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Víctima: ‘Desde el accidente en la soda, no volví a trabajar’

Actualizado el 15 de mayo de 2016 a las 12:08 am

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Víctima: ‘Desde el accidente en la soda, no volví a trabajar’

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Ana Isabel Castillo tiene cicatrices en el 56% del cuerpo. (Israel Oconitrillo)

Los rayos del sol le producen a Ana Isabel Castillo, una de las víctimas del incendio ocurrido en enero del 2013 en la soda Don Luis, en El Carmen de Alajuela, una sensación de picor y ardor intensa en la piel.

El cilindro de gas explotó luego de que ella terminara de lavar los platos en el negocio. La onda de fuego rebotó en su espalda, brazos y piernas, y le causó quemaduras en el 56% del cuerpo.

Sin embargo, hoy, tres años después de la tragedia, el ardor de sus cicatrices no se compara con el dolor que carga por haber perdido en el siniestro de aquel lunes 21 de enero a sus dos hermanas: Marlene, de 51 años, y Deyanira, de 47.

“Mi hermana Marlene falleció al siguiente día del accidente, y Deyanira, a los 27 días. Las extraño mucho. Yo estuve internada en el hospital casi dos meses. Me quemé el 56% del cuerpo, tengo cuatro injertos de piel grandes: dos en cada brazo y en cada pierna y ocho pequeños en la espalda.

”Mi piel está toda marcada, cuesta mucho quitar las secuelas de las quemadas. Por el ardor que me produce el sol, yo paso encerrada en mi casa y repleta de crema humectante. Desde el accidente en la soda, no volví a trabajar”, contó Castillo, quien tiene 53 años.

Castillo explicó que el día de la tragedia ninguna de las tres se percató de que se estaba saliendo el gas. Según contó, el exceso de aditivo impidió que ellas percibieran el olor. El cilindro tenía una fisura; el contacto del gas con el baño maría ocasionó el siniestro que destruyó la soda y cambió radicalmente su vida.

Luego de haber salido del hospital, Ana Isabel se fue a vivir a Limón, para acompañar a su madre y padre que estaban devastados por lo que le ocurrió a sus hijas.

Los tres viven de la pensión de los adultos mayores.

“Yo, a veces, amanezco muy llorona. A mi mamá también se le ha dado mucho, ya que a ella también le habían matado a un hijo un 15 de agosto en Limón. El dolor que ella carga es inimaginable.

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”Yo la acompaño y le ayudo con las tareas del hogar. Ella dice que aún tres años después del incendio, no cree que sus hijas estén muertas, aún no cree que lo ocurrió sea real”, relató.

Carrillo añadió que casi nunca le había puesto atención al hombre, de apellido Calvo, quien era el que le vendía los cilindros.

Ella no sabía que el Juzgado Penal de Alajuela había dictado un sobreseimiento definitivo a favor de Calvo. Sin embargo, considera que ya la tragedia ocurrió y que “no hay dinero que pague el no estar con sus hermanas”.

“Yo no sé en qué paró ese caso. Nunca tuve oportunidad de hablar con el que nos vendió el cilindro, yo solo sé que lo detuvieron. Eso lo lleva el abogado. Me han llamado los investigadores dos veces, una para que explicara cómo fue el accidente y otra para entregarme una plata que habían encontrado en la ropa a mi hermana que murió”, dijo Castillo.

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Daniela Cerdas E.

daniela.cerdas@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección de Sociedad y Servicios. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina. Escribre sobre vivienda, trabajo, municipalidades, Iglesia, niñez y diversidad sexual.

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