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Análisis de ‘La Nación’ con datos de 1998 a 2012

10.000 falsas emergencias llegan cada día a la CCSS

Actualizado el 22 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Cada año, más de 3,4 millones de casos elevan costo del servicio a Caja

En una clínica, la consulta cuesta unos ¢47.000, en un hospital ¢90.000

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10.000 falsas emergencias llegan cada día a la CCSS

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Usuarios de centros médicos (Albert Marín)

“Hemos visto gente que viene a las 3 a. m. porque tiene hongos en los pies y le pican mucho. Una vez, llegó un hombre en la madrugada diciendo que tenía la lengua cortada y, tras buscar el equipo para suturar, vimos que era que el paciente había comido piña”.

El relato del médico Felipe Ramírez, asistente de la Dirección en el Centro de Atención Integral en Salud (CAIS) Marcial Fallas, en Desamparados, describe con bastante fidelidad algunos de los casos que saturan los servicios de urgencias en todo el país y que no son verdaderas emergencias.

“Vemos gente que perdió la cita en el Ebáis y llega a urgencias buscando las pastillas que le tenían que dar en la cita a la que no fue; para eso no es el servicio”, comentó Héctor Araya, director del CAIS Marcial Fallas.

El problema no es exclusivo del CAIS Marcial Fallas. Un análisis de las estadísticas de urgencias, en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), hecho por este diario, encontró que seis de cada 10 consultas en esos servicios no califican como verdaderas emergencias.

Ese 60% es un porcentaje constante desde 2009, pero creció 20 puntos si se compara con 1998, cuando las “no emergencias” eran un 40,9%.

Esto representa, al año, un promedio de 3,4 millones de consultas no urgentes atendidas en hospitales de la Caja; en otras palabras, casi 10.000 consultas diarias. El análisis de datos abarcó el periodo 1998-2012.

Cortar camino. A las 10 a. m. de un jueves, el Servicio de Emergencias del Centro de Atención Integral en Salud (CAIS) Marcial Fallas, en Desamparados, estaba tan lleno como una consulta externa.

Cientos de asegurados buscaban atención para males no necesariamente urgentes. Dolor de estómago, gripe, diarrea o infección en el oído son algunos motivos.

“Tengo mareos y dolor de estómago. Llevo rato aquí esperando y nada. Vine porque en el Ebáis necesito cita y aquí no porque de todas formas me atienden”, comentó Flor Cambronero, vecina de Dos Cercas de Desamparados.

Esto no se considera emergencia y pudo atenderse en un Ebáis.

El CAIS de Desamparados es el que registra mayores números absolutos de casos no urgentes: 66.661 en promedio por año.

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El 80% de esta demanda es de zonas que no le corresponden al CAIS, pero que están obligados a atender por las características del servicio.

En otros lugares se queda corto hablar de un 60% de falsas emergencias. En el Área de Salud Alajuela Central, esos casos rondan el 88,5%; en la Clínica Jiménez Núñez (Goicoechea) la cifra es del 87,5%, y en el Hospital William Allen (Turrialba) llega a 84,9%.

Esto no quiere decir que los casos más graves se atiendan después. Cada paciente es valorado según su condición, y una emergencia real siempre tendrá prioridad.

“La CCSS tiene un sistema en el que hay pacientes rojos, que son una urgencia real y requieren atención inmediata, pacientes amarillos, que no están en condición tan crítica pero sí requieren atención en menos de una hora, y los verdes, que no son emergencia y pueden esperar más”, señaló Araya.

Costos. Esta práctica no es gratuita para el Seguro Social. Una consulta de urgencias en una clínica cuesta, en promedio, ¢47.000, e incluye el tiempo de recepcionista, médico, enfermero y medicinas.

En un hospital nacional el costo asciende a ¢90.000, pues los servicios, personal y equipo son más especializados y caros.

“Cualquier paciente que llega a urgencias lleva el mismo protocolo: lo recibe un recepcionista, lo valora un médico, luego es atendido y se le da tratamiento”, explicó Daniel Quesada, subdirector del Hospital San Juan de Dios, quien es especialista en Emergencias y dirigió varios servicios de este tipo.

Razones. No hay una sola razón para explicar este comportamiento del asegurado.

Por un lado, hay necesidades insatisfechas pues los Ebáis tienen un número limitado de citas diarias. También, ciertos pacientes ven en estos servicios el acceso directo a la solución de problemas como las listas de espera.

A esto se le unen personas con un horario de trabajo incompatible con el de los Ebáis y que no pueden conseguir fácilmente permiso para ir a un servicio de salud.

“Hay una facilidad con el servicio de emergencias: la gente no madruga y los tiempos de espera son más cortos que en la consulta regular”, reconoció Quesada.

El director del CAIS de Desamparados cree que la gente espera una mayor rapidez de atención aquí. “Se ha convertido en un medio para que una persona busque desde un examen a una atención más rápida, y hasta una incapacidad”, dijo Araya.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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