ahí que llamen la atención el catálogo de avifauna, estudio sobre hormigas de Costa Rica y el diario de botica del Laboratorio Bacteriológico, que se encontraron entre sus cosas.

Bicarbonato. Quienes se acerquen a este fondo documental conocerán algo tan particular como pedidos de “una libra de bicarbonato y un paquete de algodón” que hacía Picado.

El patrimonio que alberga el Archivo Nacional es único, destacó Gabriela Moya. “El valor de las piezas documentales que tenemos acá no podría compararse con el dinero de un banco (...); no hay dinero en el mundo que pueda pagar la importancia de un documento. Por eso, somos tan celosos, porque resguardamos la memoria del país”, manifestó.

Para consultar los documentos, solo se requiere contar con cédula vigente y visitar el Archivo Nacional, de lunes a viernes, de 8 a. m. a 3 p. m.

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Monserrath Vargas L.

movargas@nacion.com

Periodista de ciencia y tecnología

Redactora en la sección de Aldea Global de La Nación. Periodista graduada por la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre ciencia y tecnología.

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