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Un santo que motivó a los jóvenes ticos

Actualizado el 06 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Un santo que motivó a los jóvenes ticos

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Antes de que el papa Francisco diera el anuncio de que Juan Pablo II era el nuevo santo de la Iglesia católica, ya muchos ticos le había atribuido ese título.

En una ventosa tarde de marzo de 1983, el papa polaco Karol Wojtyla bajó del avión y besó el suelo de Costa Rica. Ese día, los aplausos, pañuelos blancos y cánticos recibían a un líder de la fe.

“Con su mensajes motivaba a los jóvenes. Recuerdo cuando en el Estadio Nacional nos pidió decir ‘no’ a las mentiras, al egoísmo, al odio, a la mediocridad”, recuerda Flor Vargas, vecina de Zapote.

Era un hombre vestido de blanco que irradiaba paz en su imagen y fuerza en su verbo.

“El papa Juan Pablo II siempre manifestó su amor por Costa Rica. Esta noticia nos llena de una profunda alegría, es una muestra del cariño hacia un pueblo que vive la fe”, indicó el nuncio apostólico, Pierre Nguyên.

Hace tres décadas, cuando Karol Wojtyla llegó a Costa Rica, la mayoría de las calles de San José estaban cerradas. Más de 4.000 policías velaban por la seguridad, 600 periodistas del mundo hacían lo propio por cubrir las informaciones relacionadas con la visita histórica y tanto la Casa Presidencial, en Zapote, como la Nunciatura (Embajada del Vaticano), en Rohrmoser; donde se alojó el Sumo Pontífice, fueron engalanadas con guarias moradas y bromelias.

Mensaje de fe. El jueves 3 de marzo, en el Estadio Nacional, Karol Wojtyla emitió un discurso a los jóvenes, en el que más que frases, lanzó lecciones.

“La Iglesia confía en que sabréis ser fuertes y valientes, lúcidos y perseverantes en ese camino. Y que con la mirada puesta en el bien y animados por la fe, seréis capaces de resistir a las filosofías del egoísmo, del placer, de la desesperanza, de la nada, del odio, de la violencia”, expresó en español.

Tanto Floribeth Mora como su esposo Edwin Arce acudieron a escuchar al Papa durante su visita y desde ese entonces ya tenía una fe muy arraigada en el santo.

“Juan Pablo II nos dio mucha fortaleza, nos permitió mantener a la familia con fe pese a la enfermedad. Uno, como ser humano, tiene derecho a sentir miedo, pero nunca debe perder la fe”, añadió Mora, quien recibió el milagro de curación por intercesión del Papa polaco que motivó a los jóvenes ticos.

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