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Cien años del voto directo en Costa Rica

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

En 1913. Nuestro sistema electoral se modernizó por obra de Ricardo Jiménez

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Cien años del voto directo en Costa Rica

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Hace cien años, en agosto de 1913, el Congreso de Costa Rica aprobó una nueva ley de elecciones que estableció el voto directo. Con esta reforma desapareció el sistema electoral de dos vueltas, vigente desde 1847, que establecía que, en la primera ronda, los ciudadanos escogían “electores”, y, en la segunda, estos últimos elegían al presidente de la República, a los diputados y a los regidores municipales.

Según lo establecido en la Constitución de 1871 y en las leyes electorales de 1889 y 1893, el nombramiento de los electores regía por cuatro años, período en el cual elegían a los diputados en los comicios de medio período (el Congreso se renovaba por mitad bienalmente), y a los regidores cada año. Además, los electores podían ser reelectos de manera indefinida.

Electores. La Constitución de 1871 establecía que, para ser elector de segundo grado, se requería tener 21 años cumplidos, saber leer y escribir, y ser propietario de por lo menos quinientos pesos o tener un ingreso anual de doscientos. Debido a estas disposiciones, algunos investigadores han planteado que los puestos de electores fueron concentrados por la llamada “oligarquía cafetalera”.

Sin embargo, de los requisitos señalados, el más restrictivo era el referente a la alfabetización pues, desde inicios de la década de 1870, los salarios mensuales de los peones agrícolas fluctuaban entre 25 y 30 pesos. Ahora bien, con la expansión educativa ocurrida en el último tercio del siglo XIX, más personas, de diversas condiciones sociales, aprendieron a leer y a escribir.

Un análisis de los electores escogidos en el período 1897-1909, cuya ocupación se conoce, muestra que, aunque la participación de los sectores más humildes era todavía muy reducida, cerca del 70% de estas personas eran pequeños y medianos agricultores, ganaderos, comerciantes, patronos artesanales, dueños de modestos locales comerciales (pulperías, en particular) y trabajadores por cuenta propia. Además, el 62,2% de los electores eran de áreas rurales.

De acuerdo con el historiador Orlando Salazar , la primera iniciativa para establecer el voto directo fue planteada en 1890 por el diputado Félix Arcadio Montero ; pero el Congreso rechazó tal propuesta. Veinte años después, en mayo de 1910, Ricardo Jiménez , en su discurso inaugural como presidente, enfatizó que era necesario eliminar el sistema de dos vueltas.

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Cinco años antes, Jiménez había sometido al Congreso un ambicioso proyecto de reforma que, pese a que incluía diversos cambios, no introducía el voto directo. ¿Qué ocurrió entre 1905 y 1910 que convenció a Jiménez de recuperar la iniciativa planteada por Montero?

El fraude de 1906. En abril de 1906, al efectuarse la segunda ronda para elegir al presidente de la República, el gobierno de Ascensión Esquivel procedió de manera arbitraria contra los partidos de oposición y obligó a varias decenas de electores de segundo grado a votar por el candidato oficial, Cleto González Víquez . Presionado por el fuerte descontento que provocó su elección, en 1907 González Víquez presentó al Congreso un proyecto de reforma electoral cuya discusión se prolongó hasta 1909.

 Los candidatos  van a los campos en busca de votantes. Caricatura de Paco Hernández.   Ecos , 12 de julio de 1913.
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Los candidatos van a los campos en busca de votantes. Caricatura de Paco Hernández. Ecos , 12 de julio de 1913.

Uno de los cambios principales aprobados fue conferir inmunidad a los electores de segundo grado para evitar situaciones como las ocurridas en abril de 1906. Esta modificación reforzó la posición de poder de los electores –muchos pertenecientes a los liderazgos en el campo– en detrimento de las dirigencias principales de los partidos.

En este contexto, en 1910, Jiménez justificó la aprobación del voto directo porque “los electores de segundo grado [pueden] disponer á su arbitrio de su voto; y esa posibilidad puede ser causa […] de que, entre las elecciones de primer grado y las de segundo, se pongan en juego intrigas que sirvan para burlar el veredicto popular”.

Jiménez resaltó también que, como el cargo de elector “dura cuatro años, puede también suceder que elecciones hechas después del primer año estén por completo divorciadas de la opinión pública”.

Según Samuel Stone , hasta 1909 “las campañas electorales se habían llevado a cabo fundamentalmente en las grandes ciudades, sin la participación de habitantes de zonas rurales”. A partir de 1909, la política cambió pues Jiménez “decidió buscar el apoyo de la población rural, lo que hizo a través del líder denominado gamonal” (pequeño o mediano productor agrícola).

En razón de lo expuesto, se puede ahora corregir, de manera significativa, la interpretación de Stone. Por un lado, es evidente que desde mucho antes de 1909 había habido una participación mayoritaria de la población rural en los procesos electorales, y que el apoyo de las dirigencias locales –de las que formaban parte los gamonales– era esencial para triunfar en las elecciones de primer grado.

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Por otro lado, en vez de ser el que les abrió la puerta de la política nacional a esas dirigencias, Jiménez estaba profundamente preocupado por la influencia que esos líderes locales tenían en la política nacional mediante su participación como electores de segundo grado. Por este motivo, después del reforzamiento de la posición de poder de los electores tras la reforma de 1907-1909, Jiménez fue el principal impulsor del voto directo, un cambio ausente en su propuesta de 1905.

La reforma de 1913. El proyecto de reforma que Jiménez envió al Congreso para modificar la legislación electoral no sólo introducía el voto directo, sino que proponía establecer el sufragio secreto para los ciudadanos que sabían leer y escribir.

De ambos cambios, el que más preocupó a los partidos fue el relacionado con el voto secreto pues implicaba aumentar más los márgenes de incertidumbre para la próxima elección presidencial, que se haría en diciembre de 1913. Por este motivo, la innovación más radical incluida en el proyecto de reforma fue rechazada por el Congreso.

Pese a que se rechazó el voto secreto, la aprobación del sufragio directo tuvo un impacto profundo en la competencia electoral. Antes de 1913, los partidos confiaban en sus candidatos a electores de segundo grado para movilizar a los votantes en los comicios de primer grado; pero ahora debieron estructurar una organización mínima de alcance nacional para competir lo más eficientemente posible. La urgencia de hacerlo así fue incrementada porque, a partir de 1913, la elección se realizaría en un solo día, y no en dos, como lo había establecido la reforma de 1907-1909.

En respuesta a la modernización de la política costarricense, las dirigencias locales perdieron las posiciones de poder que tenían como electores de segundo grado, pero empezaron a organizar partidos de base provincial o cantonal para competir por puestos en el Congreso y en las municipalidades, especialmente durante los comicios de medio período.

A su vez, el electorado costarricense respondió a la aprobación del voto directo con una participación masiva ya que, en las elecciones de diciembre de 1913, el abstencionismo fue de apenas 18,9%, una proporción con la que los partidos políticos –que se preparan para competir en los comicios de febrero del 2014– apenas pueden soñar.

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