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Semblanza por su muerte

Marito Mortadela y la carrera artística que nunca despegó del piso

Actualizado el 10 de octubre de 2014 a las 01:57 pm

No era cantante, tampoco músico pero, por una cuestión de afecto popular, probablemente lo recordaremos como si fuera tal. Se le rememorará como un personaje pícaro, como un incansable amante de las notas a pesar de que, de su garganta, no salieran con el mejor tino. De hecho, cuando abría la boca se le entendía muy poco.

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Costa Rica conoció muy poco a Mario Gilberto Solano Quirós pero lo acogió en el corazón del paisaje josefino bajo un apodo que nació debido a su lengua rosada y gruesa: Marito Mortadela.

No era cantante, tampoco músico pero, por una cuestión de afecto popular, probablemente lo recordaremos como si fuera tal.

Se le rememorará como un personaje pícaro, como un incansable amante de las notas a pesar de que, de su garganta, no salieran con el mejor tino. De hecho, cuando abría la boca se le entendía muy poco.

En su reducido repertorio había una canción que decía algo así como "madreciiiiita queridaaaa, maaaaadre/ mamacita de mi vidaaaaaaa, yo te quieroooooo...". El tema se convirtió en su single número 1, en su canción predilecta que repitió a diario quién sabe cuántas veces por los más de 40 años de una carrera que nunca despegó del piso, en ese que se sentaba al lado de su inseparable balde blanco.

La presencia física y sonora de este personaje que se apostaba sobre la avenida central, se agotó el pasado ocho de octubre después de que sufriera un paro cardiorrespiratorio. Su vida acabó dos días después, en el Hospital San Juan de Dios. Por su fallecimiento, el próximo lunes faltará una escena que era parte de la rutina urbanística de la capital.

San José lo recibía cada mañana cuando llegaba proveniente de Los Cuadros de Guadalupe, donde vivía en una casa humilde bajo el cuidado de su hermana mayor. La historia era la misma todos los días, Marito abandonaba su residencia sin importar cómo pintara el clima o por qué página fuera el calendario; lo hacía respetando un código de vestimenta que él mismo se impuso y mantuvo hasta el final.

Marito Mortadela tocó sus primeras notas en la parada de Guadalupe en San José, antes de trasladarse a la avenida Central.
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Marito Mortadela tocó sus primeras notas en la parada de Guadalupe en San José, antes de trasladarse a la avenida Central. (Archivo /Garret Britton)

Así lo registró en el 2004 el periodista de La Nación Santiago Rosero: "Todas las mañanas llega bien peinado, limpio y con la camisa dentro del pantalón. No soporta tenerla afuera porque lo suyo es el feeling con las muchachas. A muchas les lanza algún piropo inentendible y ellas le responden con una sonrisa".Su cédula indicaba que había superado el medio siglo de vida (nació el 20 de noviembre de 1955), pero en el fondo este señor era un niño que detuvo el reloj a los 14 años, cuando falleció su madre, Esperanza Solano Quirós. "Me llamo Mario Bolaños Quirós, tengo 14 años y nací en la panza de mi mamá", le dijo a Rosero hace una década.

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A su madre le cantaba mientras caían las monedas de los transeúntes en su balde. Era todo lo que hacía; suficiente como para ganarse un espacio especial en el paisaje citadino o incluso en el recorrido de quienes transitan a diario por la que fuera la esquina de sus amores.

Marito causaba empatía de manera inevitable. Su presencia era difícil de ignorar. En 1995 el grupo nacional de punk Malditos de Verde ya le tenía una canción que llevaba su mote de título, mientras que, en este siglo, la banda Pimienta Negra le dedicó otra tonada. Más tarde Marito tuvo una vaca en su honor durante el Cow Parade.

El día de la inauguración, el entonces alcalde Johnny Araya celebró su presencia a su lado, mientras ambos aplaudían rodeados por la prensa y una multitud curiosa que tenía puesta la mirada sobre aquel pequeño hombre de gorra y lengua prominente.

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