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Limpiar el rechazo a cielo abierto

Actualizado el 21 de mayo de 2017 a las 12:00 am

El proyecto Chepe se baña se instaló la mañana y tarde de un sábado en el parque de barrio México, donde habitantes de la calle se bañaron, secaron sus cobijas y tomaron un descanso del abandono

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Di tres pasos para ingresar al parque central de barrio México en San José. Tan solo eso me tomó para escuchar el llanto de una señora, quien se encontraba junto a su hija.

"Es que aquí podría estar mi papá", decía la madre. "Su abuelo, quien era alcohólico, pudo haber acabado en la calle, y estar acá me hace pensar en él. En lo vulnerable que era, por su condición. Ver todo esto me abruma", continuó la señora, quien prefirió no darme su nombre, pero entonces le diremos Ana.

Lo que Ana estaba viendo era un parque repleto con habitantes de la calle, escenas que –según el nivel de sensibilidad de cada quien–, rompen el espíritu y el corazón.

EL bus

El sábado 13, la Fundación Promundo llegó al parque de barrio México para exponer su proyecto más reciente llamado Chepe se baña. Esta fundación trata de "ayudar a aquellas personas que se encuentran en las calles con problemas de drogadicción, prostitución y pobreza extrema".

Uno de sus fundadores, Mauricio Villalobos, se encontraba en el parque para mantener la actividad andando, junto a cientos de voluntarios.

La dinámica era así: el habitante de la calle hacía fila para recoger una mudada en un puesto equipado con mucha, muchísima ropa.

Durante la actividad cientos de voluntarios asistieron a los habitantes de calle. (Diana Méndez)

Después pasaba a las duchas, que se encontraban bajo un toldo para mantener la privacidad. Ingresar era prohibido; los voluntarios lo explicaban así: "hay indigentes que ni siquiera se pueden quitar la ropa. Se bañan mudados porque sienten pena”.

Una vez que el agua y el jabón pasaban por el cuerpo, continuaban a una estación de belleza, donde les cortaban el cabello, les hacían la barba, les limpiaban las uñas y manos, y luego pasaban a un comedor improvisado donde servían el almuerzo. Mientras todo esto sucedía, música y juegos contorneaban la actividad.

El bus de 'Chepe se baña' aún no cuenta con duchas. Necesitan presupuesto para arrancar el proyecto. (Diana Méndez)

Pero además, allí se encontraba el bus de Chepe se baña, el eje central del evento. Este bus fue equipado ese sábado para que funcionara como un consultorio médico, eso sí, solo podía atender casos superficiales: heridas, fracturas, abscesos. Pero de acuerdo con Villalobos, la idea no es que el bus funcione como centro médico, esto fue una idea para darle uso al móvil.

El proyecto

Chepe se baña quiere equipar el bus con duchas para así recorrer distintos puntos de la capital ofreciendo este servicio para los habitantes de la calle, pero hasta el momento no tienen todo el presupuesto necesario.

"Estamos en una campaña que se llama Donando gotas de vida. Queremos darle la oportunidad a las empresas, a los gobiernos locales y a la gente que ayude a terminar esta primera móvil. Tenemos el bus, está rotulado, tenemos el diseño interno. Lleva tres duchas, una con la Ley 7600", explicó Villalobos.

El plan es tener al menos cuatro buses circulando por distintos puntos de la capital, para así poder "bañar una persona cada 7 minutos. Queremos que sea entre 100 o 120 personas diarias, y que el servicio esté disponible 4 o 6 días por semana".

El plan de Mauricio Villalobos, de Chepe se baña, es extender el proyecto a a otras provincias. Pero también, quiere convertir el bus en un punto de encuentro en donde ONGs presenten sus proyectos. (Diana Méndez)

Villalobos defiende el proyecto explicando que esto no se trata solamente de "dignificar al habitante de calle", sino también es para "mejorar nuestro paisaje urbano".

Además promete que el bus contará con un tanque de tratamiento para las agua, que no son negras, sino "jabonosas".

Por ahora, la Orquesta Filarmónica de Costa Rica tomó Chepe se baña como su proyecto social para este año y el siguiente.

"Este evento es para medir la capacidad de movilización que tiene San José por una ducha. Nosotros preguntamos '¿cuánto está dispuesto a caminar por una ducha?' y los habitantes de la calle nos responden que 'lo que sea'".

Desde que Villalobos comenzó a trabajar con estos habitantes, le ha tocado enfrentarse con dos disyuntivas: "Siempre digo que trabajo con dos tipos de adictos: adictos a las sustancias, y el adicto a la indiferencia".

Villalobos espera que Chepe se baña se convierta en un proyecto que cambie la manera de ver de muchos ciudadanos al indigente.

"Este bus, el proyecto, encierra el sentido de pertenencia que tienen los josefinos con nuestra capital. Hay un despertar de cariño y amor. La gente quiere que nuestra capital esté bien. Ese es el éxito, que se involucre la gente de la calle, y San José".

El agua

¿Pero porqué es importante este proyecto?

El agua, además de mantenernos con vida, nos cambia el humor.

El que entraba a la ducha, salía con el rostro distinto. Más iluminado, fresco, limpio.

"La realidad es que a los humanos, a algunos, les estorba el mal olor de estas personas. A partir de la apariencia, el indigente es completamente rechazado. Deja de pertenecer a los demás, y al bañarse, su actitud cambia. Se sienten renovados, es casi como un tipo de terapia en donde sienten, al menos por unas horas o días, que son parte de los demás. Tenemos que ser más humanos", comentó Sandra Peralta, voluntaria ese día.

La estilista Raquel Barquero le realiza un blower y una trenza francesa a Rocío Muñoz, de 48 años, quien frecuenta San José junto a sus dos perritas Camila de el Pilar y Ginger. (Diana Méndez)

Pero entonces, qué es eso que no comprendemos sobre estas personas, que con tan solo una ducha, pasan a ser aceptados por los demás. Una gran mayoría de estas personas, ni siquiera deciden vivir en la calle. La vida lo elige por ellos.

Foto: Diana Méndez.

"Cuando mi madre murió yo tenía 12 años. No conocía a mi papá y mis tíos y tías no velaban por mí. Entonces pasé por varios centros para menores, hasta que a los 18 quedé en la calle. Nadie nunca me dijo que estudiara. Sin ningún título era imposible trabajar. Además, ¿cómo llego yo a pedir trabajo viéndome así? Lo he intentado. Pero la gente, la cara que hace la gente cuando me acerco, para ellos me veo como una bolsa de basura. Y le pregunto, ¿quien quiere sentirse como un desecho?".

Esta es tan solo una historia de un montón. Esta le pertenece a Raúl, de 25 años, quien barre caños de vez en cuando para "sacar los 10 mil pesos que me cobran en una pensión".

"Yo no quiero vivir en la calle. Nunca quise. Me ha tocado duro, en especial no caer en ninguna adicción. El problema, y es que yo los entiendo, a los adictos, porque usted no tiene una idea de lo difícil que es para uno soportar todo lo que la calle nos da, en completa sobriedad".

Ruta de calle

"Yo no nací para ser puta de la calle", me dice Omara Quirós mientras esperamos que la atiendan en el bus.

Allí dentro había dos camillas y una mesa con medicinas. Daniel Valerín, paramédico contaba que cuando se trata de atender habitantes de la calle hay que mantener cierta paciencia. "Una vez que los sentamos en la camilla, hay que tratarlos con mucho cariño porque se ponen muy chineados. A estas personas generalmente no les prestan atención, así que cuando alguien muestra interés regresan como a un estado de la niñez".

Por otra parte, Valerín explicó que la mayoría presentan alguna enfermedad de transmisión sexual, además de fracturas o casos severos de hongos.

'Chepe se baña' es un proyecto de accesibilidad. Los habitantes de la calle tiene muchos problemas de movilidad, al no tener acceso a duchas públicas. (Diana Méndez)

"Ellos se orinan los pies, y no tienen como limpiarse, entonces...", concluye.

Una vez que Omara salió del centro médico improvisado, nos pusimos a conversar.

De cara al sol

El certificado de nacimiento de Omara no existe, porque Omara en realidad se llama Abraham Quiroz.

Nació en Nicaragua, tiene 46 años y está sacando el tercer grado de primaria en la Escuela nocturna y Cindea Alberto Manuel Brenes Mora, en barrio México.

Además llevó un curso de formación humana en el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU).

"Nosotros, los habitantes de la calle, somos personas con sentimientos. Pero eso, al resto se le olvida".

Omara es tan solo uno de los cientos de transexuales que viven en la calle, y viven de ella. Pero a este gremio en particular, le toca soportar un doble rechazo de la sociedad. "Sufrimos muchos abusos, nos golpean, nos molestan, nos quitan las cosas que logramos conseguir".

Por eso, Omara junto a otras amigas llegaron al parque. Para darse una ducha, sentirse bien, empezar de nuevo su ruta con otra actitud, aliviados por unos minutos por el efecto sanador del agua.

¿Qué van a hacer después de esto?

— Bueno, ahora vamos para la reunión de Alcohólicos Anónimos, y ahí nos tomos un café, y luego nos toca hacer tiempo para esperar que los trabajadores del taller mecánico salgan. Nosotras dormimos en el parqueo de ese taller, que da a la calle.

¿Y porqué se puso Omara?

— Te cuento: Una vez leí un libro sobre una doncella que se llama Omara, y ella se enamora, pero mal. Le rompen el corazón. Esa mujer se fue apagando y perdiendo sus energías. Entonces caminó a un campo de girasoles, y ahí decidió morir.

***

El título de la versión original de este artículo no se ajustaba a la realidad de los habitantes de la calle. En una posterior edición se modificó a su versión actual.

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Priscilla Gómez

priscilla.gomez@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista de la Revista Dominical de La Nación. Estudiante de Periodismo en la Universidad San Judas Tadeo. Se unió a Grupo Nación en el 2015. 

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