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Tárcoles, Garabito, Puntarenas

El asombro se respira con el hombre cocodrilo

Actualizado el 25 de enero de 2013 a las 12:00 am

Dos primos ofrecen un espectáculo que a cualquiera le pondría la sangre tan fría como la de los cocodrilos que ellos alimentan frente a frente

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El asombro se respira con el hombre cocodrilo

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Luis Vargas parece pertenecer a una clase de seres humanos distinta, al verlo trabajar cualquiera se preguntaría si la sangre que corre por sus venas es fría, o si nadie le enseñó lo que es el temor.

Todo esto y más es lo que uno piensa cuando ve a este guía turístico bajar desde su lancha hasta la rivera del río Tárcoles, para atraer con su voz y un pedazo de pollo a alguno de los muchos cocodrilos que habitan esa cuenca. El objetivo: alimentar a reptiles de hasta seis metros, directamente con sus manos.

Esa actividad es la parte medular del llamado tour del hombre cocodrilo, en las aguas del Tárcoles.

Pero una cosa es que a uno le cuenten y otra verla con los propios ojos, por eso Viva el Tiempo Libre esperó a Vargas en su natal Tárcoles, para emprender con él y su primo Jason Vargas, esta aventura que los hace seres humanos dignos de admirar.

El tour del hombre cocodrilo comienza en un sencillo puerto de embarque, en la pequeña comunidad que lleva el mismo nombre.

Este viaje de 90 minutos es una suma de diversas actividades: observación de aves, reptiles, viaje al manglar de Guacalillo y el show del hombre cocodrilo, la actividad que más busca el visitante.

Tanto Jason como Luis realizan esta exhibición con los peligrosos reptiles, durante nuestro viaje correspondía el turno a Luis, el más nuevo en la actividad.

La embarcación, con turistas canadienses durante nuestra visita, comienza el recorrido río arriba.

Al igual que crecía la temperatura en el Pacífico central, dentro de la embarcación creció la expectativa por encontrar a uno de esos reptiles que viven en los grandes ríos y que se conocen no solo por su voracidad, sino por la velocidad con que realizan sus ataques.

Llegó la hora. Jason explicó que los guías en el río bautizaron a varios de los cocodrilos más conocidos. Quizás por estrategia comercial con el turista, o por esa jovialidad del tico, los animales tienen nombres de políticos, artistas y hasta terroristas.

El primero que Vargas divisó fue un cocodrilo macho, de unos cuatro metros de longitud. Era el que bautizaron Hugo Chávez, un ejemplar de unos 30 años, que perdió parte de la mandíbula superior en una pelea con otro vecino.

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La embarcación se detuvo, las cámaras fotográficas estaban preparadas, y Luis Vargas sabía que era la hora de jugarse la vida, todo para el deleite de quienes admiran la auténtica valentía.

No lleva ningún equipo, no tiene plan B, solo es él, la carne de pollo y sus nervios de acero. Con golpes en el agua llama al reptil y este responde. Una vez al frente, lo alimenta con tranquilidad.

De vuelta en la embarcación, a Luis, un hombre algo callado y sencillo, se le ve con otros ojos. El viaje aún tenía cuerda para rato.

Siguiendo río arriba, Jason observó a la distancia a otro viejo conocido, al rey del río, al mismísimo Osama bin Laden. El motor fuera de borda disminuyó su velocidad, poco a poco se acerca a la otra margen del Tárcoles, donde ese cocodrilo de seis metros de largo, aparentemente, descansaba a sus anchas.

Un encuentro como el que está por llegar, es el que la esposa e hija de Luis Vargas desearan que no ocurran .

Sin embargo, Vargas estaba nuevamente en el agua. El olor de la carne recordó al reptil que siempre es buen momento para comer. Su enorme cabeza, con su mandíbula abierta, se acercaron a este hombre cocodrilo. Entre la mano de este intrépido guía y los enormes colmillos del animal existía poca distancia.

Al final, el hombre sale ileso, pero él mismo sabe que es cuestión de segundos para que algo salga mal. No obstante, él no piensa ni quiere otra forma de ganarse la vida.

“Este trabajo es parte natural de uno, yo crecí en la zona y siempre será parte de uno (la interacción con los lagartos del Tárcoles)”, afirmó Luis.

Ver la naturalidad y tranquilidad con la que este puntarenense termina su faena y regresa a la embarcación, hace que cualquiera sienta que su trabajo es juego de niños. No obstante, en la zona no hay nadie más que él y su primo con el valor suficiente para repetir la aventura cuatro veces a día, durante todo el año.

Michael Quesada, de la agencia del tour del hombre cocodrilo, aseguró que son pocas las personas que no se impresionan al ver este encuentro entre el hombre y uno de los reptiles más peligrosos. El tour continuará, hasta que ellos decidan retirarse, o que la suerte no esté de su lado.

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