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Carlos Porras: Alberto Cañas, cronista de la transformación

Actualizado el 22 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Carlos Porras: Alberto Cañas, cronista de la transformación

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La energía que lo llevó a emprender desde su juventud de liceísta proyectos de la más variada índole, unida a su inteligencia privilegiada y a su temperamento firme, acabaron convirtiendo a Alberto Cañas Escalante en una de las figuras (ya podemos decir históricas) más brillantes de la Costa Rica del siglo XX.

Escritor, abogado, político, diplomático, académico y periodista, su labor fue pionera y transformadora en cada una de sus facetas. Durante su larga vida, le tocó ser testigo y protagonista de muchas transformaciones. En su faceta de literato, además, se ocupó casi podríamos decir obsesivamente, del desarrollo del país.

Aunque inició su carrera de escritor en 1946 con un libro de poemas titulado Elegía inmóvil , nunca más volvió a publicar poesía y se dedicó al teatro, la novela y el cuento. En el 2004, con la publicación del libro de cuentos Tanto esfuerzo para nada dio por terminada su obra literaria.

Conocedor y estudioso de nuestros problemas, nuestra historia y nuestro presente, tal parece que don Beto, a través de sus escritos, pretende retratar, interpretar y comprender la personalidad y la realidad costarricenses.

Aunque es apreciado ante todo como dramaturgo y cuentista, es en sus novelas donde resulta más evidente su mirada escrutadora a una sociedad que para él, como escritor, es su tema y su público, al mismo tiempo.

Al leer sus novelas, una idea queda clara: este país está cambiando. Estará por verse si para bien o para mal, pero el tiempo no tiene marcha atrás. Las transformaciones sorprenden a los protagonistas que creían estar en un mundo estable y los obligan a reaccionar a prisa, con la conciencia de que se juegan el futuro.

Chebito García, en Una casa en el Barrio del Carmen , se ve en apuros para evitar que la antigua casa de su familia se convierta en una estación de gasolina. Un ingenuo diputado rural, en Feliz año, Chaves Chaves repasa la víspera de año nuevo la bucólica vida de su pueblo, San Luis, que está a punto de cambiar abruptamente por uno de esos megaproyectos que, de vez en cuando, se discuten en la Asamblea Legislativa.

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La tía Tila, en la formidable novela cafetalera Los molinos de Dios , descubre con asombro cómo cada generación de su familia anda de modo diferente por caminos distintos. Todos los personajes de sus novelas observan que en Costa Rica ya nada es como antes y nunca volverá a serlo.

La lectura de sus novelas, más que un ejercicio de nostalgia, nos invita a reflexionar sobre lo que éramos y en lo que nos estamos convirtiendo.

Don Beto es el cronista de la transformación. Resulta simbólico que el escritor capaz de novelar la historia de Costa Rica, desde los cafetaleros que jugaban gallos con don Juanito Mora hasta los ejecutivos que hacen alianzas estratégicas con empresas globales, haya sido, además, una figura clave en el desarrollo de nuestro país.

La transformación de Costa Rica don Beto la presenció, la vivió y, en muchos aspectos, la realizó. Por si fuera poco, también la contó.

Sin embargo, queda claro que esa transformación de nuestro país, de la cual fue tanto cronista como protagonista, no fue de su agrado. La Costa Rica que llegó a ver Alberto Cañas Escalante en el siglo XXI no es la que él había imaginado, setenta años atrás, con sus compañeros de sueños y de esfuerzos.

A los jóvenes que, como él, rodeaban a Rodrigo Facio y planeaban la Costa Rica del futuro, al llegar a viejos, no les quedó más que resignarse al hecho de que los acontecimientos tomaron otro rumbo.

Este país debe agradecerle muchísimas cosas a don Beto Cañas, abogado, político, académico o periodista. Al literato le debemos el ingenio de su teatro y el delicado humor y sentimentalismo de sus cuentos.

Al Beto Cañas novelista, Costa Rica le debe la oportunidad de mirar su historia en un retrato hecho con tanto cariño como sentido crítico, con tanta nostalgia por el pasado como apertura hacia el futuro, y con tantas revelaciones como advertencias.

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