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El Conservatorio de Castella exhibe arte

Actualizado el 16 de junio de 2013 a las 12:00 am

16 artistas, 36 obras. En la Galería Nacional, el Conservatorio de Castella ofrece una exposición de exalumnos por el 60.º aniversario del colegio

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En la Galería Nacional, un aire de familia cruza las puertas entre las vastas, varias, blancas salas. En total, 18 exalumnos del Conservatorio de Castella exponen 36 obras bidimensionales o tridimensionales como un homenaje a su colegio, que cumple 60 años en plena juventud, y al fundador, Arnoldo Herrera González (1923-1996).

La exposición se llama Crónicas de arcilla y de pintura , y lo sorprendente es que, habiendo salido de la misma casa educativa, las obras de un autor no se parecen a las de otro: todas son disímiles entre sí, cual hijos de un mismo apellido (Castella), pero con distintos rostros. Una estilizada escultura de mármol se posa al lado de una delicada acuarela; un acrílico multicolor descansa junto a una serigrafía, y así...

En esa diversidad está el secreto de la educación impartida por el Conservatorio: ofrecer cultura y métodos, pero también estimular las diversas personalidades; es decir, respetar las diferencias naturales que hay entre los estudiantes.

“No imitar, sino crear para crecer; y crear en libertad forma la diversidad”, afirma Andrea Gätjens, curadora de la exposición y exalumna del Castella, como todos quienes han intervenido en la realización de esta muestra de arte.

“En el Castella se nos enseñó a ser independientes. Las clases de arte de primaria eran para todo un grado, pero, en la secundaria, cada uno decidía en cuál área deseaba especializarse. Los de un mismo nivel de artes plásticas escogíamos dibujo, acuarela, pintura, grabado, escultura o experimentación”, recuerda Sebastián Mello, director de la Galería Nacional y egresado del Conservatorio en 1995.

“Estuve en la inauguración, el 6 de junio, el día en el que mi papá habría cumplido noventa años. Fue muy emocionante ver una pequeña muestra de su trabajo como escultor de personas”, dice el periodista Mauricio Herrera Ulloa, hijo del fundador del Conservatorio.

La idea de esta exposición salió del Conservatorio, y comenzaron a aplicarla el escultor Aquiles con Erika Campos y Pilar Quesada –los tres, profesores en el Conservatorio–, y Fernando Guerrero, promotor cultural del Castella.

El más veterano del grupo (promoción de 1972) es Aquiles ( Aquiles Jiménez), quien ofrece tres piezas: Peñasco 2 (mármol), Guardián de la noche (mármol) y Nocturna 2 (bronce): estilizadas, pero evocadoras de un ave o un felino.

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También en escultura, Alexánder Ramírez brinda dos obras metálicas de gran tamaño: Renacer y África . La artista Tzeitel Hernández aporta tres estructuras de hierro, vidrio y cerámica: Estratos de un árbol subterráneo, Espacio anidado y Jardín colgante . A su vez, Ángel Lara exhibe dos obras verticales de metal: Orquídeas 1 y Orquídeas 2 . Natalia Cordero expone Doña Esperanza , pieza pequeña de bronce, donde figura una anciana.

La acuarela está representada por Otto Fonseca Ceciliano con dos retratos de campesinos, y por Juan Carlos Camacho, quien exhibe tres finos cuadros de ambiente de playa y mar.

La pintura acrílica se luce con Estructura y casa , obra de gran formato de Manuel Zumbado, y con Modismo controlado y Principio de un modismo , cuadros también amplios, de José Pablo Solís.

Fabrizio Arrieta está presente con dos acrílicos “arquitectónicos” de mediano formato: Paisaje mental n.º 4 y Paisaje mental n.º 6.

Natalia Morales brinda dos bocetos de un mural pintado para la Asamblea Legislativa: Desplazamiento, encuentro y consistencia, en técnica mixta. También la emplea Lucía Howell en su cuadro Helado de fresa, de mediano formato.

A técnicas menos habituales apelan Marco Chía en Dianas y en la irónica La penúltima escena (carbón, caseína y cera en ambas obras). Ary Bulgarelli aporta Psicomagia para principiantes , una colografía (grabado que presenta adhesiones en relieve).

Sebastián Mello brinda la serigrafía Mancha urbana , una escena de una calle neoyorquina en verdes y rojos. En rojo –y negro– también aparecen en Espera y Regreso , de Jeffry Gibbs Ulloa. Son dibujos a lápiz de cera y con veladuras en tinta de colores que varían su tono según sea la absorción del material.

David Garrigues exhibe Fragilidad y Dolencia en las entrañas , y cuatro piezas llamadas Descomposición urbana : expresionismo realizado con ácidos muriático, férrico y ferroso, más aceite de carro y goma como aglutinante. “Estas obras son parte de una serie de más de 50 pinturas realizadas mediante la descomposición y la agresión al material”, indica Garrigues.

Por su parte, Desenfreno nauseabundo es un tríptico en grabado según fotografías, de Elena Valverde, la más joven de la exposición y aún alumna del Conservatorio.

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Arnoldo Herrera decía: “Aquí, el niño tiene el pan del tamaño de su hambre y el zapato del tamaño de su pie”: sabias metáforas de un hombre del tamaño de su obra.

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