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Músicos en la avenida central atraen miradas de ticos y extranjeros

En San José, las calles se colorean con música

Actualizado el 18 de abril de 2016 a las 12:00 am

Instrumentos exóticos o hechos en casa se establecieron en la principal avenida de la capital y se roban la atención de los transeúntes. Chama, guitarrista, y Charlie, baterista, cuentan su motivación

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En San José, las calles se colorean con música

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(Video) Al ritmo de la calle (Kenneth Barrantes)

A Fabián Ruiz le toma unos ocho minutos “armarse” en la avenida central en San José. Buscamos el punto ideal durante 15 minutos, tratando de que su arte no quede frente a un comercio que no recibe bien a los músicos o cerca de otro colega.

Ruiz, Chama Ride para los conocidos, se prepara con un orden y una tranquilidad quirúrgica, todo lo contrario a como interpreta su guitarra-patineta.

Apenas lo ven sentándose, los que saben, se acercan. Cuando suenan las primera notas de rock , llegan más y más personas.

Enérgico.Chama dice que solo toca en la calle cuando siente las ganas. “Si no estoy convencido, no me va bien”, afirmó. Marcela Bertozzi
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Enérgico.Chama dice que solo toca en la calle cuando siente las ganas. “Si no estoy convencido, no me va bien”, afirmó. Marcela Bertozzi

La mayoría interrumpen su caminata entre paradas de buses o entre sus mandados, para acercarse a ver cómo es que logra sacar esas notas distorsionadas de la patineta.

“Esto aporta cultura, para que la gente no solo se entretenga con televisión. En la calle hay música y pintura; es bueno que vean algo diferente y se inspiren”, dice Ruiz, músico de 22 años.

La gente toma videos en su celular o aprovecha la oportunidad para hablar con un desconocido sobre lo que está pasando. Hay mucha socialización alrededor de estos espectáculos.

Para el 2015, un millón de personas transitaban diariamente el cantón central de San José.

Por eso, una avenida central llena de peatones es espacio ideal para los músicos como Chama, quienes quieren colorear con su música las calles y regalarles a los transeúntes de la ciudad un minuto de distracción.

Mensaje.Charlie es un baterista de Alajuela que armó su propio instrumento con materiales reciclados. Marcela Bertozzi
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Mensaje.Charlie es un baterista de Alajuela que armó su propio instrumento con materiales reciclados. Marcela Bertozzi

Un viernes por la tarde, como el que visitamos a Chama, se ven por todo el bulevar grupos de percusionistas con tambores africanos, a un hombre con didjeridoo –instrumento típico de Oceanía– o a otro con un sitar de la India.

También al señor del acordeón, al hombre en silla de ruedas que interpreta la trompeta cerca de la Universal por las noches y los señores que tocan boleros con guitarra y marimba frente a la librería Lehmann.

“Llamarles artistas de la calle puede sonar mal; son artistas emergentes en su mayoría y otros inclusive se presentan en escenarios formales también”, asegura Elliot González, de la Fundación Pausa Urbana, que impulsa este tipo de activaciones.

“Estos artistas emergentes se convierten en un atractivo para que la gente vaya al espacio público y esto genera otras perspectivas de la ciudad; deja de ser vista solo como un lugar de paso”, agregó González.

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La tradición de tener músicos en las calles no es nueva ni es tica. Desde la ciudad más cosmopolita hasta la más chica los tienen.

La portabilidad es de los elementos más importantes de los instrumentos para tocar en la calle.
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La portabilidad es de los elementos más importantes de los instrumentos para tocar en la calle.

Chama y de su amigo Charlie, que armó una batería de materiales reciclados, han estado en escenarios musicales “formales”, pero prefieren el espacio público y la convivencia que hay ahí.

“He tocado con varias bandas, en Hard Rock y más lugares, pero me di cuenta de que lo que cambia es el escenario, el artista sigue siendo el mismo”, comentó Carlos Charlie Arroyo, de 24 años.

Novedad. Charlie y Chama se conocieron mientras formaban parte de un grupo “con instrumentos de verdad”, como cuenta Arroyo.

Ambos son oriundos de Alajuela y, desde finales del año pasado, tocan en calles, plazas y parques sus instrumentos hechos en casa.

Charlie empezó juntando tarros de pintura, estañones de agua y platillos de batería que amigos ya no usaban. Su objetivo era reutilizar materiales.

Lo logró a la primera e, inmediatamente, instó a su amigo a inventarse algo similar.

Chama, guitarrista desde niño y patineto, combinó sus dos pasiones en el instrumento que hoy atrae multitudes.

Con la ayuda de un taladro, montó el puente y las cuerdas de una guitarra eléctrica en una tabla. Tardó 12 horas haciéndola, del ocaso al alba.

Para tocar el instrumento solo necesita un amplificador, sus manos y un recipiente de metal de los que se usan en las películas para esconder el whisky .

El primer día que fueron a tocar en Alajuela hicieron ¢25.000 y eso, más que plata, les dejó la satisfacción de que estaban haciendo algo bueno.

“En la calle llaman más la atención los instrumentos raros y a la gente le gusta mucho el mío, por dicha”, dice Chama en la avenida central josefina, después de una presentación con Charlie.

La experiencia de la calle, dice Charlie, le ayuda a demostrar que el buen músico no tiene que ser alguien lejano.

Él normalmente aprovecha la atención al final de cada espectáculo para dar un mensaje: “¡La música a la calle y la basura al basurero!”.

Polémica. Fue en la avenida central que el valor de estas actividades entró a ser tema de la agenda noticiosa.

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El 19 febrero del 2015, el grupo Olafo colgó un video de una presentación de ellos en el centro de San José. Allí se ve cómo la Policía Municipal los interrumpió para decirles que necesitaban un permiso para hacer música en la vía pública.

La reacción del público en el video fue la misma de muchos que lo reprodujeron: la música debía tener su espacio en San José.

“No están robando, no están haciéndole daño a nadie”, dice una señora en el video, que ya cuena unas 19.900 reproducciones.

Medios como CRHoy y Teletica atajaron el asunto estableciendo que estaban prohibidos los espectáculos en vía pública.

Marcelo Solano, director de Seguridad Ciudadana y Policía Municipal, estuvo en medio de esa polémica. Él afirmó entonces y aún ahora que el municipio nunca prohibió ni pretende prohibir estas actividades y que, en cambio, tratan de tener una agenda nutrida de actividades artísticas.

El incidente de Olafo dio pie a un recurso de amparo que la Sala IV resolvió en abril del 2015.

Solano explicó que después de que la Sala IV se pronunciara sobre el tema, la regulación continuó siendo la misma.

“Dos cosas esenciales del voto: que los ciudadanos son los dueños de cualquier espacio público y que la municipalidad es la que administra”, comentó Solano.

Él explicó que las presentaciones espontáneas son permitidas, pero otras en las que usen parlantes o tengan como objetivo vender algo “son sujetas a la administración y regulación de municipalidad”; es decir, requieren pedir permisos.

Elliot González, de Pausa Urbana, comenta que después de “el caso Olafo” se “detonaron” avales para realizar actividades.

Los oficiales, dijo el director de la Policía Municipal, solo se acercan a los músicos a pedir que no obstruyan el paso peatonal y las entradas de los comercios o que no usen amplificadores. En ocasiones, les emiten notificaciones.

Charlie y Chama han tenido pocos roces con la ley, pero Solano dice que sí es común que se reciban quejas a causa del ruido, sobre todo de parte de trabajadores el Banco Central, que obligan a los policías municipales a actuar.

Los músicos defienden su aporte. “La gente esta ansiosa de ver arte en la calle y todo lo hacemos es para compartir con ellos”, explicó Charlie, a quien le gustaría ver que más jóvenes tomen los espacios públicos para el arte.

De salida. A Charlie le toman 12 minutos armar su batería en la avenida, frente a varios comercios de ropa.

Además de los tarros plásticos, él acomoda unos tubos de PVC que tienen distintas longitudes; cada uno da una nota distinta.

Cuando toca con una chancleta anaranjada esos tubos, un sonido nuevo, como de música electrónica, invade la avenida, y los curiosos se acercan otra vez.

Se aproximan familias que terminan sus compras y un grupo de turistas estadounidenses bailando como en una discoteca.

“Tal vez pronto no nos vean en San José, porque tenemos planeado ir a compartir esto por más lugares del mundo”, explica después de la última sesión al atardecer.

“Si uno tiene un talento debe compartirlo en el mundo, a donde sea que lo lleve el tarro, como digo yo”, agregó Charlie.

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Carlos Soto Campos

carlos.soto@nacion.com

Periodista de Entretenimiento y cultura

Periodista del suplemento Viva de La Nación. Bachiller en Periodismo en la Universidad Latina y estudiante de la Licenciatura en Comunicación de Masas. Escribe sobre música y temas culturales.

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