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Pozos están secos y los caudales contaminados

Habitantes de la frontera norte sufren severa escasez de agua

Actualizado el 30 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Crisis por líquido golpea con crudeza a Los Chiles, Sarapiquí y también San Carlos

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Habitantes de la frontera norte sufren severa escasez de agua

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Elsa Sevilla Gómez obtiene agua de un pozo artesanal en Los Lirios de Sarapiquí, una comunidad afectada por la falta de líquido. | ALONSO TENORIO

Los Chiles y Sarapiquí. Tan secos como sus polvorientos caminos. Así están casi todos los pozos artesanales que, hasta hace una pocas semanas, todavía surtían de agua a los habitantes de los pueblos limítrofes con Nicaragua.

Esperanza Gómez baña a sus niños en el río Isla Chica, en Los Chiles.
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Esperanza Gómez baña a sus niños en el río Isla Chica, en Los Chiles.

Comunidades como Delta Costa Rica de Sarapiquí e Isla Chica de Los Chiles carecen de acueductos. Sus habitantes dependen de pozos que ellos mismos hacen, así como de ríos y riachuelos contaminados con desechos como las boñigas.

Hoy la crisis es de tal envergadura que hasta el caudal de los ríos está disminuido y, en no pocos casos, las amas de casa lo que sacan para sus necesidades es más barro que agua.

“Estamos en serias dificultades ya que no tenemos líquido ni para la higiene personal” afirma Fabián Segura, un joven vecino de Delta Costa Rica de Sarapiquí.

Segura dijo que las aguas del río Colorado ya no son confiables, pues han visto bajar animales muertos, basura y otros contaminantes. Añadió que en la escuela local no hay líquido ni para lavar los sanitarios y que los alumnos deben llevar agua del nicaragüense San Juan, que ya comenzó a sufrir la sequía.

Salir a buscar agua es parte de las rutinas de José Sequeira, José Salinas y Antonio Hernández, vecinos de Delta Costa Rica, San Antonio de Sarapiquí e Isla Chica, respectivamente.

Los dos primeros viajan entre cuatro y ocho kilómetros por el río Colorado hasta la parcela de Edwin Segura, que tiene el único pozo con bombeo eléctrico en varios kilómetros a la redonda. Luego, llevan las pichingas en bote.

Por su lado, Hernández carga 10 recipientes en su caballo y camina dos kilómetros hasta el río Combate.

“Jalar agua es cosa de todos los días. No nos queda otra. El pozo de la casa está en su nivel más bajo y hay días en que no sacamos ni para lavar la ropa”, narró.

En el mismo pueblo de Isla Chica, la tarde del viernes, Esperanza Gómez y otra mujer adulta bañaban en las sucias aguas del río del mismo nombre a sus hijos más pequeños, al tiempo que lavaban ropa.

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Gómez expresó con resignación que poco gana con lavar la ropa, pues “sale más sucia”.

En Crucitas de Cutris, San Carlos, la situación es la misma. “Si el verano se prolonga, la situación se complicará”, advirtió Gerardo Méndez, preocupado porque falta agua para su ganado.

Los lugareños tienen años de esperar a que el Estado dé una solución. “Cada cuatro años, en campaña, nos prometen la solución pero esta no llega y seguimos esperando”, dijo José Salinas.

El incumplimiento de esas promesas provoca que Esperanza Gómez, campesina de 26 años, afirme, entre risas y gestos de malestar: “Creo que me moriré sin ver el agua potable en el pueblo”.

Fabián Segura critica el actuar de los Gobiernos anteriores y del actual. “Los políticos siguen creyendo que Costa Rica solamente es la Gran Área Metropolitana”, afirma.

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