Cráter que sorprende

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      En el Poás existe bosque pluvial montano. ArchivoSiempre verde.
En el Poás existe bosque pluvial montano. ArchivoSiempre verde. ampliar

El Parque Nacional Volcán Poás tiene el reconocimiento de ser el área silvestre protegida con mayor visitación en todo el país, según datos del Instituto Costarricense de Turismo. A pesar de eso, son muchos los costarricenses que aún no lo conocen.

Razones para decidirse a ir sobran: desde ver un volcán que mantiene emisiones de gases en el cráter de 300 metros de profundidad, hasta caminar por un sendero donde la temperatura ronda los 12° C. A medio camino, se disfruta de la belleza de la laguna Botos, de 400 m de diámetro.

Si planea ir por primera vez, debe llevar una sombrilla, una capa o un poncho. Abrigo, guantes o bufanda siempre son una excelente compañía.

No se olvide de su cámara o su teléfono digital, porque tendrá lugares de sobra que va a querer inmortalizar con una fotografía.

Desde el punto donde le dejará el autobús o su automóvil y la zona de observación del cráter, hay varios cientos de metros; sin embargo, no se requiere tener una gran condición física para llegar, solo un poco de paciencia y no perder el entusiasmo.

Pero como todo esfuerzo en la vida, la recompensa es invaluable: una vista sorprendente de una parte de las casi 6.506 hectáreas que conforman este parque nacional.

Si al momento de su llegada no hay neblina, es posible que quede con la boca abierta, al ver la imponencia del paisaje volcánico.

Este paseo cae como anillo al dedo para quienes gustan de ir a su ritmo, sin tener que seguir a un guía o apegarse a horarios establecidos, para disfrutar de las atracciones naturales alrededor del volcán.

Hay senderos claramente demarcados, personal del sistema nacional de áreas de conservación y un centro de visitantes donde le explican las opciones para disfrutar y transitar.

En otro de los sectores del parque, hay una zona donde podrá hacer un pic-nic con sus emparedados, ensaladas de caracolitos con mayonesa y atún... Todo está permitido.

Quienes prefieren contribuir con la economía local, pueden disfrutar de un almuerzo o café en alguno de los restaurantes que hay en Poasito y Fraijanes, donde la oferta de comidas típicas está siempre presente. Además, le permitirá llevar a su casa queso fresco, natilla y fresas.

Otro punto que hace de este paseo una opción imposible de olvidar, es el camino para llegar hasta el parque. Ya sea que llegue por San Pedro de Poás, por la ruta de las hortensias (Fraijanes) o por Vara Blanca, en el recorrido encontrará verdes parajes, zonas cultivadas de fresas, ganado pastando y lecherías.

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Noticia La Nación: Cráter que sorprende