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Alberto Cañas: magia en el teatro y el relato, por Daniel Gallegos

Actualizado el 22 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Alberto Cañas: magia en el teatro y el relato, por Daniel Gallegos

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Al reflexionar sobre el valioso legado de Alberto Cañas, pienso que ningún otro escritor sintió el pálpito de la Costa Rica del siglo XX como él. Sus cuentos, ensayos, teatro y novelas lo demuestran ampliamente y, desde luego, su brillante e importantísima labor periodística.

En especial, destaca la columna Chisporroteos que, a través de los años, plasma el acontecer cotidiano lleno de importantes observaciones de tipo social, político y artístico, y utiliza el lenguaje vernacular costarricense, de manera fácil y amena, lo que es un notable acierto lingüístico.

En los años 60, leí su libro Aquí y ahora . Entonces pensé que Cañas era un magnífico escritor, maestro de una prosa inteligente, constructor de tramas y situaciones muy nuestras, en las que también se podía encontrar siempre un valioso trasfondo crítico.

Hoy, releo esos relatos y me sorprende la lucidez con la que Alberto ya anticipaba los cambios que podrían perfilarse en el carácter del costarricense finisecular y de principios del siglo actual, ante nuevos modelos de conducta.

Sobresale Una casa en el Barrio del Carmen , que es una joya de la literatura costarricense. Si Cañas hubiera escrito únicamente esta pequeña novela, habría sido suficiente para reconocerle sus dotes de gran escritor.

No es solo una historia de nostalgia sobre el pasado, sino también una reflexión sobre la Costa Rica que cambia y la incertidumbre que provocan esos cambios y, con ellos, las pérdida de algunos de nuestros grandes valores.

La demolición de la vieja casona del barrio del Carmen nos angustia por lo que ella simboliza. Experimentamos una pena semejante a la que sentimos al recordar los golpes con que destrozaban los viejos árboles del El jardín de los cerezos , en la obra teatral de Antón Chéjov.

La obra de Cañas me hace recordar a Chéjov. Con parecido humor y poder de observación, Cañas describe y ama a sus personajes; se ríe con ellos – nunca de ellos – y ellos, a su vez, son un símbolo de la sabiduría, ingenio y candor de nuestro pueblo. Para recordárnoslo, el autor nos lleva al mítico pueblo de San Luis, ese pueblo de su creación, ese mundo de esencia tan costarricense donde no será difícil reconocernos .

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Como Chéjov, es en la comedia donde Cañas da muestras de su más fino ingenio y temperamento; nos divierte su ironía y aguda crítica que responde, sin lugar a dudas, a una consistente postura ideológica.

En el amplio abanico de las propuestas teatrales de Cañas una de mis obras favoritas es Una bruja en el río. Pieza bien construida, con hermoso lenguaje e impresionantes rasgos líricos. Ninguna obra, desde Magdalena , de Ricardo Fernández, ha presentado un discurso feminista tan atrevido como el que encontramos en esta pieza .

Otra de mis comedias preferidas es Tarantela . Podría catalogarse como una comedia de enredos y doble identidad; gozamos de las sorpresas a que nos lleva la inteligente y bien construida trama. Su crítica demuestra cómo el costarricense está siendo víctima de la alienación consumista, aun en los estratos más modestos.

Dentro de esta línea, recuerdo con simpatía Operación TNT . ¿Quién no va a entender, en esta divertida comedia, la metáfora que nos ofrece el autor, al plantearnos la decisión que el Estado ha tomado de demoler el Teatro Nacional porque se ha descubierto un depósito de uranio en el subsuelo del venerado edificio? Cañas, con el fino estilete de su censura, disecciona con profundidad las perspectivas de un posible acontecer político.

Empero Cañas incursiona, con éxito, en dramas que versan sobre asuntos filosóficos, como son En agosto hizo dos años y Algo más que dos sueños , cuyos temas hacen referencia al misterio del tiempo y a la cambiante apariencia de la realidad.

Finalmente, tenemos La Segua , que, en mi opinión, es una de sus mejores obras. En esta pieza, revive los origenes de la leyenda dentro del marco poético de la Costa Rica colonial, y destaca por un excelente lenguaje poético. En ella, Cañas da una prueba definitiva de su poder como dramaturgo.

El teatro de Alberto Cañas es y será fundamental en la literatura dramática costarricense.

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