Cada año, entre abril y marzo, la comunidad católica
celebra lo que se ha dado a llamar la Semana Santa, que en sí es
una reflexión del misterio pascual, mismo que conmemora
el paso de Jesucristo de lamuerte a la vida.
Para celebrar la Semana Mayor, como también se le conoce, los católicos
realizan diversas actividades religiosas (procesiones, meditaciones, eucaristías,
Viacrusis, etc.) que recuerdan la última cena de Jesús con los
doce apóstoles, la tradición de Judas, la agonía y crucifixión
de Cristo y –finalmente– su resurrección, que es el momento
de mayor júbilo dentro del calendario litúrgico de los católicos.
Algunas comunidades evangélicas también han adoptado esta tradición,
y aunque no siempre siguen un ritual, sí acostumbran realizar diversas
actividades y servicios religiosos especiales para conmemorar dicho acontecimiento,
que no debe verse simplemente como un hito histórico más.
“ La Semana Santa es el momento idóneo para reconciliarse con Dios
y tener un encuentro mucho más íntimo con él. Son los días
de renovación, que debe aprovecharel cristiano para evaluar qué cosas
debe cambiar y replantearse un nuevo proyecto de vida”, sostiene el sacerdote
José Daniel Vargas, cura párroco de San Ramón.
Una tradición
Además de invitar a la reflexión y meditación,
la Semana Santa también se aprovecha para descansar y
compartir en familia
Cambio de rutina. El acelerado ritmo de vida, el constante
bombardeo publicitario y el consumismo, le han venido a dar
otra connotación a estos días
de recogimiento.
En muchas partes del mundo, apunta Vargas, la Semana Santa se ha convertido
en un período de relajamiento, que incluso se aprovecha para vacacionar
y olvidarse de la rutina y los problemas.
Desgraciadamente, agrega, es también la semana en que se presentan mayores
casos de violencia intrafamiliar y accidentes de tránsito.
Sin embargo, “el punto más importante acá no es donde se
pase la Semana Santa; sino más la actitud que se asuma para estar en conexión
con Dios y darle lugar a experiencias más profundas de vida en el ámbito
personal, familiar o espiritual”, comentó.
Para María del Carmen Jiménez, profesora de educación religiosa,
el quedarse en casa o salir de ella, no establece diferencia alguna para ponerse
en oración y dar gracias a Dios. “Disfrutar del mar y la naturaleza,
por ejemplo, permite admirar la mano divina de quiendio la vida por nosotros.
Sin embargo, el irse a un lugar retirado –en el que no haya un templo cerca– no
impide buscar grupos de personas o familias con quienes poder orar, leer la Pasión
y meditar”, sostiene Jiménez.
Antigua tradición. Se supone que la celebración de la Semana Santa
en Costa Rica fue introducida por los españoles durante la época
de la conquista. Tanto así, que desde la Colonia, el postre que más
se asocia con esta celebración religiosa es el dulce de chiverre, antes
conocido con un nombre más poético, el “cabellito de ángel”,
por la apariencia de sus hebras doradas.
A este se agregaban las cajetas de leche y de frutas, las recetas de mieles
de ayote y de yuca, las conservas y una amplia variedad de galletas, panes
y “tosteles”.
La mayoría de esas costumbres culinarias persisten hasta hoy; pero a ellas
se ha sumado la aparición de innumerables alimentos enlatados, que en
muchos de los hogares se reservan para días de cocina con prisa, alguna
situación de emergencia o, simplemente, para darse gustos especiales.
Sin embargo, apunta Marjorie Ross, especialista en gastronomía, durante
la Semana Santa hay permiso para usarlas casi como si estuviésemos enfrentando
la escasez de “una economía de guerra”.
Entre la latería, los mariscos, el pescado y las conservas, también
están muy arraigados en el gusto tico,
y esto usted lo verá en las páginas de este especial de Semana
Santa que La Nación le trae hoy.
Se trata de un suplemento lleno de ideas y propuestas para hacer de esta
Semana Mayor, un momento especial para reflexionar y para pasarla bien
en compañía
de los seres queridos. Esperamos que sea de su mayor agrado... ¡Felices
Pascuas! |