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La diplomacia del Brasil y Costa Rica durante la guerra contra los filibusteros

Actualizado el 14 de junio de 2015 a las 12:00 am

El autor es Armando Vargas Araya

Nuevo libro de historia: Brasil y Costa Rica en la Guerra Patria

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La diplomacia del Brasil y Costa Rica durante la guerra contra los filibusteros

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Carlos Pantoja Murillo cpantojamurillo@yahoo.es

No es noticia que Armando Vargas Araya publique un libro sobre historia costarricense. Desde hace años, este valioso intelectual se dedica a desentrañar pasajes y episodios de nuestra historia, datos e interpretaciones.

Lo que sí representa una novedad es que su más reciente investigación sea un estudio de caso en el ámbito de la diplomacia, un minucioso trabajo que requirió desplazarse al Brasil para revisar los archivos del Itamaraty –el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño–.

Complementado con fuentes locales e hispanoamericanas, el resultado es su libro Brasil y Costa Rica en la Guerra Patria. La obra fue presentada a un nutrido auditorio el 22 de mayo en la Universidad de Costa Rica, como su trabajo de incorporación a la Academia de Geografía e Historia. El libro relata los esfuerzos de nuestra incipiente república de ocho años, por lograr el respaldo logístico, apoyo o, cuando menos, simpatía de los gobiernos de Sudamérica.

El autor registra el flujo de información proveniente de las capitales hispanohablantes, de Estados Unidos, Francia e Inglaterra que enviaban a Río de Janeiro, capital del Imperio, sobre los acontecimientos bélicos.

La diplomacia del Brasil ante la Campaña Nacional de Costa Rica. Editorial Juricentro: tel. 2221-1407.
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La diplomacia del Brasil ante la Campaña Nacional de Costa Rica. Editorial Juricentro: tel. 2221-1407.

La documentación estudiada demuestra que el Gobierno imperial estaba nutrido por los relatos más actuales de la época. Sus decisiones correspondieron a una visión de su papel, inspirado en una doctrina desarrollada a partir de estar rodeado de naciones inestables y anárquicas, de no haber concluido aún la expansión iniciada por la corona portuguesa, de no involucrarse en alianzas, uniones o pactos que lo comprometieran militarmente.

El Imperio temía ser usado como escudo contra el expansionismo estadounidense, mientras que sus intereses marchaban en otra dirección y serían mejor atendidos por una diplomacia cortés pero distante de sus vecinos. Con mucha mayor razón, pensaron el ministro José Maria da Silva Paranhos y los responsables de las relaciones exteriores brasileñas, no tendría sentido asumir ninguna clase de compromiso regional.

Eso llevó a la automarginación del Imperio del Brasil de los tratados de la Unión Hispanoamericana, impulsados por los gobiernos de Chile, Ecuador y Perú; del tratado de Alianza y Confederación de los Estados Hispanoamericanos, suscrito en Washington; y de la invitación al Gran Congreso Americano convocado en San José para mayo de 1857.

A cada iniciativa dedica Armando Vargas Araya un capítulo, y en cada uno se evidencia cómo el Brasil asume prudente distancia, demostrando la constante reiteración de una política de no inmiscuirse en alianzas defensivas con las naciones hispanoamericanas.

Profusa en el empleo de documentación, estamos ante una obra que evidencia no solo la posición brasileña, sino también la del Gobierno de San José.

Las misiones que recorrieron Europa y América en busca de respaldo militar, en forma de instructores y armas, respaldo logístico y financiero –cuyo más significativo logro fue el crédito peruano–, y respaldo político materializado en notas diplomáticas e iniciativas multilaterales, como las tres estudiadas por Vargas Araya, muestran más que idealismo, decantándose bien por el primer deber de un Estado, que es su autopreservación, bien por convertir la propia visión en fuente de aliados y de alianzas.

Mucho queda por escribirse de esta gloriosa gesta y sus actores. El gran mérito de este aporte de Vargas Araya es trazar una senda nueva, como es el estudio de un actor particular, en este caso el Imperio del Brasil, y sacar a la superficie factores constantes a partir de tres episodios de iniciativas regionales.

Atrás quedan años de trabajo y el esfuerzo económico personal para obtener la documentación necesaria utilizada en el estudio.

Otra lección que nos deja esta obra es la necesidad de destinar recursos para crear becas, fondos de investigación concursables o, al menos, acervos documentales por parte de bancos, fundaciones o universidades.

Se necesita auspiciar nuevas investigaciones que, como este libro, enriquezcan nuestro conocimiento sobre la gesta central en la forja de la nacionalidad costarricense.

El autor desempeñó misiones diplomáticas en el Brasil y en México.

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