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San Bernardo de Bagaces, Guanacaste

Río Perdido invita a volar dentro de un cañón

Actualizado el 07 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

La semana pasada se estrenó el aerial canyoning de la Reserva Río Perdido, una atracción que dejará satisfechos a los más aventureros, a los sedientos de adrenalina y a los amantes del verdadero contacto con la naturaleza

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Con dos paredes de piedra de unos 50 metros de altura a cada lado, elevados a unos 15 metros del cauce de un río y con 40 metros de distancia hasta el siguiente punto, uno se lo puede tomar de dos formas: con temor y confiar en los múltiples sistemas de seguridad o, sencillamente, saltar con todas las fuerzas y disfrutar la descarga de adrenalina recorriendo el cuerpo.

Ese salto, denominado cable péndulo, es solo una de las diferentes partes del recorrido que incluye la nueva atracción aerial canyoning , de la Reserva Río Perdido, en San Bernardo de Bagaces , en Guanacaste.

Durante dos horas, y gracias a 1.300 metros de cables, el aventurero tendrá la oportunidad de recorrer dos cañones, en una zona de gran belleza escénica. La experiencia le permitirá, literalmente, sentir que vuela entre los cañones, sobre las aguas de dos ríos distintos.

A primera vista, cuando se dispone a comenzar el recorrido, lo primero que se piensa es que se está ante un nuevo canopy –conocido en inglés como zipline o como paso tirolés en Europa–. No obstante, José Manuel Pizarro, arquitecto responsable del diseño y construcción del aerial canyoning deja claro que dista mucho de ser un canopy .

“No los es, usted no va entre los árboles. Usted va volando por el cañón. Hay pocos lugares con estas condiciones; cañones sobran, pero, con estas condiciones... ¡No!”, aseguró Pizarro.

Las palabras se quedan cortas cuando se está frente a este lugar, escondido en este cantón guanacasteco. Hay que hacer un movimiento de 180 grados para disfrutar de este intenso paisaje, pero, se debe ir a su interior para vivirlo.

Este aerial canyoning comienza su recorrido desde tierra firme; por medio de una cuerda tipo tirolesa se ingresa al cañón. Luego de este primer viaje, se llega a la primera plataforma.

Se trata de una estructura anclada en la pared del cañón. Ahí verá, a unos 10 metros de profundidad, uno de los ríos. Si gira la cabeza a lo alto, verá cómo la roca se eleva, de forma imponente.

Cambio. Para continuar el recorrido, deberá cambiar de cable, similar al que se usa en los canopy ; en su lugar, lo sujetarán a un cable de gran resistencia, pero que cuelga de lo alto.

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Luego de unos segundos, llegará al tercer punto, una nueva plataforma anclada en la pared al frente del cañón.

¿Ya llegó a este punto?, bueno siguen las sorpresas. Ahora deberá escalar la pared de piedra, subir hasta 10 metros en algunos casos, usando lo que se conoce en escalada como vía ferrata, que no es otra cosa más que una escalera construida con piezas de metal, ancladas a la pared del cañón.

Los minutos transcurren, la temperatura puede llegar hasta los 31° C, pero gracias a la brisa y al agua que fluye bajo los pies, hay una refrescante la sensación.

Poco a poco se van recorriendo las 15 plataformas (nueve suspendidas en el aire); también hay un puente colgante y los otros pasos con cable. Pero no acaba ahí, falta un cable que bautizaron como Tarzán swing .

El arquitecto que diseñó esta genialidad o locura de travesía –depende de su grado de entusiasmo– es una excusa para atravesar una catarata.

Las personas se ubican en el extremo de la plataforma, se le aferra a un cable y luego da un salto de 15 metros, como el legendario hombre mono .

La sensación es tan intensa que el reto para todos es resistir las ganas de no gritar de la emoción.

Ese, en resumen, es el menú de este nuevo espacio para la aventura, del cable a la escalada, de saltar con un bejuco del bosque, a volar casi por 300 metros.

Decisión. Se debe ser claro en algunos aspectos: el recorrido es seguro, siempre y cuando se sigan todas las medidas de seguridad que, de manera estricta, aplican los guías.

Lo otro importante es que se debe estar decidido a realizar el recorrido, se debe tener corazón aventurero, no así ser un experto, porque se trata de una actividad que puede realizar un niño, a igual que un anciano.

Si por alguna razón una persona a medio recorrido siente que se le dificultará llegar al punto final, existen vías de salida.

El arquitecto Pizarro le garantiza al visitante que está en un proyecto seguro, que se construyó con planos sellados por el Colegio de Arquitectos y que sigue las normas de la American Society of Mechanical Engineers .

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En cuanto a la capacidad de los guías, son entrenados durante varias semanas por personas certificadas en los Estados Unidos en rescate vertical, escalada y canyoning . Además cuentan con un protocolo de atención en caso de accidentes.

Otro detalle interesante que al principio pasa inadvertido es que los cables tipo zipline o tirolesa son de fibra de carbono, en lugar de cables de acero, como se emplean en atracciones de canopy en el país.

Este cable soporta hasta 19 toneladas, más de cuatro veces lo que soporta uno de acero. Además, tiene una más vida útil y hace mucho menos ruido que uno de metal, lo que permite disfrutar más del recorrido.

La aventura es garantizada, los adictos a la adrenalina lo confirmarán.

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