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Tárcoles, Pacífico Central

Pescar, cuidar, disfrutar en un paseo en Tárcoles

Actualizado el 15 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Los amantes del mar, del vaivén de las olas sobre una lancha y de aprender a cuidar el planeta encontrarán en el tour de pesca artesanal responsable una alternativa a su medida, ideal para compartir en familia

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Danilo Morales trabajó como albañil, fue recolector de café, laboró como empleado en una popular tienda capitalina y hasta sembró árboles en La Sabana (los mismos que hoy están reemplazando ). Sin embargo, él y el mar estaban destinados a convivir; por eso, para este vecino de Tárcoles, en Garabito, Puntarenas, no hay un mejor oficio que el de pescador.

Lo que hace particular al capitán de la pequeña embarcación Perla del Pacífico no es su piel dorada por el sol, ni su acento con sabor a Pacífico o la forma jovial con que establece en segundos amenas conversaciones con quienes suben a su lancha. Lo singular en él es que pertenece al grupo de hombres que creen en la pesca artesanal responsable, esa que se apega a la ley y que entiende lo importantísimo que resulta cuidar los recursos naturales para el futuro.

La forma de pensar de este pescador, y de muchos de sus colegas que son parte del Consorcio por la Mar , es la que se transmite durante el tour de pesca responsable en Tárcoles.

Esta aventura es muy distinta a muchas otras, ya que busca crear conciencia, pero, al mismo tiempo, quiere que el visitante disfrute de la belleza del mar, de su olor y de sus frutos.

Punto de partida. Lo primero que Jeannette Naranjo y el resto de personas que laboran en el Consorcio por la Mar dejan claro es que no se trata de un paseo o tour para ir a pescar todo lo que sea posible, llenar las hieleras y regresar al área metropolitana con las anécdotas.

Este paseo tiene la misión de que cada persona que los visita experimente cómo es la vida de las personas que se dedican a la pesca artesanal responsable.

Lo ideal es llevar ropa cómoda, sandalias, gorra, pantaloneta para el agua y suficiente bloqueador solar.

El recorrido comienza con una corta charla, en la que explican los esfuerzos de los pescadores por crear el área marina de pesca responsable de Tárcoles.

Luego viajan al centro de acopio de la Cooperativa de Pescadores. Ahí, se vive mucho del día a día de estos trabajadores, se les ve llegar luego de una jornada nocturna en el Pacífico. También se escuchan sus testimonios, en los que narran anécdotas acerca de si la pesca fue mala y de su gran orgullo por la forma de ganarse la vida que eligieron.

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Otra parada obligada es la zona donde se ubican las lujadoras, mujeres que se ganan la vida quitando los nudos y ordenando las líneas de pesca, con el fin de que los pescadores puedan volver al mar.

Una de esas mujeres es Anayancy Alvarado, quien tiene 19 años a sus espaldas, dos hijos y desde hace casi una década aprendió el oficio de lujar. Por cada línea de pesca (que puede tener hasta 800 anzuelos) le pagan unos ¢5.000 y en esa tarea puede durar hasta seis horas.

Puede parecer poca paga; sin embargo, se convierte en una importante ayuda para llevar la leche a sus pequeños Tiffany Charlotte y Erick Jordany. Posiblemente, sus hijos aprenderán este oficio, mientras juegan entre redes de pesca y pangas que aguardan la próxima marea para volver al agua salada.

Al agua. Con una gorra roja, lentes oscuros de gran tamaño y una sonrisa pícara dibujada en su rostro, así aguardaba Danilo Morales a los turistas, antes de emprender el viaje por el mar de este paseo.

Su labor es la de capitán y, al mismo tiempo, de guía turístico. Él explica con facilidad qué caracteriza a un pescador artesanal responsable, lo cual permite saber que no se pueden usar técnicas como pesca de arrastre , emplear trasmallos no autorizados o irrespetar los tiempos de veda.

Mientras habla, la embarcación avanza sorteando pequeñas olas, hasta que se detiene en un punto no muy lejano de la costa. Es el momento para que los acompañantes aprendan haciendo; sus tripulantes le ayudan al pescador a colocar el trasmallo en el mar.

Luego, es el turno del turista de tomar una cuerda, arrojar el anzuelo y probar la experiencia. La paciencia y también un poco de suerte son importantes para ver el esfuerzo coronado.

Un par de horas después, se regresa a tierra firme. Si hubo pesca, quien desee se puede llevar un par de peces. Sin embargo, lo realmente importante es que aprendieron cómo pescadores como Danilo hacen cambios en su labor para defender el mar y darle un empleo a gente de la comunidad.

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