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Dos historias de largas esperas y maltratos

Actualizado el 05 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Dos historias de largas esperas y maltratos

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Cada día, durante los 22 que permaneció hospitalizada, Virian Gómez Ulett fue devuelta al salón con la noticia de que le habían suspendido la operación.

Con 67 años, esta vecina de San Rafael de Oreamuno, sufrió una fractura de fémur que la envió al Max Peralta, en Cartago. Ahí la internaron en el salón de Cirugía de mujeres.

Encontramos a su hermana, Laura Gómez, a la salida de la Dirección Médica de ese hospital, en una de las múltiples visitas que hizo para rogar que operaran pronto a Virian.

“Un día, suspendieron la operación por el aire acondicionado ; otro, porque se rompió una manguera... Esto no es posible”, se quejó Laura, llorando de la cólera y de la preocupación porque su hermana, sobreviviente de cáncer, estaba pasando por un verdadero suplicio.

Casi 10 días después de la gestión ante la Dirección Médica, Virian fue operada. El otro día le dieron la salida.

Sin operar. Una situación similar enfrentó el tío abuelo de Yenory Morales, un señor de 82 años, que fue internado con una úlcera en la pierna y riesgo de amputación.

“En Emergencias, lo tuvieron ocho horas sentado en una banca. Ahora está en cirugía de hombres. En el mismo cuarto donde él está, hay personas que llevan días en ayunas y no los operan; dicen que tienen malo el aire de las salas. Hay otros pacientes que llevan un mes esperando operación, como un señor que tiene fractura y nada que lo operan”, contó Morales.

Esta cartaginesa reclama el maltrato de algunos médicos: “Ayer (18 de noviembre) estuve desde las 7 (a. m.), esperando al ortopedista para que me dijera algo de mi tío. Antes de conversar conmigo, (el médico) se peleó con dos pacientes y a uno le dijo: ‘Quédese con sus cochinadas’, solamente porque el muchacho le dijo que no aguantaba estar sin comer y sin operar.

”Cuando le hablé, le indiqué que mi tío abuelo estaba en una cama sin baranda y que él estaba mareado, y riéndose, me dijo: ‘Yo soy ortopedista, eso no es cuestión mía’. A mi tío lo envían a bañar solo con una bolsa plástica en la pierna dañada, sin importar si hay o no peligro de que se resbale o caiga. Lo dejé en el hospital pidiéndole a Dios que lo cuide y a volver de nuevo hoy”, comentó Yenory.

El 3 de diciembre, esta sobrina contó que a su tío abuelo le amputaron la pierna la noche del miércoles 2, sin informarle antes de que harían tal procedimiento. “Estoy demasiado molesta, indignada”, dijo.

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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