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Elaborar aceite de coco: Una tradición de hermanos

Actualizado el 18 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Elaborar aceite de coco: Una tradición de hermanos

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Las risas de Rodrigo Gutiérrez Madrigal brotaron en abundancia tras asegurar que las personas que usan el aceite de coco adquieren un bonito color, si lo usan como bronceador. Él, junto a sus hermanas Ofelia y Olga, son parte de una familia que, desde hace cinco décadas, se dedican a la elaboración artesanal de aceite de este fruto.

Tímido.  Rodrigo Gutiérrez (al fondo) accedió a mostrar parte del proceso para hacer el aceite de coco. Pablo Montiel.
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Tímido. Rodrigo Gutiérrez (al fondo) accedió a mostrar parte del proceso para hacer el aceite de coco. Pablo Montiel.

Sus casas, en Estero Negro de Limón, son el centro de operaciones. Ahí, en un pequeño galerón, se extrae de los cocos lo necesario para producir este aromático producto.

“Tenemos toda una vida de hacer esto. Mi mamá era quien hacía el aceite, al principio muy artesanal, con el rallador de machete, el que usamos por 25 años, hasta que entró la corriente (electricidad) a Estero Negro”, recordó Rodrigo.

El oficio lo tienen muy bien conocido. Saben que de 50 cocos sanos, se extrae un galón de aceite. Pero, llegar a ese resultado hay una larga tarea que toma dos días.

Ofelia explicó que lo primero es quebrar y rallar los cocos; ahora, emplean un motor eléctrico con un accesorio que, en menos de un minuto (en las manos de un experto), extrae toda la fibra.

Luego experimenta dos lavados, uno en agua fría, otro en caliente y de ahí sacan lo que ellos llaman la leche del coco, y se deja reposar. El tiempo hace parte del trabajo y, al día siguiente, sale un aceite sin purificar.

Ese producto en bruto se lleva al fuego lento por un par de horas, hasta que aparece el aromático líquido. El resto del proceso es empacarlo en pequeñas botellas desechables, que venden en ¢2.000; finalmente, esperan que algún turista pare a la orilla del camino, entre el cantón central de Limón y las playas del Caribe sur, donde venden el fruto de su labor.

Antes, recordó Rodrigo, el aceite que extraían lo llevaban al mercado de la provincia del Caribe, donde era muy apetecido por los afrocostarricenses. Sus usos frecuentes eran la cocina, donde forma parte importante de la gastronomía de la zona.

Ofelia, de 67 años, aseguró que seguirá haciendo este aceite hasta que Dios se lo permita. Y, ¿después? Posiblemente la tradición desaparezca poco a poco, porque nadie más en su familia quiso seguir lo aprendido de la matriarca María Madrigal.

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